Alberto López Serrano, director del FIPAL, detalla cómo la 13ª edición de esta jornada poética reúne únicamente a mujeres para renovar ciclos, reivindicar la memoria de Amada Libertad y descentralizar el arte en El Salvador. Inicia este domingo 8.
Alberto López Serrano, director del FIPAL, detalla cómo la 13ª edición de esta jornada poética reúne únicamente a mujeres para renovar ciclos, reivindicar la memoria de Amada Libertad y descentralizar el arte en El Salvador. Inicia este domingo 8.

Organizar un festival independiente de poesía en El Salvador durante trece años consecutivos requiere una convicción que raya en la necedad.
Para Alberto López Serrano, poeta y director del Festival Internacional de Poesía Amada Libertad (FIPAL), sostener este espacio cultural en un entorno adverso ha sido un acto de resistencia y fe colectiva.
En su 13ª edición, que se celebra del 8 al 14 de noviembre de 2026, el FIPAL da un giro trascendental al convocar exclusivamente a voces femeninas. Este domingo inicia a las 4:00 de la tarde en el Parque Cuscatlán.
Más allá de un mero gesto estético o de género, esta decisión obedece a la cosmovisión maya de la renovación de ciclos y al espíritu de justicia social que definió la vida y obra de Leyla Patricia Quintana Marxelly «Amada Libertad».
Fiel a la premisa de que la poesía debe llegar a todos los rincones, la programación de esta edición 2026 abandona nuevamente la rigidez de los teatros tradicionales para penetrar en comedores populares, panaderías, recintos universitarios y parques públicos de San Salvador, Chalatenango, Sonsonate y Santa Ana.

En la siguiente entrevista con eldiariodehoy.com vía mensajería, López Serrano analiza los significados del lema «Poesía hasta el tope», los desafíos económicos para recibir a autoras internacionales y locales, y el impacto real de construir tejido social desde la trinchera de la palabra libre.
En esta 13ª edición destaca que participarán únicamente poetas mujeres. ¿Qué motivó la decisión de dedicar completamente la programación a las voces femeninas este año y qué mensaje busca transmitir el festival al respecto?
Esencialmente la idea se generó a partir de la energía maya del número 13, el cierre honroso de un ciclo y la renovación para otro, la liberación que da pie al crecimiento espiritual. Y todo esto está hondamente relacionado con la energía femenina de la creación. La luna y sus ciclos. También mi amiga y escritora cuscatleca Yamar Durán me decía que este festival se abre en una fecha de energía que representa la justicia y la verdad y eso se relaciona con la vida y obra de Amada Libertad, y a su vez es la energía nahuat que representa a artistas.
A partir de eso se puede decir que el Festival pretende renovar sus fuerzas a través de la poderosa energía de las mujeres y, con ello, también seguir poniendo en la mesa la búsqueda de justicia social —que Amada Libertad buscaba y su obra es el testimonio que dialoga con el ahora nuestro. Esa es la sensibilidad que llevó a que solamente poetas mujeres den vida a esta edición del FIPAL.
¿Cómo se refleja la memoria y la poesía de Amada Libertad en el lema «Poesía hasta el tope» y en las actividades pensadas para las nuevas generaciones?
Sin duda el lema se relaciona con la ofensiva final guerrillera de noviembre de 1989. Leyla participó en esa ofensiva. Desde el símbolo, podría decir que significa optar por la poesía hasta las últimas consecuencias o hasta que ya no se pueda más… En este país lo más fácil sería abandonar los proyectos culturales ante la falta de apoyo, quejarse de la precariedad desde que se trabaja la gestión cultural y tal… Pero los ciclos se renuevan.

Este festival cada año va cuesta arriba para poder realizarse. Entonces se integra la memoria y la historia reciente de El Salvador al llevar el festival como bandera el nombre y el legado de Amada Libertad y su claridad de consciencia. Su madre Argelia Marxelly ha sido la incansable difusora de la obra de su hija, una memoria personal o familiar vuelta una representación del duelo nacional por los agravios que el pueblo todavía sigue viviendo.
Para las nuevas o recientes generaciones podría plantearse una vida consciente del tiempo que les ha tocado vivir y, por supuesto, de ser persistentes, de la necedad —y necesidad— de seguir apostando por el arte en contextos tan adversos. Alzar la bandera de la poesía hasta el tope.
¿Por qué es fundamental sacar la poesía de los espacios tradicionales y llevarla a la cotidianidad de la gente?
Este año se van a leer poemas en una panadería y en un comedor popular, por ejemplo, aparte de centros culturales y cafés. Es una maravilla. Roque Dalton dice muy famosamente que la poesía es como el pan, de todos. De todas las personas. De algún modo es unirnos a estos espacios alternativos que han apostado por la literatura. Por ejemplo, en el comedor Delicias de la Abuela en la colonia Costa Rica se han venido desarrollando por más de un año charlas y lecturas quincenales que no sólo abordan asuntos de mera poesía, sino también de salud mental y convivencia ciudadana.
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¡Qué importante! El Festival busca decir que ninguna persona es ajena a la poesía, a la creación, al arte. Ahí reside la esencia del festival también, en la comunidad. Amada Libertad escribía para el pueblo expresamente. Obviamente ha habido lecturas en una gran diversidad de recintos en todo el territorio. Si tomo personalmente la pregunta, creo que el Festival se vive con más fuerza con las infancias preguntonas de La Casa Verde entre la naturaleza selvática de Santo Tomás (San Salvador) o la juventud inquieta de Mercedes Umaña (Usulután) que después de sus exámenes finales deciden ir libremente a escuchar y leer su poesía.
Sin duda también reconocemos que en todos los territorios hay poetas y, sin duda, gestores locales maravillosos que hacen que el Festival sea posible nacionalmente.


El festival reunirá a poetas de países como Colombia, Bolivia, Guatemala, Panamá, Perú y Honduras, junto a escritoras consolidadas y emergentes del país. ¿Cómo se enriquece la poesía salvadoreña a través de este diálogo cultural y cuál ha sido el reto logístico para garantizar su estancia?
El intercambio de inquietudes temáticas, estilísticas y hasta los formatos de presentación o publicación de libros enriquece, abre posibilidades, además del aprendizaje de lo que está gestándose y hablándose en otras latitudes de nuestra América, para el caso. Escuchar qué hermana o diferencia a las voces salvadoreñas que residen aquí o en otros países. Cuáles son sus búsquedas.
El reto logístico cada año es conseguir dinero para garantizar alojamiento, comidas, transportación local. Sí, ya trece años y el Festival se ha ido abriendo un nombre en el ámbito poético regional y más allá sin buscar apelativos grandilocuentes; sin embargo, económicamente es un espacio cultural limitado. La comunidad respalda. Leyla es siempre una buena estrella. Lo más fácil, como dije, sería ya no hacerlo. Un festival contrario diría el gobierno actual. Mejor que así lo sea. Y seguimos ya pensando en la 14 edición…
Tras 13 ediciones, ¿cuál considera que es el mayor logro del FIPAL en la construcción de memoria y tejido social en El Salvador?
El mayor logro ha sido la cohesión y la confianza en la red de apoyos culturales. Indispensable. La comunidad. El trabajo del festival ha sido transparente y plural. El festival no le debe a nadie. El lema de 2014 para el primer festival fue «Amada Libertad, llevada por el viento», propuesta de la poeta Kenny Rodríguez.
La voz de la Leyla se ha esparcido y ha movido a muchas personas a través del FIPAL. Su madre Argelia confía en esa voz. Yo confío en esa voz.
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