Editorial Kalina celebra 20 años editando libros que cruzan fronteras
Desde 2006, Editorial Kalina ha apostado por libros bilingües, el cuidado estético del libro-objeto y la visibilización de nuevas voces —especialmente femeninas— en la literatura salvadoreña. A dos décadas de su fundación, el sello reflexiona sobre su legado cultural y su proyección
Portadas de algunos de los títulos publicados por Editorial Kalina. Fotos / cortesía
Hace dos décadas nació en El Salvador una editorial con una idea clara: que los libros podían ser algo más que contenedores de textos. Podían ser puentes. Puentes entre idiomas, entre generaciones, entre la literatura y las artes visuales. Puentes, también, entre el país y el mundo.
Ese proyecto es Editorial Kalina, fundada en febrero de 2006 por las salvadoreñas Lucía de Sola y Alexandra Lytton Regalado, un sello independiente que desde sus inicios se planteó como una casa abierta a múltiples expresiones culturales. El propio nombre lo revela: “Kalina” surge de dos palabras en náhuat —kal, casa, e ina, expresión—, una síntesis que resume su espíritu de refugio para la creación.
A lo largo de estos veinte años, la editorial ha desarrollado proyectos que abarcan literatura, arte, arquitectura, turismo y memoria cultural, siempre con un cuidado especial por la calidad estética de sus publicaciones.
Su catálogo incluye algunos de los primeros libros bilingües de literatura salvadoreña contemporánea, como las antologías “Teatro bajo mi piel” (2015) y “Puntos de fuga” (2017), además de títulos como «Preguerra», de Tania Pleitez, y «La familia o el olvido», de Elena Salamanca.
Portada del catálogo de obras publicadas por el sello editorial, que abarca más de una veintena de títulos. Foto / cortesía
El proyecto editorial se sostiene en un equipo flexible de escritores, artistas visuales, fotógrafos, traductores y diseñadores que se integran según las necesidades de cada obra. Desde 2017 se sumó al equipo Efraín Caravantes, coordinador editorial y director de arte, responsable del diseño y la comunicación visual.
Pero si algo distingue a Kalina dentro del panorama editorial salvadoreño es su apuesta por el libro como objeto artístico. Cada título es concebido como una pieza curada con esmero: tipografías, ilustraciones, fotografías y materiales dialogan con el contenido literario para crear una experiencia estética completa. La editorial ha defendido esta filosofía incluso en una época dominada por el consumo digital acelerado.
Al mismo tiempo, Kalina ha impulsado una visión abierta de la literatura salvadoreña, integrando voces de la diáspora y promoviendo la circulación internacional de autores nacionales.
Sus libros han tenido presentaciones en ciudades como Seattle, Los Ángeles, Miami, Londres o Barcelona, ampliando el alcance de historias que, durante mucho tiempo, parecían confinadas a un ámbito local.
Editores Alexandra Lytton Regalado (i), Lucía de Sola y Efraín Caravantes. Foto / cortesía
Otro de sus rasgos distintivos ha sido la visibilización de la escritura femenina, una línea que atraviesa buena parte de su catálogo y que busca equilibrar un panorama literario históricamente dominado por autores hombres.
A dos décadas de su fundación, tres de sus editores reflexionan sobre el camino recorrido y los desafíos del futuro.
Alexandra Lytton Regalado: La literatura como experiencia viva
Para Lytton Regalado, cofundadora y codirectora de Kalina, el proyecto editorial nunca ha sido únicamente un catálogo de libros. Desde el principio lo concibieron como un ecosistema cultural en el que la literatura dialoga con otras artes y con el público.
Bajo esa visión, Kalina ha desarrollado múltiples iniciativas que buscan acercar la poesía y la narrativa a la vida cotidiana. Presentaciones en espacios culturales, talleres de escritura, ejercicios de écfrasis en museos y actividades como «Poemas por encargo» -donde los escritores crean textos instantáneos en máquinas de escribir para el público- forman parte de esta apuesta por sacar la literatura del ámbito académico y devolverla a la experiencia compartida.
“Nuestra intención siempre ha sido sacar la literatura del pedestal académico y devolverla a la vida cotidiana, como algo cercano, humano y compartido»
Alexandra Lytton Regalado
El proyecto, explica, también ha sido una forma de documentar la memoria cultural salvadoreña, a través de libros que exploran la historia, el arte y las tradiciones del país. En ese sentido, el catálogo de Kalina funciona como una cartografía cultural que registra distintas facetas de la identidad nacional.
Uno de los pilares de ese trabajo ha sido la publicación de ediciones bilingües, pensadas para que la literatura salvadoreña circule más allá de sus fronteras naturales. Para la editora, el diálogo con la diáspora es fundamental: muchos salvadoreños que viven en el exterior buscan reencontrarse con las historias, el humor y los giros del lenguaje que marcaron su infancia.
