La periodista y antropóloga salvadoreña Carmen Molina Tamacas, residente en Estados Unidos, presenta su segundo libro, «SalviJerseyans. Historias de los inmigrantes salvadoreños en New Jersey», una investigación que ilumina más de seis décadas de presencia cuscatleca en ese estado, marcada por el arraigo, la resiliencia y un profundo impacto social y cultural.
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El lanzamiento tendrá lugar este noviembre en la Iglesia Luterana Christ-St. John, en West New York, Nueva Jersey. La actividad será además un gesto solidario: los fondos recaudados beneficiarán al Centro Comunitario CEUS, organización clave en la defensa y atención de la población inmigrante.
Durante un desayuno típico centroamericano en el restaurante Fiesta Latin Bar, la autora compartió con el público el proceso detrás del libro y dialogó con algunos de sus protagonistas: líderes comunitarios, emprendedores y voces históricas que han sostenido la vida salvadoreña en el estado. Entre ellos, Tamacas destaca a Blanca Molina, referente en la lucha por los derechos de los inmigrantes y directora de CEUS; a Jenny LaLic, reconocida por su vocación de servicio; y a don Armando, propietario —junto a su esposa salvadoreña— del restaurante Tres Princesas en Bergen County.
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Basado en datos del Censo, la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (ACS) y análisis del Instituto de Política Migratoria, el libro mapea los principales centros de asentamiento en los condados de Hudson, Union, Essex y Bergen, con especial atención al corredor de Bergenline Avenue.
La publicación revela además la persistencia de subregistros, resume la historia y organización del Estatus de Protección Temporal (TPS) y perfila a figuras destacadas en activismo, diplomacia, cultura y academia.
El volumen incluye también un directorio de organizaciones, desfiles y recursos de historia oral, así como mapas y relatos familiares que reconstruyen la llegada y evolución de una comunidad que hoy supera las 78,000 personas en Nueva Jersey.
El libro, disponible en español a través de Amazon, busca tender puentes, documentar la memoria y reivindicar el lugar de los salvadoreños que hicieron de Nueva Jersey su hogar lejos del hogar.
Previo al lanzamiento, la autora accedió a responder a unas preguntas de El Diario de Hoy vía messenger.
¿De qué manera su propia experiencia de vida en la diáspora influyó en la decisión de documentar las historias de sus compatriotas en dos estados distintos, Nueva York y Nueva Jersey, y cómo cree que su origen enriquece su rol como periodista y antropóloga en este tipo de investigación?
«SalviYorkers» y ahora «SalviJerseyans» son parte de mi propio “viaje” como inmigrante en Estados Unidos. Tengo el privilegio de trabajar en mi profesión y, desde el principio -hace 11 años- comencé a recopilar historias de las contribuciones, logros y desafíos de la comunidad salvadoreña en esta región. Existe muy poca bibliografía o documentación específica sobre los salvadoreños, por lo cual es mi deber aportar desde mi trinchera. Considero que ambos trabajos son un híbrido de mis dos profesiones, y hago un llamado especialmente a la academia, porque es necesario profundizar en la documentación de nuestras comunidades.
Estoy muy contenta con los resultados, ya que «SalviYorkers» cosechó varios premios y en abril recibí el homenaje como “Mujer Destacada 2025” de El Diario Nueva York.
¿Cuáles son las diferencias clave que encontró entre las comunidades salvadoreñas de Nueva York y las de Nueva Jersey en términos de patrones migratorios, identidad cultural, desafíos sociales y cómo se estructuran sus «legados» o contribuciones en cada estado?
