El estreno del documental «La investigación sobre Lucy Letby» reaviva el debate sobre la condena de la enfermera británica, enfrentando imágenes inéditas de su arresto con nuevas dudas sobre la evidencia científica.
El estreno del documental «La investigación sobre Lucy Letby» reaviva el debate sobre la condena de la enfermera británica, enfrentando imágenes inéditas de su arresto con nuevas dudas sobre la evidencia científica.

En la madrugada del 4 de julio de 2018, una cámara corporal de la policía captó una imagen que hoy, casi ocho años después, vuelve a sacudir la conciencia pública británica: una joven de apariencia frágil, en pijama azul y visiblemente confundida, es escoltada fuera de su hogar en Chester. Esa mujer era Lucy Letby.
Mañana, 4 de febrero, Netflix estrena La investigación sobre Lucy Letby, un documental que promete no solo relatar los crímenes, sino cuestionar si el sistema judicial envió a prisión a una asesina serial o a un chivo expiatorio de un sistema de salud colapsado.
El largometraje llega en un momento de máxima tensión. Mientras la plataforma de streaming se prepara para mostrar material inédito —incluyendo el video de Letby despidiéndose de sus gatos antes de ser arrestada—, los padres de la enfermera, Susan y John Letby, han roto su hermetismo para calificar la producción como una «invasión total a la privacidad».
Para ellos, ver estas imágenes en pantalla global es una sentencia de muerte emocional. Sin embargo, para el resto del mundo, es la oportunidad de escudriñar los detalles de una historia que parece no tener un punto final claro.
EL RASTRO DEL «DEMONIO»
La historia que el documental reconstruye es aterradora. Entre 2015 y 2016, la unidad neonatal del Hospital Countess of Chester registró un aumento anómalo en la mortalidad de recién nacidos.
Lucy Letby, una enfermera que hasta entonces era considerada «ejemplar», se convirtió en el denominador común de cada tragedia. La fiscalía pintó el retrato de una mujer que utilizaba aire, insulina y exceso de leche como armas letales contra seres indefensos.
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El veredicto de 2023 fue implacable: cadena perpetua tras ser hallada culpable de asesinar a siete bebés e intentar matar a otros siete. Las pruebas más contundentes no fueron huellas dactilares, sino notas manuscritas halladas en su casa: «Soy el demonio, yo hice esto».
Para muchos, era una confesión; para otros, el desvarío de una profesional quebrada por el estrés y la culpa de muertes que no pudo evitar.

A pesar de la contundencia de la sentencia, el estreno de este documental coincide con un movimiento creciente de expertos internacionales que cuestionan la validez de las pruebas.
Científicos y estadísticos han señalado en los últimos meses que las muertes podrían explicarse por fallas sistémicas del hospital: falta de personal, infecciones bacterianas y una infraestructura deficiente.
El documental de Netflix no ignora esta controversia. Al contrario, explora las dudas planteadas ante la Comisión de Revisión de Casos Penales (CCRC), sugiriendo que la «presencia constante» de Letby en los turnos de fallecimiento pudo ser una correlación estadística mal interpretada.
Esta narrativa ha dividido a la sociedad británica entre quienes exigen que se respete el dolor de las familias víctimas y quienes temen que se esté ante uno de los mayores errores judiciales del siglo.

EL CIERRE DE UN CAPÍTULO, LA APERTURA DE OTRO
Curiosamente, el estreno ocurre apenas semanas después de que la Fiscalía de la Corona confirmara, en enero de 2026, que Letby no enfrentará nuevos cargos por otros casos sospechosos bajo investigación.
Legalmente, el camino parece estrecharse, pero mediáticamente, el caso está más vivo que nunca.
La investigación sobre Lucy Letby no es solo un repaso de expedientes; es un viaje visual a la intimidad de una sospechosa y a las tripas de un juicio que dejó más preguntas que respuestas.
A partir de mañana, el espectador dejará de ser un observador pasivo para convertirse en el jurado de una historia donde la línea entre la maldad pura y la negligencia sistémica sigue siendo, para muchos, peligrosamente delgada.

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