Light
Dark

Muestra «Nostalgia del Terruño», revela el universo de Maya Salarrué entre hilos y acuarelas

La Alianza Francesa acoge «Nostalgia del Terruño», una exhibición que reúne la obra de Maya en dieciséis acuarelas inéditas con reinterpretaciones textiles de bordadoras de Chalatenango y de la diáspora salvadoreña

Pintora salvadoreña Maya Salarrué, ilustradora de la edición de 1974 de "Cuentos de cipotes" de su papá Salarrué
Retrato de Maya Salarrué y portada de la edición de "Cuentos de cipotes" de 1974, mejoradas con herramientas de IA. Fotos / EDH

El Salvador de las décadas de 1930 y 1940 no solo quedó registrado en las letras de Salarrué; también fue capturado por la mirada atenta de una de sus tres hijas, María Teresa Salazar Lardé, conocida artísticamente como Maya Salarrué.

Para visibilizar su legado, el Museo de la Palabra y la Imagen (Mupi) inauguró el pasado marzo la exposición Maya Salarrué: Nostalgia del Terruño, una muestra que invita a un viaje etnográfico por los caminos de Cuscatlán a través de 16 acuarelas originales.

La exhibición, que celebra el 30 aniversario del museo (1996-2026), permanecerá abierta al público con entrada gratuita hasta mayo de 2026 en la Casa Marianne de la Alianza Francesa, en la calle y colonia La Mascota, pasaje #2, casa N° 547, en San Salvador.

Pero para comprender la relevancia de Maya, es necesario adentrarse en el estilo que definió su legado: el arte naíf o «ingenuo». Esta corriente se caracteriza por una deliberada falta de formación académica tradicional, lo que permite al artista ignorar las reglas de la perspectiva geométrica y el volumen.

Pintora salvadoreña Maya Salarrué, ilustradora de la edición de 1974 de "Cuentos de cipotes" de su papá Salarrué
Una de las obras de la pintora salvadoreña Maya Salarrué. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://www.artistadelmes.com.sv/?page_id=59

En las pinturas de Maya, los personajes aparecen casi siempre de perfil y sin efectos de profundidad, habitando espacios de gran colorido donde diversas actividades cotidianas ocurren simultáneamente.

Su técnica no pretende copiar la realidad, sino evocarla desde la memoria y la intuición, utilizando contornos definidos y colores intensos que dotan a la obra de una «perfección imperfecta».

Lee también: Concepción Mendoza, a 100 años de la muerte de la mujer que desafió los límites de la medicina en El Salvador

Considerada por expertos como Jorge Cornejo (1923-2005) como la «primera pintora naif salvadoreña», Maya logró que su dibujo no residiera en la mano, sino en el recuerdo de lo vivido junto a su padre en sus recorridos por los pueblos del país.

Sin embargo, lo que hace única a esta muestra Nostalgia del Terruño es el diálogo intergeneracional y técnico que propone. Las acuarelas de Maya —que retratan ventas de chompipes, el baile del Torito Pinto, minutas de tamarindo y pescadores en el río— han sido reinterpretadas en piezas de arte textil.

Exposición "Maya Salarrué: Nostalgia del Terruño" del Mupi en la Alianza Francesa
Imagen del día de la inauguración de la muestra, el pasado marzo, en la Alianza Francesa de El Salvador. Foto / cortesía Mupi
Exposición "Maya Salarrué: Nostalgia del Terruño" del Mupi en la Alianza Francesa
Uno de los bordados de las mujeres de Las Vueltas, Chalatenango, incluido en la exposición. Foto / cortesía del Mupi

Bajo la coordinación de la educadora popular Teresa Cruz, el colectivo Mujeres Bordadoras de Las Vueltas, en Chalatenango, ha transformado las pinceladas de Maya en texturas y relieves.

Un grupo de mujeres de entre 17 y 80 años ha utilizado hilos multicolores para dar nueva vida a las escenas costumbristas, creando un puente entre la pintura del siglo XX y la tradición artesanal contemporánea.

A esta conversación artística se suma la artista Karla Valle, quien desde la diáspora en Estados Unidos aporta cuatro bordados adicionales, ofreciendo una mirada que vincula la nostalgia del terruño con la experiencia de quienes viven fuera de las fronteras salvadoreñas.

UNA VIDA CONSAGRADA AL COLOR

Nacida en 1925 en el seno de una familia excepcional conformada por el escritor Salvador Salazar Arrué (Salarrué) y la artista Zélie Lardé, Maya creció en un entorno de alta producción creativa. Comenzó a pintar a los tres años y su formación fue la observación directa de la naturaleza y la vida rural.

Hermanas Salazar Lardé, hijas de Salarrué y Zélie Lardé
Antigua postal de las hermanas Salazar Lardé (adolescentes), hijas de Salarrué y Zélie Lardé, mejorada con herramientas de IA. Foto / colección del Mupi

Su influencia en la identidad visual de El Salvador es profunda. Ella fue la encargada de ilustrar la emblemática edición de 1974 de «Cuentos de Cipotes», definiendo para siempre la imagen de personajes como «Borboyo» o «Menchedita».

Pese a su talento polifacético —que incluyó la escritura de novelas inéditas como El Hombre Verde y la creación de cómics— Maya llevó una vida discreta y mística, llegando incluso a vestir hábitos religiosos. En la década de los ochenta, dejó de pintar asegurando, con el candor que la caracterizaba, que «Dios le dijo que dejara de hacerlo».

La muestra es una oportunidad imperdible para redescubrir a una de las artistas más auténticas de El Salvador, cuya obra es resguardada por el Mupi desde 2003.

TOMA NOTA
Lugar: Alianza Francesa, calle y colonia La Mascota, pasaje 2, casa 157, San Salvador.

Vigencia: hasta mayo de 2026

Entrada: gratuita

Tasas y Balances Epaper Obituarios

Patrocinado por taboola