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Palabras/Silenciosos asesinos del amor

Los mismos que una vez juraron amarse, respetarse y comprenderse se
tornan de pronto en dos seres diferentes y lejanos. “Aquellos los de
entonces, ya no somos los mismos” –decía el poeta de Isla Negra a su
amada Matilde.

Son los silenciosos asesinos del amor. Que están ocultos allí –en el
suburbio y el alma—y afloran al primer momento de la separación.
Infidelidad, tedio, maltratos, diferencias morales, de criterio y
temperamento, problemas económicos… son las causas más comunes de los millares de divorcios que ocurren cada día en el mundo. ¿Qué estará pasando con estos desdichados náufragos del amor? –preguntaremos. Los mismos que una vez juraron amarse, respetarse y comprenderse se
tornan de pronto en dos seres diferentes y lejanos. “Aquellos los de
entonces, ya no somos los mismos” –decía el poeta de Isla Negra a su
amada Matilde. Ya que en verdad cada día cambia el ser humano que una
vez fuimos y que en algunos casos modeló el amor y en otros el olvido.
El tedio y la rutina matan el deseo, la admiración y la dicha sexual.
Tenemos que re inventar a diario nuestro amor y nuestro esplendoroso
idilio de seres tercos y fugaces. El maltrato es otro oculto y
tenebroso verdugo del amor, cuando se pierden la piedad y el respeto
humanos. La infidelidad natural y la traición siguen luego con sus
puñales invisibles y dolorosos. Porque la cultura y el dogma nos
hicieron seres clonados, sujetos a la esclavitud moral. La tradición y
la civilización troquelaron al ser inexistente –monógamo y casto—que
al final resultó ser humano y asesinó sin querer al verdadero amor.

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