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Escultora Romina Melero exalta a la Mujer en su arte: «Todas somos ‘Divinas'»

La venezolana de ascendencia española tiene una conexión especial con El Salvador. No solo porque dos de sus hijos son salvadoreños, sino por que ella misma resurgió en esta tierra de Cuscatlán que la vio evolucionar. Además, ese barro que nos identifica es la roca sobre la cual edificó su arte.

Escultora venezolana Romina Melero
La escultora con algunas de "Las Divinas" elaboradas durante su visita al país. Foto EDH / Jorge Reyes

Romina Melero pisó suelo salvadoreño como una joven independiente, realizada y llena de planes para el futuro a inicios del siglo XXI. Por su mente jamás se cruzó la idea de que la nación más pequeñas de Centroamérica se convertiría en hogar, y que en esta tierra cálida y de gente sumamente amable, su ADN artístico brotaría a borbollones.

Ese nacimiento ocurrió durante su residencia de 15 años en El Salvador, época en la que, además de formar una familia, descubrió las mil y un bondades del arte. Ese momento fundamental se registró en el seno del CENAR, donde hizo clic con esa arcilla colorada que tantas memorias nacionales resguarda.

Fue precisamente el barro, la piedra sobre la cual Melero inició su trayectoria como artista visual. Y es el mismo barro el que la trae de vuelta al país que tuvo que abandonar por una crisis que la golpeó como un huracán, hace casi una década.

La creadora de la serie escultórica «Las Divinas», que ya conquista el continente europeo, ha vivido en cerca de 7 países y 12 ciudades hasta el día de hoy. Y esa dimensión errante le ha permitido conocer e integrarse a una diversidad de culturas, que incluye la cuscatleca.

Escultora venezolana Romina Melero
Una de sus «Divinas» recostada sobre una superficie. Foto EDH / Jorge Reyes
Escultora venezolana Romina Melero
A la izquierda en «Claytopia», exposición colectiva, en Guldagergaard, Dinamarca, junto a una de sus «Divinas» en 2025. A la derecha, imagen de la obra «Divinas + Flores», para lata de cerveza de Cervecería Harboe / Skalskor Danmark en 2026. Fotos / cortesía de la escultora

Pero esta realidad le hace sentir que es «de todos lados, pero de ninguno. Mi búsqueda era: ‘¿Dónde está mi hogar?’. Y me di cuenta que ese hogar está dentro de mí», enfatizó en entrevista con El Diario de Hoy.

De la misma forma, reconoce que ese constante ir y venir le permitió dejar raíces en muchos lados. «Entonces, quise venir a El Salvador a conectar con mis raíces y hacerle un homenaje a todas las mujeres que admiro de aquí y que tocaron mi vida directa e indirectamente», añadió. Mujeres que han sido parte del proceso que ha ido cincelando a la artista que es hoy.

En el inicio del mes dedicado a la mujer, nos sumergimos en la propuesta artística de esta pintora y escultura autodidacta que nunca se ha detenido por nada y que ha dado cara con valor a cada incitación del destino.

ADN = ARTE

La venezolana de padre español nació en el seno de una familia de artistas, desde la cual inició su recorrido por la vida como administradora: el arte estaba muy lejos de aparecer en su horizonte.

Escultora venezolana Romina Melero
Las flores en la cabeza de «Las Divinas» representan «el pensamiento y el mundo interior femenino». Foto EDH / Jorge Reyes
Escultora venezolana Romina Melero
Romina trabajando en una de sus flores de arcilla en El Salvador. Foto EDH / Jorge Reyes

Precisamente por ello, es que resulta fácil de entender cómo esa vena artística fluye en ella de forma natural, y surge en el momento justo para acompañarla en uno de los episodios cruciales de su historia íntima.

En su hoja de vida, Melero se presenta como ceramista y artista multidisciplinar con más de 25 años de experiencia en las artes visuales, y que inició su formación en la pintura antes de realizar la transición a la cerámica hace poco más de cuatro años.

Actualmente reside en España y trabaja como artista independiente, pero El Salvador volvió a entrar en su mundo y la conexión especial que posee con esta tierra de artesanos ha despertado con fuerza.

Desde su llegada hace un par de semanas, ha dedicado su espacio creativo a interactuar con una vieja conocida: la arcilla salvadoreña. Y en sus manos, ese marrón terroso tan particular ha ido trazando la figura femenina que caracteriza a «Las Divinas» de Melero.

Escultora venezolana Romina Melero
Romina en el taller que improvisó para experimentar con el barro salvadoreño con sus «Divinas». Foto EDH / Jorge Reyes

Verla moldear la arcilla con destreza transmite calidez, serenidad, calma; tal cual lo hace el color terracota. Es más, ese rojo naranja típico del barro nacional podría asociarse a la felicidad, un matiz que ofrece una fuerza emocional en momentos difíciles.

En este punto es necesario desglosar la esencia de esas piezas femeninas que la escultora bautizó como «Las Divinas», y que ya han enamorado a los amantes del arte en países de Europa como Dinamarca.

«LAS DIVINAS» SON PRESENCIA

Este proyecto surge como una «investigación escultórica sobre el cuerpo de la mujer como territorio simbólico, espiritual y trascendental», se lee en su dossier.

Y en efecto, «Las Divinas» no solo son el reflejo del cuerpo femenino. «Representan ideas universales como la creación, el origen, el refugio, la transformación, el amor, la memoria y la resistencia. El cuerpo femenino aparece como un paisaje donde habitan emociones, historia colectiva y experiencias compartidas entre generaciones de mujeres», explica.

Escultora venezolana Romina Melero
Una de «Las Divinas» de barro salvadoreño que cruzará las fronteras junto a su creadora. Foto EDH / Jorge Reyes

Es en este estudio de la materia y la forma que confluyen las distintas etapas que Melero ha vivido hasta hoy. Un pasado que la fue formando hasta elevarla a un plano espiritual, en el que logra vivir a plenitud cada una de esas facetas que esculpieron a la mujer creadora, amiga, madre e hija.

«En mi obra, el cuerpo no es solo materia; es también energía, intuición, emoción y conciencia», añade.

Cada «Divina» -que ha elaborado con diferentes materiales- «puede entenderse como nacida desde lo profundo de la tierra: frágil y fuerte al mismo tiempo. Formada con delicadeza, pero transformada en el fuego para volverse resistente». Piezas que finalmente son resonancia de ella misma.

Escultora venezolana Romina Melero
Flores que son parte de la propuesta artística de la venezolana. Foto / cortesía de la escultora
Escultora venezolana Romina Melero
Magaly de Castellón (i) y Claudia Michel, dos de las salvadoreñas que acogieron a Romina y tienen una conexión muy especial con la escultora. Foto / cortesía

La pintora Claudia Michel «Amada» y la museóloga Magaly de Castellón -dos de las mujeres que la acogieron y brindaron su amistad durante su tiempo residiendo en El Salvador- coinciden al afirmar que Romina Melero es luz y el reflejo de una mujer esculpida por las vicisitudes de la vida hasta transformarla en una joya de enorme valor. Una mujer empoderada, autodidacta, solidaria y dispuesta a obtener lo que se proponga, cueste lo que cueste.

Y hoy por hoy, Romina ha reconectado con esas raíces que dejó en territorio salvadoreño, raíces que han crecido por sí mismas y ahora dan frutos. Para la venezolana es tiempo de cosecha en El Salvador y sus «Divinas» ya comenzaron a conquistar esta tierra de barro donde nacieron sus hijos menores.

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