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Hijo de migrantes, Diego Carranza despunta en la capital de los instrumentos: Cremona

Diego, joven de raíces salvadoreñas formado en la prestigiosa Escuela de Lutería de Milán, destaca en Cremona, Italia, preservando la tradición artesanal de fabricar instrumentos de cuerda con precisión milimétrica

Diego Carranza, estudiante lutier en Italia hijo de migrantes salvadoreños
El joven se ha enfocado en pulir su pasión por la música y la construcción de instrumentos. Fotos / cortesía

Hijo de migrantes salvadoreños presentes en Italia desde hace más de 30 años, Diego Ernesto Carranza Ramírez representa a una nueva generación que ha crecido entre dos culturas.

Nacido en Milán y residente en Pioltello, desde muy joven desarrolló una profunda pasión por la música y por el mundo de los instrumentos musicales, una vocación que lo llevó a emprender un camino profesional en el corazón de una de las tradiciones artesanales más prestigiosas de Europa.

Tras finalizar sus estudios de secundaria con especialización en electrónica, Carranza Ramírez decidió seguir su verdadera pasión: la música y la construcción de instrumentos.

Por ello ingresó en la Civica Scuola di Liuteria de Milán, una de las instituciones más importantes en la formación de lutieres. Su acercamiento a la escuela fue muy enriquecedor: «Hay un mundo detrás de cada aspecto de la construcción de un instrumento —modelos, autores, barnices, cuerdas, sonido— y fue maravilloso descubrirlo».

Diego Carranza, estudiante lutier en Italia hijo de migrantes salvadoreños
En las imágenes, se puede constatar la pericia y el esfuerzo que se requiere para fabricar los instrumentos musicales de calidad. Fotos / cortesía

El camino, sin embargo, también es extremadamente exigente. «En mi trabajo, las diferencias de décimas de milímetro son fundamentales —explica—, debemos ser extremadamente precisos».

La lutería es una profesión que requiere precisión artesanal, conocimiento de los materiales y gran sensibilidad acústica: cada gesto es definitivo y cada decisión afecta al resultado final.

La chispa que encendió este camino nació del simple acto de escuchar música y del deseo de poder crearla no solo como músico, sino también a través de la construcción de instrumentos.

Durante la escuela secundaria comenzó a tocar la guitarra; más tarde, durante sus estudios de lutería, se acercó también al violín. Actualmente continúa ampliando su formación musical dedicándose al estudio de la trompeta, enriqueciendo así su comprensión del mundo sonoro.

Diego Carranza, estudiante lutier en Italia hijo de migrantes salvadoreños
Diferentes momentos del proceso de fabricación de un violín. Fotos / cortesía

Hoy Carranza Ramírez colabora con varios talleres artesanales en la ciudad de Cremona, reconocida internacionalmente como la capital mundial de la lutería.

Esta ciudad lombarda, cuna de maestros legendarios como Antonio Stradivari, Giuseppe Guarneri y la familia Amati, ha conservado durante siglos una tradición única en la fabricación de instrumentos de cuerda.

En Cremona, la lutería no es solo un oficio, sino una herencia cultural que se transmite de generación en generación, manteniendo vivas técnicas y conocimientos que han hecho famosos a los violines cremoneses en todo el mundo.

En este entorno lleno de historia y excelencia artesanal, el joven lutier realiza piezas de instrumentos musicales a pedido de los maestros con quienes colabora, contribuyendo al trabajo diario de los talleres y perfeccionando al mismo tiempo sus habilidades. Su objetivo es especializarse en la restauración de instrumentos antiguos, un campo delicado y altamente especializado de la lutería.

Diego Carranza, estudiante lutier en Italia hijo de migrantes salvadoreños
La producción de instrumentos musicales es todo un arte. Foto / cortesía

Carranza Ramírez también enfatiza la gran atención y disciplina que requiere esta profesión. «En el trabajo del lutier se necesita muchísima precisión y paciencia —explica—. Cada intervención es definitiva: siempre se puede quitar madera, pero no se puede volver a añadir. Por eso cada gesto debe ser pensado y medido con mucho cuidado».

La historia de Diego Ernesto Carranza Ramírez refleja así el encuentro entre raíces, talento y tradición: la de un joven italo-salvadoreño que, en la tierra de Stradivari, contribuye a mantener viva una de las artes más fascinantes de la cultura musical italiana.

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