Francisco Durán, inició su camino en la pintura hace siete años, guiado por un maestro graduado en Bellas Artes que despertó su pasión por el arte. Desde entonces, ha desarrollado una técnica sólida, un estilo versátil y una dedicación al lienzo.
Francisco Durán, inició su camino en la pintura hace siete años, guiado por un maestro graduado en Bellas Artes que despertó su pasión por el arte. Desde entonces, ha desarrollado una técnica sólida, un estilo versátil y una dedicación al lienzo.

El arte llegó a la vida de Juan Francisco Turcios Durán de forma natural. Desde pequeño, recuerda cómo llenaba las hojas de sus cuadernos con dibujos, sin imaginar que años después esa inclinación infantil se convertiría en su oficio, su forma de vida y su mayor alegría.
Su estudio de arte, en el que expone sus cuadros, ésta ubicada en la calle Elizabeth, en la ciudad de San Miguel, ahí cada día le da forma a sus pinturas con una habilidad excepcional, haciendo que cada pincelada cobre vida en sus cuadros.
Hace siete años, comenzó formalmente su aprendizaje. Lo hizo guiado por un maestro especializado, amante del arte, alguien que no solo le enseñó técnica, sino que también despertó en él una pasión profunda por la pintura.
Ese acompañamiento, asegura, fue clave para avanzar con rapidez y comprender los fundamentos del arte. “Me atrapó la pintura, me apasionó”, dice mientras observa los cuadros que adornan su taller.
Hoy, Francisco domina una amplia variedad de técnicas y estilos. Utiliza manta cruda como base para sus obras y él mismo fabrica sus bastidores, tensando cuidadosamente cada lienzo antes de empezar a pintar.
El pintor migueleño, trabaja con acrílico y óleo sobre lienzo, y se mueve con soltura entre géneros como el abstracto, impresionismo, surrealismo, aguados y lo clásico. Su versatilidad le permite adaptarse a los gustos del cliente y crear desde un paisaje hasta un retrato, desde una escena imaginaria hasta la réplica de un clásico del Renacimiento.

Arte entre lienzos
Entre las réplicas que ha realizado se encuentran “La fregadora” de Giuseppe María Crespi, “El lago holandés” de Francisco Bosch, versiones de “La Última Cena” y, por supuesto, interpretaciones de “La Mona Lisa” de Leonardo da Vince. Todas realizadas con dedicación, respetando la esencia de los maestros, aunque, como él señala, nunca serán idénticas, porque cada pintor imprime su propio sello.
Los precios son diferentes, según el tipo de obra. Las piezas comerciales rondan los 35 a 40 dólares, mientras que una pintura personalizada puede costar entre 80 y 100 dólares. Por su parte, las réplicas clásicas, por la complejidad y el nivel de detalle, oscilan entre los 300 y 400 dólares.
Además de producir sus obras, el pintor migueleño, también enseña pintura. Actualmente tiene tres estudiantes a quienes forma desde cero, convencido de que el talento puede pulirse con disciplina. “En seis meses los hago que muevan el pincel”, asegura con confianza.
Su taller, abierto de lunes a sábado, es un pequeño refugio creativo donde cada obra tiene una historia. Y también un punto de encuentro para quienes desean aprender o adquirir una pieza única de arte en la ciudad de San Miguel.

La realidad en tus manos
Fundado en 1936 por Napoleón Viera Altamirano y Mercedes Madriz de Altamirano.
Facebook-f Instagram X-twitter11 Calle Oriente y Avenida Cuscatancingo No 271 San Salvador, El Salvador Tel.: (503) 2231-7777 Fax: (503) 2231-7869 (1 Cuadra al Norte de Alcaldía de San Salvador)
2025 – Todos los derechos reservados