Ya se ve, patria mía, en tu oriente
nuevo sol esparcir claridad,
ya podemos con voz reverente
pronunciar, Dios, Unión, Libertad.
La Granadera
Himno de Centroamérica
Ya se ve, patria mía, en tu oriente
nuevo sol esparcir claridad,
ya podemos con voz reverente
pronunciar, Dios, Unión, Libertad.
La Granadera
Himno de Centroamérica
Hecha la Independencia, Agustín de Iturbide, autoproclamado emperador de México, rápidamente anexionó a Centroamérica. Ante el rechazo en El Salvador, las fuerzas mexicanas bajo el mando del general Vicente Filísola sofocaron la rebelión de los liberales salvadoreños.
De hecho, la anexión a México era uno de los puntos de discordia que dividían a los liberales, contrarios a ser parte de México por preferir una Centroamérica federal e independiente, y a los conservadores, que eran favorables.
Tras la caída de Iturbide, el 24 de junio de 1823 se convocó el Congreso General de las Provincias Centroamericanas que pocos días después adoptó el nombre de Asamblea Nacional Constituyente. El 1º de julio de ese año emitió la Declaración de Independencia Absoluta de Centroamérica con el nombre de Provincias Unidas del Centro de América, un sistema federal y Ciudad de Guatemala como capital. México reconoció la independencia del nuevo país, y el general Filísola y sus tropas se retiraron.
El 22 de noviembre de 1824, las Provincias Unidas adoptaron una constitución federal y el nombre se cambió a República Federal de Centro América. Los liberales se habían impuesto, pero los conservadores estaban lejos de haber sido derrotados y continuaron su lucha; y la región como un solo país fue un experimento de corta duración, ya que para 1839 todas las provincias, a excepción de El Salvador, se habían separado de la unión. En 1839, John Lloyd Stephens, abogado y aventurero, llegó como enviado de los Estados Unidos para contactar al gobierno federal y establecer relaciones diplomáticas. Su travesía de diez meses por la selva le valió fama tanto como escritor de viajes como arqueólogo, pero como recuerda la revista The Economist en el artículo titulado Central America, Small, vulnerable – and disunited (Centroamérica: pequeña, vulnerable y desunida), su labor diplomática tuvo menos éxito y, así, envió un elocuente mensaje a su gobierno: tras una búsqueda exhaustiva “no se encontró gobierno alguno”.
El Salvador, al quedar solo, declaró su independencia de la unión el 2 de febrero de 1841. A partir de entonces, afirma Richard A. Haggarty en el libro El Salvador: A Country Study, The United Provinces of Central America (El Salvador: Estudio de país, Las Provincias Unidas de Centroamérica), aunque sus destinos permanecerían entrelazados y se intervendrían mutuamente en sus asuntos de manera habitual en los años venideros, los países de Centroamérica funcionarían desde ese momento como miniestados fragmentados y competitivos, fácilmente explotables por potencias extranjeras.
Cambiarán ya tu vida y tu suerte
un sólo hombre tus hijos serán
ya entre ellos no habrá guerra a muerte
y dichosos tu bien labrarán.
La Granadera
La unión centroamericana fracasó por muchas razones y, entre ellas, se pueden mencionar:
La visión de los conservadores era diametralmente opuesta, ya que defendían políticas económicas más proteccionistas y abogaban por el papel tradicional de la Iglesia como principal árbitro moral y garante del statu quo social y político.
El anticlericalismo fue un sentimiento generalizado y profundamente arraigado en América Latina a lo largo del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX. Los anticlericales, en su mayoría intelectuales o políticos, consideraban a la Iglesia católica como un obstáculo importante para el progreso y la democracia.
Edward Livingston, que fue secretario de Estado de Andrew Jackson, redactó el código para Luisiana, pero la legislatura estatal lo rechazó en 1826. Tiempo después ofreció los textos al líder liberal guatemalteco José Francisco Barrundía.
Ya podrás alcanzar pura gloria,
de tus próceres sueño tenaz
y el laurel de tu espléndida historia
será signo de triunfo y de paz.
La Granadera
Los nuevos países del istmo centroamericano eran débiles y estaban fragmentados, con una viabilidad como Estados-nación altamente cuestionable, como el tiempo demostraría, y contaban con fronteras indefinidas en algunas zonas, lo que generaría grandes tensiones entre ellos durante décadas e incluso siglos.
En todo caso, un breve momento de unidad ocurrió entre 1856 y 1857 para luchar contra William Walker, un filibustero estadounidense que se había apoderado de Nicaragua. William Walker, dice Edward S. Kaplan en U.S. Imperialism in Latin America: Bryan’s Challenges and Contributions, 1900-1920 (El imperialismo estadounidense en América Latina: los desafíos y las contribuciones de Bryan [William Jennings Bryan] 1900-1920), era un soldado de fortuna de Tennessee que tomó el control de Nicaragua con cincuenta y siete hombres y la ayuda del Partido Liberal nicaragüense. Esperaba amasar una fortuna considerable dominando el comercio del istmo, y aspiraba a que los Estados Unidos anexionaran Nicaragua como un posible estado esclavista. Sin embargo, continúa diciendo Edward S. Kaplan, el aventurero estadounidense cometió una serie de errores garrafales al intentar interferir con la Accessory Transit Company de Cornelius Vanderbilt, que tenía importantes intereses financieros en Nicaragua.
Salve, patria tu hermosa bandera
luce al viento, del cielo el color,
a su sombra juramos doquiera
a vencer o morir por tu honor.
La Granadera
Curiosamente, los cinco países que resultaron del fracaso de la Federación Centroamericana vivieron tres independencias: de España, de México y de sí mismos. Desde la disolución de la Federación, ha habido varios intentos, todos fracasados, de reconstruir la Unión. En el libro Historia de El Salvador 2 que publicó el Ministerio de Educación en 2009, se presenta un resumen de aquellos intentos:
A estos hay que añadir el del presidente guatemalteco Justo Rufino Barrios que, aprovechando su superioridad militar, intentó reunificar la región, pero murió en una batalla en Chalchuapa, El Salvador, y con él la última esperanza real de lograr ese objetivo.
Desde la década de 1950, a pesar de numerosos altibajos, se han realizado importantes esfuerzos orientados a la integración, aunque no de unión política. En todo caso, cabe destacar la existencia de un espíritu centroamericano y de una nostalgia por la Federación, pero las fuerzas de la desunión continúan siendo más fuertes y, mientras tanto, cada país sigue en la búsqueda de una viabilidad en tanto que Estado nacional en un mundo cada vez más complejo.
Abogado y diplomático salvadoreño.
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