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El «Iscariote» que une al oriente de El Salvador, entre testamentos, bailes y el libre albedrío

Desde el baile en San Simón hasta los testamentos de Anamorós, el oriente salvadoreño transforma la figura de Judas en una expresión de fe popular, sátira social y reflexión sobre la libertad de elegir

El beso de Judas Iscariote
Ilustración de el beso de Judas Iscariote a Jesús de Nazaret generado con herramientas de IA. Foto / EDH

Cada Miércoles Santo, la iglesia cristiana recuerda al «traidor» que entregó a Jesús en el Getsemaní hace casi 2000 años: Judas Iscariote.

En el corazón de la zona oriental de El Salvador, la Semana Santa no solo se vive con el silencio del luto, sino también con el estruendo de una tradición que parece desafiar la lógica: la celebración en torno al Iscariote.

En distritos como Anamorós, San Simón y Nueva Esparta, el personaje que la historia recuerda con una reacción instintiva de reprobación se convierte en el protagonista de un teatro callejero que mezcla lo sagrado con lo profano.

En San Simón, Morazán, a Judas no se le juzga desde la distancia; se le pone a bailar. Entre risas y música de chanchona, un monigote que representa al traidor recorre las casas, recordándonos que, a pesar de su papel negativo, Judas fue «uno de los Doce» , un colaborador cercano llamado directamente por Jesús.

Testamento de Judas en Anamorós
En las páginas de El Diario de Hoy, se inmortalizó la tradición del Testamento de Judas de Anamorós. Foto EDH / Archivo

Mientras tanto, en Anamorós, la sátira alcanza su punto máximo con la lectura de su «Testamento». Aquí, el Judas que la Biblia describe como el ecónomo que «robaba» del grupo hereda simbólicamente sus «pertenencias» (y las verdades incómodas del pueblo) a los vecinos, transformando la traición en una herramienta de crítica social.

En Nueva Esparta, los traviesos «Judíos» -que cargan a Judas- aportan el caos necesario, persiguiendo transeúntes y manteniendo viva una tradición que, aunque parezca burlesca, toca fibras profundas del espíritu humano.

LIBRE ALBEDRÍO Y MISERICORDIA

¿Por qué celebrar a quien entregó al Maestro? La respuesta reside en lo que Benedicto XVI llamó el «misterio de la libertad». Según el papa alemán, Jesús jamás forzó la voluntad de Judas Iscariote, respetando siempre su capacidad de elegir, incluso cuando esta se inclinaba hacia la tentación.

La tradición salvadoreña, al pasear al muñeco de trapo, parece captar intuitivamente esta lección: Judas no es solo un villano de cartón, sino un espejo de las «muchas posibilidades de perversión del corazón humano».

Los traviesos judíos de Nueva Esparta, en La Unión
Imagen de archivo de los traviesos judíos de Nueva Esparta, en La Unión, quienes cargan a Judas. Foto EDH
Judas colgado en Anamorós, Morazán.
Fotocaptura de Judas colgado en Anamorós catada en video de Youtube. Foto: imagen de carácter ilustrativa y no comercial / https://www.youtube.com/watch?v=IUa1tOw5wXI

Sin embargo, la nota final de estos pueblos no es de odio, sino de purificación. Al quemar al Judas el Sábado de Gloria, los fieles recuerdan que, aunque el mal existe, el plan de Dios asume incluso los gestos injustificables para transformarlos en redención.

Como sugería Benedicto XVI, la figura de Judas es una invitación a «no desesperar nunca de la misericordia de Dios». Así, entre el baile de San Simón y las rimas de Anamorós, el oriente salvadoreño nos enseña que, mientras haya arrepentimiento, siempre habrá espacio para que la fidelidad de un nuevo «Matías» ocupe el lugar de la traición del «Iscariote».

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