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El legado de la familia Lardé Arthès. Prensa, ciencia y nación

La historia de los Lardé Arthès muestra que la identidad de una nación no se construye solo con obras materiales, sino con la libertad de examinar sus propias contradicciones

Los Lardé Arthès de El Salvador
Fotos de Jorge Lardé Arthès "El sabio" (i), Alice Lardé Arthès y Alicia Lardé López-Harrison (Alicia Nash), mejoradas con herramientas de IA. Fotos: Wikipedia / imdb.com

Por Miguel Huezo Mixco

En el San Salvador de principios del siglo XX, jóvenes provenientes de distintos sectores sociales se pusieron al frente de proyectos periodísticos que desafiaron el discurso oficial de la “dinastía” Meléndez-Quiñónez. Uno de esos nodos de convergencia fue Espiral. Revista del hogar, fundada en 1919.

Este espíritu crítico era el reflejo de una familia singular. Enrique Lardé Arthès, uno de los directores de la publicación, descendía del ingeniero químico Jorge Lardé Bourdon y la profesora Amélie Arthès Echeverrie, quienes llegaron de Francia a El Salvador en la segunda mitad del siglo XIX.

Por esos años, la inmigración francesa se asentó en San Salvador y Santa Ana, abriendo almacenes de importación que traían la «modernidad» que la élite cafetalera ansiaba: telas finas de Lyon, vinos y cristalería. La elegancia de los edificios y las residencias del perímetro central —lo que hoy conocemos como el Centro Histórico— alimentaba la idea de que San Salvador se estaba convirtiendo en la «París de Centroamérica».

LA MODERNIDAD IMPORTADA

El equipo de Espiral. Revista del hogar, estuvo formado por Enrique Lardé Arthès, Miguel Ángel Chacón, Salarrué y Ramón de Nunfio. Pese a su nombre y el entorno de sofisticación en el que se movía, la publicación no estaba destinada a crónicas de sociedad. En sus páginas se evidenció que, en los márgenes de ese adinerado núcleo urbano, miles de familias vivían en mesones bajo condiciones paupérrimas. Espiral señaló las fisuras de esa modernidad importada describiendo estas viviendas colectivas como una “aterradora combinación de hospital, cárcel y manicomio”.

Plana editorial de la revista "Espiral. Revista del hogar"
Plana de «Espiral. Revista del hogar», en cuyo equipo figuraban Enrique Lardé Arthés, Miguel Ángel Chacón y Salarrué. Foto / cortesía Miguel Huezo Mixco

La revista también hizo campaña a favor de Miguel Tomás Molina, el candidato que desafiaba a Alfonso Quiñónez Molina, el «delfín» de la dinastía, en las elecciones de 1923. La contienda se desarrolló en un clima de alta tensión social, marcado por el desempleo y el impago de salarios a los empleados públicos. El clímax de esta crisis ocurrió el día de Navidad de 1922, cuando una manifestación de mujeres en apoyo al candidato opositor fue reprimida por la policía y grupos paramilitares con saldos trágicos.

En este choque de visiones, los Meléndez-Quiñónez y el aparato estatal encarnaban, por un lado, el músculo del poder cafetalero con aires modernizadores; por otro, una vanguardia de artistas y escritores que señalaban la gran paradoja nacional: un país que exportaba café de primera clase mientras mantenía un modelo social de corte colonial, que asfixiaba la libertad de pensamiento que la modernidad exigía.

El ADN de los Lardé Arthès era de una naturaleza distinta. Mientras otros vendían el brillo de París en vitrinas de cristal, esta familia se dedicó a descifrar la historia, la sismología y la educación de un país que apenas empezaba a conocerse a sí mismo. Entre los hijos del matrimonio se encuentran nombres clave de la inteligencia salvadoreña del siglo XX.

Alice Lardé Arthès: poeta, científica, pedagoga, también fue precursora del pensamiento feminista en El Salvador. Durante su participación en el Tercer Congreso Internacional Femenino en Buenos Aires (1928), Alice lanzó una vigorosa denuncia contra la “esclavitud” y “marginación” de las mujeres hispanoamericanas, al tiempo que abogó por una transformación de la educación popular y defendió la soberanía regional frente a potencias extranjeras.

Ilustración de Alice Lardé Arthès
Ilustración de Alice Lardé Arthès, mejorada con herramientas de IA. Foto / cortesía Miguel Huezo Mixco

Zélie Lardé Arthès, la menor de aquella prole y pareja de Salarrué, reivindicó en sus obras artísticas la estética popular que en los años setenta sería popularizada por artesanos y artistas como Fernando Llort.

De esta misma línea familiar proviene Alicia Lardé López-Harrison (Alicia Nash), hija de Carlos Lardé Arthès y Alicia López Harrison, y esposa del matemático John Forbes Nash, ganador del Premio Nobel en 1994. La pareja alcanzó notoriedad mundial gracias a la película “Una mente brillante” (2001), ganadora de cuatro óscares.

LITERATURA Y POLÍTICA

La literatura política también estuvo presente en la conformación del pensamiento de las incipientes clases medias. Según relata Napoleón Viera Altamirano en el prólogo a las “Obras completas” de Jorge Lardé Arthès, sus posturas anticlericales estuvieron muy influidas por las obras de Arthur Schopenhauer. De igual forma, los anarquistas Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin le infundieron las ideas de la revolución social radical. Según Viera Altamirano, su decisión de matricularse en la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de El Salvador habría estado motivada por su interés en la fabricación de bombas, aunque nunca llegó a la acción.

Lardé visto por Salarrué
Jorge Lardé Arthès, conocido como «el sabio», dibujado por Salarrué. Fecha desconocida. Foto / cortesía Miguel Huezo Mixco

Pasados esos fervores radicales, este singular personaje, conocido en su día como “el sabio”, realizó de forma autodidacta los primeros estudios sobre sismología y vulcanología salvadoreña. Su fallecimiento en 1928 marcó el fin de una era. Apenas tres años después, se produjo la institucionalización del misticismo autoritario del general Hernández Martínez y el endurecimiento de la censura. Fue entonces cuando el propio Viera Altamirano ejerció una labor de resistencia frente al autoritarismo militar, negándose a que la línea editorial de El Diario de Hoy fuera dictada desde el gabinete presidencial.

En medio de esa persecución, emergió la figura de Julio Enrique Ávila, un liberal reformista. Este poeta de origen burgués y de pensamiento liberal reformista, tuvo un papel central para la supervivencia de El Diario de Hoy. En un artículo publicado en diciembre de 1968, en ocasión del fallecimiento de Ávila, Viera Altamirano rememoró cómo pudo escapar de la cárcel únicamente por la mediación de un pequeño grupo de amigos influyentes, entre ellos Ávila. Su intermediación ante el militar logró que el diario volviera a circular en 1941, bajo el nombre provisional de Centro-América.

Editorial de Napoleón Viera Altamirano sobre Julio Enrique Ávila
Columna de Napoleón Viera Altamirano sobre el poeta liberal reformista Julio Enrique Ávila, publicada en diciembre de 1968 en El Diario de Hoy. Foto EDH / Archivo
Diario Centro América, antes de evolucionar a El Diario de Hoy
Portada del informativo Centro América de El Diario de Hoy del primero de junio de 1940. Foto EDH / Archivo

La historia de los Lardé Arthès pone de relieve que la identidad de una nación no solo se erige con obras materiales, sino con la libertad de examinar sus propias contradicciones. Ese pensamiento crítico constituye un ADN intelectual que siempre encuentra la forma de volver a brotar.

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