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Glucosa alta: las señales en tus ojos que provocan ceguera

Glucosa y ceguera: especialistas advierten que el descontrol metabólico daña la vista en silencio. Conoce cómo prevenirlo y monitorear tu salud ocular

Los profesionales recomiendan verificar la glucosa periódicamente para evitar daños en la visión. Foto EDH/Ilustración

Las elevaciones silenciosas de la glucosa en la sangre dañan microscópicamente los vasos sanguíneos del ojo hasta provocar ceguera irreversible si no se detectan a tiempo. 

Así lo advierten el oftalmólogo Jaime Ávila Guerra y la especialista en monitoreo continuo de glucosa Patricia Argueta de Cativo, quienes señalan que la retinopatía diabética avanza sin dolor ni molestias iniciales, comprometiendo la retina y la mácula mucho antes de que el paciente presente visión borrosa o pérdida del campo visual.

Esta advertencia se da en el marco del Día Mundial de la Visión —conmemorado el segundo jueves de octubre, fecha que en 2026 cae este 8 de octubre—, una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Internacional para la Prevención de la Ceguera (IAPB) orientada a concienciar sobre la salud ocular y la prevención de enfermedades que causan ceguera en la población.

Un daño progresivo y silencioso

El doctor Ávila aclara que en el panorama de la salud visual existen tres patologías principales causantes de la mayoría de casos de ceguera: las cataratas, el glaucoma y la retinopatía diabética. 

Esta última es una enfermedad vascular derivada de problemas de circulación e irrigación en la retina. 

«El camino de la retinopatía diabética sin tratamiento es siempre ceguera», enfatiza el especialista, detallando que la patología inicia de forma no proliferativa hasta evolucionar a etapas proliferativas donde se forman vasos sanguíneos anormales y membranas que terminan desprendiendo la retina.

Por su parte, la doctora Argueta de Cativo recalca que el principal peligro radica en que el daño se genera progresivamente sin dar señales evidentes de alerta. 

«El no tener un control adecuado de nuestros niveles de glucosa podría poner en riesgo nuestra salud visual, ya que esas elevaciones que a veces no nos damos cuenta pueden dañar microscópicamente nuestros vasos sanguíneos y esto va dañando poco a poco los tejidos», aclara. 

Y añade que la mayoría de las personas consulta al médico cuando ya experimenta visión borrosa, desconociendo que la causa de fondo es el descontrol metabólico.

El oftalmólogo explica además que la patología suele comenzar en la periferia de la retina, lo que permite al paciente conservar la visión central y asumir falsamente que sus ojos están sanos. 

Asimismo, subraya que el factor determinante para el desarrollo de la retinopatía es el tiempo transcurrido desde el diagnóstico de la diabetes. 

«Todos los diabéticos, controlados y no controlados, van a tener retinopatía diabética; obviamente, los que están más controlados van a tener una forma menos agresiva y un poco menos compleja de tratar», puntualiza Ávila.

Avances en el monitoreo y prevención temprana

Para evitar tratamientos complejos y de elevado costo económico —como procedimientos con láser, inyecciones oculares o intervenciones quirúrgicas avanzadas—, la doctora Argueta de Cativo enfatiza el papel del monitoreo continuo de glucosa mediante sensores cutáneos. 

A diferencia de la medición tradicional con glucómetro y pinchazo, este tipo de herramientas realiza lecturas minuto a minuto durante 15 días, lo que facilita a los especialistas detectar patrones y tomar decisiones terapéuticas a tiempo.

La profesional advierte que las complicaciones vasculares del ojo no conciernen únicamente a pacientes con diabetes, sino también a quienes viven con obesidad, sobrepeso u otras enfermedades metabólicas y cardiovasculares. 

Del mismo modo, advierte un cambio en los patrones de edad: «Antes veíamos estos problemas de salud arriba de los 40 años; hoy estamos viendo jóvenes con problemas visuales debido a alteraciones en la glucosa, incluyendo adolescentes arriba de los 12 años y adultos jóvenes».

Frente a este escenario, ambos especialistas concluyen en que la prevención requiere un compromiso integral: realizar un chequeo oftalmológico anual exhaustivo —más allá de una revisión óptica convencional—, mantener un control médico continuo, realizar actividad física periódica y cuidar los hábitos alimenticios cotidianos.

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