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“Carnaval de San Miguel”, la canción que enciende la celebración más vibrante del oriente salvadoreño

El xuc de Paquito Palaviccini sigue siendo el motor emocional de una fiesta que, cada noviembre, convierte a San Miguel en un estallido de música, identidad y fraternidad.

Ballet Folclórico de El Salvador
El Ballet Folclórico Nacional de El Salvador presentará su nueva producción. Foto: Ministerio de Cultura

El Salvador baila cada noviembre al ritmo de un himno que ha sobrevivido al paso del tiempo: “Carnaval de San Miguel”, la pieza que Paquito Palaviccini compuso en 1961 y que, desde entonces, se ha convertido en la melodía inseparable de una de las celebraciones más multitudinarias del país.

Este cadencioso xuc, interpretado originalmente por el cantante Gil Medina, no solo acompaña la fiesta; también es el alma de un evento que transforma por una noche a San Miguel en un escenario donde todos se reconocen iguales.

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Paquito Palaviccini, autor del xuc "Carnaval de San Miguel". Foto: Archivo
Paquito Palaviccini, autor del xuc «Carnaval de San Miguel». Foto: Archivo

El Carnaval de San Miguel nació oficialmente en 1959, impulsado por el entonces alcalde Miguel Félix Charlaix, quien buscó reinventar las tradicionales fiestas patronales tomando como referencia el famoso Mardi Gras de Nueva Orleans. La intención no era menor: crear un espacio de encuentro que superara las barreras sociales y diera a la ciudad una identidad festiva propia. Con el tiempo, la idea trascendió cualquier expectativa y terminó por convertirse en un fenómeno cultural que congrega a miles de salvadoreños y extranjeros cada año.

Dentro de ese renacimiento festivo apareció la obra de Palaviccini, cuyo xuc terminó por definir el espíritu del carnaval. La canción, vibrante y profundamente caribeña en su estructura, abrió un nuevo capítulo en la música nacional al capturar la energía colectiva de una celebración breve, intensa y profundamente emotiva.

En 2022, la ciudad rindió homenaje al maestro dedicándole el Carnaval, reconociendo que su composición es hoy un emblema de pertenencia para los migueleños.

Pero detrás del ritmo pegajoso y las trompetas brillantes, la letra de “Carnaval de San Miguel” guarda un mensaje que va más allá de la fiesta. Su estrofa más recordada, “ni pobre, ni rico, ni joven, ni viejo, ni bello, ni feo, ni chele, ni prieto, ni hembra, ni macho…”, sintetiza un ideal de igualdad que, aunque efímero, se vuelve palpable durante esa única noche al año.

Tal como destaca el blog cultural El Salvador Región Mágica, la canción propone un microcosmos utópico en el que las diferencias se desvanecen bajo la luz de las carrozas, al ritmo de las orquestas y en medio del júbilo popular. Es una idea sencilla, pero poderosa: el carnaval es una pausa luminosa en la que toda identidad se diluye para abrazar un sentido común de comunidad.

Xuc Carnaval de San Miguel
Este xuc es una canción obligada de todos los eventos del Carnaval de San Miguel. Foto: Facebook

El xuc mismo nació bajo esa lógica de unión. En 1942, según ese mismo portal, Palaviccini lo creó en las colinas de Cojutepeque, inspirado por los sones, rumbas y sabores que descubrió durante su estancia en Cuba. Aquel primer tema, “Adentro Cojutepeque”, marcó el inicio de un género que mezcla ritmos folclóricos, cadencias caribeñas y una esencia mestiza que refleja la diversidad salvadoreña. Su compás 6/8 y su carácter vibrante dieron forma a una danza alegre, marcada por faldas coloridas, movimientos circulares y un espíritu colectivo que desde entonces se asocia con unidad y resiliencia.

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Así, cada último sábado de noviembre, cuando las calles migueleñas se colman de comparsas, luces y visitantes, la canción de Palaviccini vuelve a sonar como si fuera nueva. Los cuerpos se mueven, las fronteras sociales desaparecen y el xuc recuerda a todos que la fiesta es efímera, pero el sentimiento que deja es eterno.

En ese instante, El Salvador vuelve a encontrarse consigo mismo al ritmo de un himno que ya no pertenece solo a San Miguel, sino a todo un país que lo canta, lo baila y lo celebra.

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