Para responder esta pregunta es necesario hacer un estudio más profundo, para lo cual se necesitan muchos recursos. Pero dentro de mis limitaciones puedo inferir que el patrón migratorio responde a las redes familiares y solidarias establecidas en los últimos 60 años aproximadamente. La mayoría de los salvadoreños residentes en esta área son del oriente y nororiente de El Salvador, por lo cual se pueden encontrar nombres de negocios con nombres de ciudades importantes que denotan su origen. Además, los salvadoreños de Long Island (Nueva York) y New Jersey comparten su preferencia por zonas más “tranquilas” (suburbios) en oposición a la intensidad de NYC; sin embargo, la megametrópolis es, en parte, el centro neurálgico cultural y económico que mueve a la sociedad en la que están/estamos inmersos.
Como combina la labor de periodista y antropóloga, ¿cuál de estas disciplinas le resultó más crucial a la hora de abordar la complejidad de las historias de vida en “SalviJerseyans”? ¿Hubo alguna historia que le obligara a ir más allá de la noticia para profundizar en el análisis cultural o histórico?
Creo que en algunos momentos pesa más lo periodístico, pero recordemos que el periodismo toma prestado su metodología de las ciencias sociales. Por eso es que mis dos libros incluyen una reseña histórica, mapas y estadísticas de lo poco que se puede encontrar. Estaba casi por terminar mi manuscrito cuando fue publicado el libro “Latinas/os in New Jersey”, editado por Aldo Lauria Santiago y Ulla D. Berg, de la Universidad de Rutgers, una de las fuentes documentales más importantes y pioneras. Este libro no incluye un capítulo sobre los centroamericanos; por ello Aldo Lauria me invitó a escribir una entrada en el blog que acompaña el lanzamiento de su libro, que es una síntesis en inglés de “SalviJerseyans”, un logro del cual me siento muy agradecida, apoyada y acogida.
“SalviJerseyans” es un libro más personal por dos razones: en mi búsqueda, descubrí que los primos mayores de mi madre y su hermano mayor vivieron acá justo hace 50 años. Fue increíble poder reconstruir su historia, que está marcada por la búsqueda del “sueño americano” y una tragedia familiar. Estoy muy agradecida con mis tíos que abrieron el cajón de sus recuerdos para la posteridad… incluso logré incluir una foto de mi bisabuela materna con sus hijos y bastantes descendientes. La segunda edición de “SalviYorkers”, su versión en inglés y en audiolibro, y ahora “SalviJerseyans” nacieron durante una profunda crisis emocional y personal, a raíz de la salida de Nueva York por la pandemia del Covid-19, y mi proceso de separación y divorcio. Mi editor, el escritor cubano-dominicano José Fernández Pequeño, se aseguró de pulir las astillas de esos textos.
¿Cuál fue el mayor desafío ético o metodológico que enfrentó al recopilar estas narrativas y cómo se aseguró de preservar la dignidad y autenticidad de las voces que aparecen en el libro?
El principal desafío ético fue preservar y respetar las memorias no sólo de mis familiares sino de los entrevistados. Metodológicamente el principal desafío fue conseguir los datos y las entrevistas a pesar del rechazo, la sospecha o el escepticismo, que ahora es más potente debido al endurecimiento de la política migratoria de la segunda administración Trump.
¿Cuál es el legado más importante que los inmigrantes salvadoreños están dejando en la cultura y sociedad de Nueva Jersey? ¿Y qué espera que los jóvenes salvadoreño-estadounidenses (la segunda y tercera generación) se lleven al leer “SalviJerseyans”?
Desde antes de la publicación de “SalviYorkers” sus voces comenzaron a apagarse. La primera fue la protagonista de la portada, la señora Gerónima Campos, a los 104 años de edad. Luego le siguieron Amanda Rivera, Silvia de Henríquez, la activista Kathy Andrade, el doctor Hermann Méndez y más recientemente el presidente del capítulo de Nueva York de la Asociación Americana de Profesores de Español y Portugués, Bernard A. López (cuyo padre, Ángel López, es el más antiguo salvadoreño conocido en establecerse en Nueva York) y más recientemente el activista de derechos laborales y migratorios Omar Henríquez. Todos ellos dejan legados de amor y trabajo por los más necesitados, son ejemplos que debemos preservar, conocer y seguir.