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El secreto tras los himnos de Village People, del engaño al edificio que inspiró «Y.M.C.A.»

La música disco de Village People esconde secretos insólitos. El origen real detrás del éxito de «Y.M.C.A.» y la inesperada polémica militar con el Pentágono revelan los entresijos más ocultos de sus canciones más famosas.

Grupo estadounidense Village People
El grupo estadounidense Village People posa durante una sesión fotográfica en París el 20 de mayo de 2008. Foto / AFP

La muerte de Victor Willis, el legendario «policía» de Village People, ha reabierto el baúl de los recuerdos de la era disco.

Pero más allá de las luces de neón y los pantalones de cuero, dos de los éxitos más grandes que Willis coescribió junto al productor Jacques Morali, Y.M.C.A. e In the Navy, esconden secretos insólitos que rozan el absurdo legal y la sátira política.


Hoy en día, Y.M.C.A. (1978) es universalmente reconocida como un pilar de la cultura LGBTQ+. Sin embargo, el entresijo detrás de su creación es una contradicción andante.

Jacques Morali, que era homosexual, se quedó fascinado al ver el icónico edificio de la Young Men’s Christian Association (Asociación Cristiana de Jóvenes) en Nueva York y cómo los hombres jóvenes se ejercitaban allí.

Morali quería una canción que reflejara ese ambiente de camaradería masculina. Sin embargo, Victor Willis —que era heterosexual— siempre insistió en que él escribió la letra desde otra perspectiva: la de un joven afroamericano de Texas que buscaba un lugar barato para jugar al baloncesto y salir adelante en la gran ciudad. «No fue escrita como un himno gay, sino como una canción sobre la juventud urbana», declaró Willis en repetidas ocasiones.

Grupo estadounidense Village People
El grupo de música pop The Village People (de izquierda a derecha, de pie) Ray Simpson, Alexander Briley, Eric Anzalone, (de izquierda a derecha, arrodillados) David Hodo, Felipe Rose y Jeff Olson posan para celebrar su 30 aniversario con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, en Hollywood, California, el 12 de septiembre de 2008. Foto / AFP

Al final, la ambigüedad de la letra fue su mayor éxito: el público la adoptó, la reinterpretó y el resto es historia.

Pero lo más insólito vino después: la propia organización YMCA demandó al grupo por infracción de derechos de autor… para terminar retirando la demanda al darse cuenta de que la canción les estaba dando la mayor campaña de publicidad gratuita del planeta.

«CABALLO DE TROYA» EN LA NAVAL

Si lo de Y.M.C.A. fue un malentendido institucional, lo de In the Navy (1979) fue un golpe maestro de la ironía.

La Marina de los Estados Unidos (U.S. Navy) estaba pasando por una severa crisis de reclutamiento a finales de los setenta. Al escuchar la canción, los altos mandos militares pensaron que era una herramienta perfecta de propaganda para atraer a los jóvenes.

Grupo estadounidense Village People
Promocional del controversial tema «In the Navy» , lanzado en marzo de 1979, mejorado con herramienta de IA. Foto / Wikipedia

En un movimiento inédito, la Marina les dio acceso total a la Base Naval de San Diego y les prestó el imponente buque de guerra USS Reasoner para filmar el video musical.

Aviones sobrevolando, marineros reales bailando de fondo y los Village People —con su estética hipermasculina y cargada de doble sentido— cantando en la cubierta. El Pentágono estaba feliz… hasta que estalló el escándalo.

Varios sectores conservadores y periódicos estadounidenses protestaron airadamente, acusando a la Marina de financiar con dinero de los contribuyentes un video para un grupo musical estrechamente vinculado a la comunidad gay.

La Marina intentó cancelar el trato y prohibir el uso del video para el reclutamiento, pero ya era tarde. La canción se convirtió en un éxito mundial y los Village People terminaron usando publicidad militar gratuita para consolidar su estatus de iconos globales.

DISPUTAS MILLONARIAS

Estos «entresijos» no solo se quedaron en anécdotas pop. Décadas después, Victor Willis protagonizó una larga batalla legal utilizando las leyes de derechos de autor de EE. UU. para recuperar el control total de sus letras. En 2012, un tribunal le dio la razón, permitiéndole reclamar hasta el 50 % de las regalías de estas canciones.

Aquellos temas que nacieron entre la confusión de un gimnasio cristiano y la ingenuidad del Pentágono terminaron convirtiendo al «policía» del grupo en un hombre multimillonario, demostrando que en la música disco, lo insólito siempre paga bien.

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