En Concepción de Ataco, Ahuachapán, tres danzas tradicionales sobreviven gracias al esfuerzo de sus guardianes, quienes luchan por preservar un legado cultural transmitido durante generaciones.
En Concepción de Ataco, Ahuachapán, tres danzas tradicionales sobreviven gracias al esfuerzo de sus guardianes, quienes luchan por preservar un legado cultural transmitido durante generaciones.

En el distrito de Concepción de Ataco, ubicado en el departamento de Ahuachapán de El Salvador, la memoria cultural aún se mueve al ritmo de tambores, máscaras y coloridos trajes. Tres danzas tradicionales, la del toro Lucero, la del rey Herodes y la de las Pastorelas, forman parte del patrimonio vivo de la comunidad, transmitido de generación en generación por pobladores que se han convertido en guardianes de una tradición que se niega a desaparecer.
Durante décadas, estas expresiones han acompañado varias celebraciones del municipio. Cada año, las danzas suelen presentarse el 24, 25 y 31 de diciembre, así como el 1, 5 y 6 de enero, convirtiéndose en una parte fundamental del ambiente festivo que envuelve al pueblo. Sin embargo, detrás de cada presentación existe una historia de esfuerzo, dedicación y, en muchos casos, preocupación por el futuro de estas tradiciones.
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En el pasado, en la localidad también existieron otras danzas como la de la Chabelona y la del Zopilote. Con el paso del tiempo, ambas desaparecieron, dejando un vacío en el patrimonio cultural del distrito. Esa pérdida es un recordatorio constante para quienes hoy mantienen vivas las danzas restantes. Y es que, si no se transmiten a las nuevas generaciones, también podrían desaparecer.

La danza del toro Lucero
Una de las danzas más antiguas de la localidad es la del toro Lucero, que según sus custodios tiene alrededor de dos siglos de existencia. El encargado de mantenerla viva es Daniel Gómez Díaz, un hombre de 65 años que ha dedicado buena parte de su vida a esta expresión cultural.
Daniel recuerda que la tradición viene desde sus antepasados indígenas. Según explica, el baile ha sido ejecutado por su familia durante varias generaciones.
“Esta danza la bailaron mis tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y papás; también lo hicieron mis hermanos. La bailaron nuestros antepasados indígenas; se ha venido dando de generación en generación”, comenta.
Antes de que él asumiera la responsabilidad, otros pobladores estuvieron al frente de esta tradición. Entre ellos menciona a José Niño y a Juan Osorio, este último le heredó el compromiso de preservarla en 1990.
La danza del toro Lucero destaca por su colorido y su carácter narrativo. Representa la historia de un torete bravío que era capturado por cuadrillas de trabajadores después de dos días de intenso esfuerzo. Una vez atrapado, el animal era entregado a la cofradía de la Virgen María como ofrenda por parte de un hacendado.
En la representación artística participan 13 personas. Uno interpreta al toro, otro se encarga del tambor que marca el ritmo, mientras que el resto se divide en dos cuadrillas que recrean la captura del animal.
Uno de los aspectos que más anima a don Daniel es ver la participación de niños en esta danza. Para él, su presencia representa la esperanza de que la tradición continúe.
“Ellos van aprendiendo poco a poco. Si se interesan y siguen participando, la danza no se va a perder”, afirma.
A pesar de su entusiasmo, también lamenta la falta de apoyo institucional para preservar estas expresiones culturales. Recuerda que hace algunos años la Casa de la Cultura de la localidad brindaba cierto respaldo, pero ese apoyo desapareció tras la eliminación de ese tipo de instituciones.
Aun así, mantiene la esperanza de que alguno de sus danzantes tome el relevo cuando él ya no pueda continuar.

