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Recordando a Maribel Arrieta, Virreina en el Miss Universo

En nuestros corazones sigue vivo el recuerdo de Maribel, su sonrisa, el amor que sentía por El Salvador… un recuerdo de lágrimas y suave dulzura, como la que prodigaba a todo aquel que se dirigía a ella…

Maribel Arrieta, la salvadoreña que casi llegó a coronarse como Miss Universo en 1955, fue una mujer que agregó a su belleza mucha simpatía, siendo además de cordial y sonriente una persona muy inteligente que se ocupaba de las cosas que interesaban a sus familiares y amigos como de aquello que movía al país.

El triunfo en los concursos de belleza tiende a ser determinado generalmente por las simpatías del jurado, pero no se descartan las motivaciones políticas, lo que en ese momento debe de influir a los organizadores.

El “runner-up”, la primera finalista se define por la belleza, simpatía, la elegancia innata de las concursantes. Precisamente por su gracia y sencillez se ganó el título de Miss Simpatía también.

Al final de su vida, afectada por el cáncer, Maribel murió a los 55 años como la Baronesa de Thuret en Bruselas, Bélgica, en agosto de 1989.

En los viajes que hizo a El Salvador, encantó con su desbordante simpatía, sentando, por decir así, “escuela” de cómo deben actuar tanto mujeres como hombres de “buen ver”: con naturalidad, lo que vale asimismo para personas adineradas o que tengan especiales dotes como un músico o un gran tenor.

Siempre en el corazón de los salvadoreños la imagen de la dulce y bella Maribel

Pero Maribel no tenía un origen opulento ni ostentoso. Algunos recuerdan su paso por el Ministerio de Obras Públicas como cualquier profesional de la construcción, específicamente en la distribución y decoración de interiores, una carrera que estudió en los Estados Unidos.

La belleza de Maribel, unida a su naturalidad, embelesaba a toda la oficina; su trato accesible y sencillo siempre se acompañaba con una sonrisa.

Eventualmente alcanzó la cúspide con el Miss Universo y regresó a El Salvador para trabajar en la naciente industria de la televisión. Tiempo después fue nombrada en cónsul y posteriormente como Embajadora en Bélgica, donde el Barón Jacques Thuret la tomó como esposa por todos sus fulgurantes atributos.

En varias ocasiones Maribel visitó el país, donde fue siempre recibida con alegría, dada su encantadora personalidad, su incomparable belleza y una medida de sencillez.

Décadas después, el cáncer comenzó a ganarle la partida…

Recordar a figuras que por sus dotes personales, su creatividad y, en el caso de Maribel, por su belleza y simpatía, es una escuela para muchos…

Pero en nuestros corazones sigue vivo el recuerdo de Maribel, su sonrisa, el amor que sentía por El Salvador… un recuerdo de lágrimas y suave dulzura, como la que prodigaba a todo aquel que se dirigía a ella…

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