Las presentaciones de libros se realizan en lugares emblemáticos como el Museo Marte, el Castillo Venturoso, galerías y embajadas, y se convierten en encuentros muy participativos. Foto / cortesía
En ese camino, el libro impreso sigue ocupando un lugar central. En un mundo saturado de pantallas, Lytton Regalado defiende la lectura como una experiencia sensorial y reflexiva: un momento de pausa que permite imaginar, comprender y desarrollar empatía.
Lucía de Sola: Traducir para ampliar la literatura salvadoreña
Para la también cofundadora de Kalina, el aporte más significativo de la editorial ha sido abrir la literatura salvadoreña hacia el exterior y, al mismo tiempo, integrar plenamente a los escritores de la diáspora dentro del canon nacional.
Desde sus inicios, la editorial apostó por la traducción como herramienta para ampliar los horizontes de la literatura local. Traducir del español al inglés -y viceversa- no se concibió únicamente como un ejercicio técnico, sino como un arte capaz de recrear la esencia de una obra en otro idioma.
«El arte de hacer una buena traducción es la capacidad de crear una nueva obra -basada en la original- pero que se para sola, con su propia integridad y calidad»
Lucía de Sola
En palabras de De Sola, una buena traducción es capaz de convertirse en una obra nueva, autónoma, con su propia integridad literaria. Esa visión ha permitido que textos salvadoreños encuentren lectores en distintos contextos culturales.
La publicación en ciudades como Londres o Barcelona de algunos títulos de Kalina evidenció el potencial internacional de estas historias. Más recientemente, la editorial ha comenzado a explorar nuevos formatos, como audiolibros y plataformas digitales, que facilitan la circulación global de sus obras.
Lucía de Sola y Alexandra Lytton en la feria AWP en Seattle, Estados Unidos. Foto / cortesía
Sin embargo, la editora subraya que la misión sigue siendo la misma que hace veinte años: crear libros que combinen contenido literario sólido con una estética cuidada, capaces de enamorar a los lectores tanto por lo que dicen como por la forma en que lo presentan.
En ese horizonte, De Sola imagina una editorial que crezca sin perder su esencia, ampliando su alcance y abriendo espacio a nuevas generaciones de escritores y artistas.
Efraín Caravantes: El libro como presencia y coro de voces
Desde su incorporación al equipo en 2017, Efraín Caravantes ha aportado una mirada que combina edición y diseño, reforzando la identidad visual de los libros de Kalina.
Para él, uno de los mayores logros del sello ha sido demostrar que la literatura salvadoreña existe también fuera de sus fronteras físicas. Las ediciones bilingües y el diálogo con la diáspora han permitido conectar comunidades dispersas y crear nuevas redes de lectura.
«… se necesitan más editoriales que se decidan por autoras mujeres, más lectores que se interesen por sus libros, más programas de divulgación de la literatura escrita por mujeres; es decir, que todo el ecosistema del libro decida un cambio de visión»
Efraín Caravantes
Esa perspectiva se refleja también en la concepción del libro como objeto. En un tiempo dominado por las pantallas, Caravantes considera que el libro físico mantiene un valor especial: es un objeto que invita a la presencia, a la pausa y a una relación más íntima con la lectura.
La calidad material del libro —papel, diseño, encuadernación— forma parte de esa experiencia. No se trata únicamente de publicar textos, sino de crear objetos que los lectores quieran conservar, hojear y compartir.
La editorial ha promovido su actividad «Poemas por encargo», en la que los poetas escriben en máquinas de escribir poemas instantáneos para el público. Foto / cortesía
De cara al futuro, el editor ve a Kalina reforzando sus vínculos con la cultura salvadoreña, traduciendo nuevas voces y fortaleciendo el diálogo entre literatura y artes visuales. También imagina un catálogo que rescate obras fundamentales del pasado al mismo tiempo que abre espacio a autores emergentes.
Para Caravantes, la literatura no debería aspirar a una voz única, sino a una diversidad de perspectivas que conviven y dialogan. «… aportando a que cada vez se escuchen más voces de distinta naturaleza, porque la literatura no tiene por qué ser una única voz estandarizada y uniforme, sino un coro de voces que conviven y dialogan».
Mantener una editorial independiente durante veinte años en Centroamérica no es tarea sencilla. Las dificultades de distribución, los costos de producción y el tamaño reducido del mercado son desafíos constantes.
Sin embargo, Kalina ha demostrado que existe un público dispuesto a valorar libros cuidadosamente editados y propuestas culturales que apuestan por la calidad.
Taller de écfrasis, donde escritores responden a obras de arte. Foto / cortesía
En ese trayecto, el sello ha logrado consolidar una identidad propia: una editorial boutique que cuida cada detalle del proceso creativo, que entiende la literatura como un diálogo entre disciplinas y que cree en la capacidad de los libros para viajar entre culturas.