La danza del rey Herodes
Otra de las tradiciones que resisten el paso del tiempo es la danza del rey Herodes. El encargado actual de preservarla es Gerardo José González, un joven de 25 años que desde hace tres años asumió la responsabilidad de dirigir al grupo.
Curiosamente, su historia con esta danza comenzó sin que él lo decidiera.
Hace seis años, sus padres lo integraron al grupo sin consultarle. Lo que empezó como una participación obligada terminó convirtiéndose en una pasión.
Esta danza recrea varios episodios bíblicos relacionados con el nacimiento de Jesús. Entre ellos, la anunciación del ángel a la Virgen María y el decreto del rey Herodes de eliminar a todos los niños recién nacidos.
En la representación aparecen personajes tanto bíblicos como surgidos del imaginario popular. Entre los más destacados están el ángel, la Virgen María, el rey Herodes, el Cingo (ayudante del rey), el diablo, la Vieja (una especie de adivina” y los vasallos o “viejos”, quienes utilizan máscaras hechas de cartón.
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Esta mezcla de elementos religiosos y populares convierte la danza en un claro ejemplo de sincretismo cultural. A través de movimientos, diálogos y frases que combinan partes memorizadas e improvisadas, la historia muestra el enfrentamiento entre el bien y el mal, con la victoria final de las fuerzas positivas.
La mayoría de los participantes son jóvenes, algo que para Gerardo representa una señal alentadora para la continuidad de la tradición.
“No solo me gusta ser parte de esta danza, sino que la vivo realmente. Porque soy el que hace las máscaras y me preocupo por los trajes. Cuando hace falta algo, yo ando viendo cómo solvento. No es que yo lo haya elegido hacer esto, sino que esto me eligió a mí”, comenta.
Gerardo trabaja como barbero, pero dedica buena parte de su tiempo libre a preparar los elementos necesarios para cada presentación. El grupo logra mantenerse gracias a donaciones de feligreses que valoran el significado cultural y religioso de la danza.

La danza de las Pastorelas
La danza de las pastorelas es otra de las expresiones más importantes del calendario navideño de la localidad. Su principal guardián es Pedro García Roque, de 73 años, quien heredó la responsabilidad de su padre en 1992.
Esta tradición forma parte de las celebraciones navideñas y combina música autóctona, cantos y danzas para expresar alegría y gratitud. En esencia, se trata de un acto de adoración y ofrenda al Niño Dios, representado por pastores peregrinos que llevan presentes al Mesías prometido.
Don Pedro guarda con especial cuidado los guiones originales de varias piezas tradicionales. Entre ellas están “La historia de los tres reyes”, “Nicodemo” y “El ángel y Luzbel”.
Este año planea presentar “La historia de los tres reyes”, en la que participarán 14 personas.
Cada año, para lograr presentar esta estampa, suele pedir ayuda a amigos y conocidos. Les explica que si nadie participa, la tradición corre el riesgo de desaparecer.
Los danzantes utilizan máscaras de madera o papel que representan rostros españoles, un elemento heredado de las tradiciones coloniales.
Don Pedro cree que existen varios factores que podrían poner en peligro la continuidad de esta tradición. Uno de ellos es la falta de apoyo de algunos católicos que consideran que estas expresiones culturales no tienen relación con la religión ni tienen fundamento bíblico.
Otro problema es la falta de interés de algunas personas en integrarse al grupo.

Apoyo para preservar la identidad
A pesar de los desafíos, las danzas tradicionales de Ataco cuentan con el respaldo de iniciativas comunitarias que buscan proteger el patrimonio cultural del municipio.
Entre ellas destaca la labor de la Asociación Raíces y Senderos, una organización sin fines de lucro que comenzó a operar en 2021 con un proyecto enfocado en apoyar a jóvenes en condiciones vulnerables mediante formación técnica, para la vida y el empleo.
En 2024 la asociación se constituyó legalmente y decidió ampliar su trabajo hacia el fortalecimiento de la identidad cultural de la comunidad.
Según explica su presidenta, Carolina Castrillo, el objetivo es que los habitantes reconozcan sus raíces, su historia y se sientan orgullosos de sus costumbres y tradiciones.
Para lograrlo, la organización recopila, documenta y divulga las tradiciones de la localidad mediante publicaciones y proyectos culturales.
También busca dar protagonismo a quienes mantienen vivas esas prácticas.
Para Castrillo, personas como don Daniel, Gerardo y don Pedro son verdaderos “guardianes de tradiciones”.
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