Light
Dark

Artista crea en El Salvador el mural de taparroscas más alto del mundo

El muralista venezolano Óscar Olivares crea en la colonia Zacamil la obra con tapitas más alta del mundo. La «Gioconda salvadoreña” es símbolo de esperanza y libertad.

Mural de taparroscas en la Zacamil
En la colonia Zacamil se está levantando un colorido mural hecho con tapas de envases. Su creador es el artista venezolano Oscar Olivares. Foto EDH / Jorge Reyes

En uno de los edificios de condominios del Centro Urbano José Simeón Cañas, conocido popularmente como La Zacamil, en el distrito de Mejicanos, San Salvador, una figura femenina comienza a emerger entre miles de puntos de color. A más de 13 metros de altura, la obra del muralista venezolano Óscar Olivares no solo transforma el paisaje urbano, sino que promete convertirse en la pieza elaborada con taparroscas más alta del mundo, según afirma el propio artista.

El mural, aún en plena elaboración, representa una “Gioconda salvadoreña”. Inspirado en la célebre pintura de Leonardo da Vinci, Olivares adapta el ícono del Renacimiento para rendir homenaje a la mujer centroamericana y, al mismo tiempo, simbolizar el renacimiento que, a su juicio, vive El Salvador y Latinoamérica desde la pandemia de 2020.

“La imagen del mural puede ser cualquier mujer, porque el renacimiento de El Salvador y de Latinoamérica está en cada persona”, explica el artista, mientras supervisa los últimos detalles de la composición.

La figura, de rasgos que evocan a la mujer cuscatleca sin estar inspirada en alguien específico, parece mirar serenamente a quienes transitan por la zona, transmitiendo una sensación de esperanza y libertad.

La monumental obra está compuesta por cien mil taparroscas de distintos tamaños y colores. Ninguna fue pintada; cada pieza conserva su tonalidad original. La técnica, que recuerda al puntillismo, convierte cada tapa en un punto de color que, visto a la distancia, construye un retrato vibrante y armónico.

Mural de taparroscas en la Zacamil
Oscar Olivares, creador del vistoso mural. Foto EDH / Osmín Monge

Reciclaje y arte

La idea de utilizar tapas de plástico como materia prima nació en 2019, tras una visita al Museo d’Orsay, en París. Allí, Olivares contempló las pinturas puntillistas, especialmente las del artista francés Paul Signac. Aquella experiencia le reveló que el arte podía construirse a partir de pequeños puntos de color, y que las taparroscas, lejos de ser un desecho, podían resignificarse como material artístico.

“Entendí que las tapas no son basura, sino que pueden convertirse en arte. Son puntos de color que, unidos, cuentan una historia”, relata. Desde entonces, ha perfeccionado la técnica y la ha llevado a distintas partes del mundo.

La obra en la colonia Zacamil es el mural número 46 que realiza en su carrera y el primero en El Salvador. Ha creado piezas en once países, entre ellos Panamá, su natal Venezuela, Aruba, México, Italia, Suiza, Alemania y Arabia Saudita. Ahora, gracias a la invitación de Custom Made Stories Foundation, suma territorio salvadoreño a su recorrido artístico.

Pero el proyecto no sería posible sin la participación de la comunidad. Habitantes de la colonia Zacamil, la Asociación Salvadoreña de Recolectores y Recicladores (Asonares) y recicladores de base dedicaron meses a recolectar las taparroscas, clasificarlas por color y lavarlas cuidadosamente. El proceso, además de colaborativo, ha sido pedagógico: demuestra que el reciclaje puede trascender lo utilitario y convertirse en una expresión de identidad colectiva. A esta iniciativa se sumó el colectivo artístico Full Painting, cuyos integrantes han intervenido durante los últimos dos años una veintena de fachadas en la colonia, llenándolas de murales de gran formato. Su meta es convertir la zona en un museo abierto, donde el arte urbano dialogue con la vida cotidiana.

“Miembros de este colectivo se han encargado de los otros murales en La Zacamil y de la intervención de otros espacios públicos en El Salvador. Su ayuda ha sido muy significativa, porque es la primera vez que en un país el equipo que me apoya son artistas también”, destaca Olivares, originario de Caracas, Venezuela.

