Para Centroamérica, particularmente el corredor seco que incluye a El Salvador, Guatemala y Honduras, una de las principales preocupaciones es la combinación de sequía, disponibilidad de agua y seguridad alimentaria
Para Centroamérica, particularmente el corredor seco que incluye a El Salvador, Guatemala y Honduras, una de las principales preocupaciones es la combinación de sequía, disponibilidad de agua y seguridad alimentaria

El fenómeno de El Niño dejó de ser exclusivamente una variable meteorológica. Para la salud pública representa un modificador de riesgos epidemiológicos capaz de alterar la distribución de enfermedades, la disponibilidad de agua y alimentos, la exposición al calor y la capacidad de respuesta de los servicios sanitarios.
El escenario actual merece atención. La OPS reporta que El Niño 2026–2027 continúa fortaleciéndose y que existe una probabilidad superior al 90% de que alcance una intensidad muy fuerte. ?.
Desde una perspectiva epidemiológica, cinco factores de riesgo deben ser vigilados.
Primero: estrés térmico. El incremento de temperaturas puede producir deshidratación y enfermedad por calor y, al mismo tiempo, descompensar enfermedades cardiovasculares, renales, respiratorias y metabólicas. La evidencia regional confirma que el calor extremo representa un riesgo creciente para la salud.
Segundo: disponibilidad y calidad del agua. La sequía puede reducir el acceso al agua segura y favorecer su almacenamiento doméstico; posteriormente, lluvias intensas pueden contaminar fuentes y sistemas de abastecimiento.
Tercero: modificación de los ciclos de transmisión vectorial. Temperatura, humedad y precipitación pueden modificar la reproducción, supervivencia y distribución de mosquitos. La OPS identifica dengue, chikunguña, Zika y malaria entre las enfermedades sensibles a estas variaciones.
Cuarto: inseguridad alimentaria y deterioro nutricional. Menor producción agrícola, pérdida de cosechas y aumento de precios pueden incrementar la vulnerabilidad nutricional, particularmente en niños y hogares con menor capacidad económica.
Quinto: deterioro de la calidad ambiental y presión sobre los servicios sanitarios. Sequías, incendios, humo, calor extremo y eventos hidrometeorológicos pueden incrementar enfermedades respiratorias y simultáneamente afectar agua, electricidad, medicamentos, cadenas de suministro y continuidad asistencial.
En el perfil epidemiológico salvadoreño, diez grupos de enfermedades y condiciones merecen vigilancia reforzada:
1. Dengue. Probablemente constituye la principal alerta vectorial por la presencia endémica de Aedes aegypti.
2. Chikunguña.
3. Zika.
4. Malaria, como enfermedad que requiere vigilancia epidemiológica ante modificaciones ambientales y de movilidad poblacional.
5. Enfermedades diarreicas agudas, particularmente ante problemas de disponibilidad, almacenamiento o contaminación del agua.
6. Hepatitis A y otras enfermedades transmitidas por agua y alimentos.
7. Leptospirosis, especialmente cuando períodos secos son seguidos por lluvias intensas, inundaciones o contacto con aguas contaminadas.
8. Enfermedades respiratorias, cuyo riesgo puede incrementarse por humo, incendios forestales y contaminación atmosférica.
9. Enfermedades cardiovasculares y renales, susceptibles de descompensación durante períodos de calor extremo y deshidratación.
10. Desnutrición e inseguridad alimentaria, que deben considerarse como resultados sanitarios y no únicamente como problemas sociales.
Pero existe una consideración fundamental: El Niño no produce automáticamente una epidemia. Produce condiciones que pueden aumentar la probabilidad de determinados eventos. La magnitud final dependerá de la intensidad y distribución del fenómeno, las condiciones ambientales locales, la inmunidad poblacional, el comportamiento humano, el control vectorial, el acceso al agua y la capacidad de respuesta sanitaria.
Por ello, la verdadera respuesta no puede limitarse a contar enfermos. El Salvador necesita integrar vigilancia epidemiológica + información meteorológica + vigilancia entomológica + vigilancia nutricional + monitoreo de agua + sistemas de alerta temprana.
La ciencia moderna ya no debe preguntarse únicamente qué enfermedades están aumentando.
Debe preguntarse qué condiciones ambientales están anunciando cuáles enfermedades mañana.
Porque cuando una epidemia llega al hospital, la prevención llegó tarde.
La salud pública del futuro no será la que mejor trate las consecuencias del cambio climático; será la que tenga la inteligencia epidemiológica para anticiparlas.
Médico.
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