Mural de taparroscas en la Zacamil
Para la creación del mural se utilizaron cien mil tapas de diferentes colores- Foto EDH / Osmín Monge

El muralista llegó al país hace tres semanas y espera concluir la obra en los próximos días. Los trabajos avanzan a ritmo constante: andamios, bolsas de tapas clasificadas y manos voluntarias conforman la escena diaria frente al edificio intervenido.

La elección de la Gioconda como referencia no fue casual. El año pasado, Olivares realizó un viaje de 40 días por Italia que lo conectó profundamente con el arte renacentista.

“Sentí que El Salvador y Latinoamérica también están experimentando un renacimiento. Entonces pensé: ¿cómo plasmar eso? Aprovechamos que teníamos un mural vertical, porque casi todas mis obras son horizontales”, comentó.

La verticalidad del muro representó un desafío técnico y conceptual. La sonrisa enigmática de la figura debía adaptarse a un formato distinto, sin perder equilibrio ni proporción. Cada tapa fue pegada meticulosamente a la pared para lograr los matices necesarios en el rostro, el cabello y el fondo.

Mural de taparroscas en la Zacamil
Oscar Olivares junto a miembros de colectivo salvadoreño Full Painting. Foto EDH / Osmín Monge

Transformación estética

Para Olivares, el arte implica una dimensión espiritual.

“Cuando un artista es libre realmente se convierte en un canal por el que Dios se puede manifestar en la tierra. Si uno piensa demasiado en complacer a la gente, se cohíbe y hace un arte que no es auténtico”, reflexiona. No obstante, reconoce la importancia de escuchar a la comunidad, especialmente en intervenciones urbanas que impactan directamente en el entorno.

Y ese impacto ya es visible. Aunque el mural no está completamente terminado, vecinos y visitantes se detienen a observarlo y a tomar fotografías. Don Guillermo Gómez, habitante de la zona, expresa su asombro: “Hace algunos años era impensable que hubiera algo tan bonito aquí. Esto le da un aspecto diferente”.

La transformación estética de La Zacamil es parte de un proceso más amplio. Durante décadas, la colonia fue asociada con problemáticas sociales y estigmas. Hoy, el color y el arte buscan resignificar esos espacios, proyectando una imagen distinta hacia dentro y fuera de la comunidad.

El trabajo con taparroscas también envía un mensaje ambiental. En un contexto donde el plástico es uno de los principales contaminantes, reutilizar cien mil piezas en una sola obra evidencia el potencial del reciclaje creativo.

Olivares espera que la “Gioconda salvadoreña” se convierta en un hito no solo para el arte urbano del país, sino para la manera en que las personas perciben los materiales descartables.

Mural de taparroscas en la Zacamil
El mural le da un aspecto colorido a la colonia. Foto EDH / Osmín Monge

Pintor de esperanza

Los inicios del artista explican en parte su sensibilidad social. Desde niño tuvo contacto con el dibujo y la pintura gracias al apoyo de su familia, que lo inscribió en cursos de arte. A los 14 años comenzó a publicar sus trabajos en redes sociales. La viralización de sus ilustraciones le abrió puertas para colaborar con marcas y empresas tanto en Venezuela como en el extranjero.

“Mi arte ha buscado hacer tangible lo intangible. Me interesa pintar esperanza, emociones y luz donde haya oscuridad. Eso ha evolucionado hasta llegar a un arte que conecta con la parte más emocional y con el alma del espectador”, afirma.

Esa búsqueda se refleja en cada tapa colocada en La Zacamil. Desde cerca, el mural parece un mosaico caótico de círculos de plástico; desde lejos, se convierte en un rostro sereno que invita a la contemplación. La obra dialoga con el pasado renacentista europeo y con la realidad contemporánea latinoamericana, uniendo historia y presente a través del color.

Cuando el último punto sea colocado y los andamios retirados, la “Gioconda salvadoreña” quedará como testimonio de un momento en que arte, comunidad y reciclaje convergieron.

Más que un récord de altura, el mural aspira a consolidarse como símbolo de esperanza y libertad, recordando que incluso los materiales más simples pueden dar forma a una nueva narrativa urbana.

Patrocinado por taboola