El talento no siempre pierde frente a alguien mejor preparado. A veces pierde frente a alguien que vio la publicación primero.
El talento no siempre pierde frente a alguien mejor preparado. A veces pierde frente a alguien que vio la publicación primero.

Hay becas que no se pierden por falta de talento, sino porque Instagram decidió que era más urgente mostrarnos una receta de pizza saludable y un video de alguien ordenando un refrigerador que jamás se ha parecido al nuestro.
La convocatoria estaba publicada. Nosotros simplemente nunca nos enteramos.
Vivimos en la época con mayor acceso a información y, aun así, encontrar una oportunidad continúa pareciéndose a buscar un tesoro. Hay que seguir la cuenta correcta, pertenecer al grupo correcto, conocer a la persona que comparte enlaces o tener una tía que, inexplicablemente, se entera de todas las becas antes que las universidades.
Después llegan los anuncios de plazas, cursos y financiamientos con una frase que parece amenaza: “Últimos días para aplicar”. Últimos para ellos, primeros para uno, que acaba de descubrir que la oportunidad llevaba tres semanas circulando entre un afiche ilegible y cuarenta hashtags.
Nos gusta creer que publicar algo equivale a hacerlo accesible. Subimos la convocatoria, colocamos un enlace en la biografía y damos por cumplida la misión social. Si nadie aplicó, concluimos que no había interés. Jamás que la información llegó tarde, estaba escrita para especialistas o quedó sepultada bajo un algoritmo más interesado en retenernos que en nuestro futuro.
Esa también es desigualdad.
No todas las personas empiezan con el mismo acceso a contactos, orientación o información. Algunas crecen sabiendo qué es una carta de motivación, cómo solicitar una recomendación y dónde buscar una beca. Otras descubren esos términos mientras intentan completar un formulario que se cierra a medianoche. El talento puede estar distribuido; los manuales secretos para convertirlo en oportunidad, no tanto.
Existen plataformas digitales como TuChance de la Fundación Gloria Kriete. Es una plataforma que intenta ordenar parte de ese caos. Reúne oportunidades de empleo, educación, capacitación y emprendimiento gratuitamente. La Fundación reporta más de 101 mil usuarios registrados. La cifra revela una necesidad: no faltan personas buscando avanzar; faltan puentes comprensibles entre ellas y lo que existe.
Pero conviene no confundir una plataforma con una solución mágica. Digitalizar una oportunidad no elimina las barreras. Quien no tiene conexión estable, habilidades digitales, tiempo para navegar o confianza para postularse sigue quedándose fuera. Internet puede democratizar el acceso, pero también puede modernizar la exclusión y ponerle un botón bonito.
El valor de iniciativas como TuChance no está solo en acumular convocatorias. Está en reconocer que la información también es infraestructura social. Una beca desconocida no educa a nadie. Una vacante que nunca llega al candidato adecuado no genera empleo. Un curso escondido en un laberinto de enlaces no desarrolla capacidades. La oportunidad existe en serio cuando alguien puede encontrarla, entenderla y utilizarla.
Por eso las instituciones deben dejar de medir su generosidad por el número de publicaciones. “Alcanzamos a diez mil personas” puede significar que diez mil teléfonos desplazaron la imagen con el pulgar. Comunicar impacto requiere lenguaje claro, difusión fuera de las burbujas, acompañamiento al aplicar y seguimiento para saber si la conexión produjo algo más que una estadística.
También exige revisar formularios diseñados como pruebas de resistencia. Si para solicitar una oportunidad destinada a personas con recursos limitados se necesitan siete documentos, tres constancias, internet veloz, impresora, escáner y la paciencia de un monje, quizá no estamos seleccionando al mejor candidato. Estamos seleccionando al que logró sobrevivir al trámite.
No se trata de entregar becas o empleos a quien no cumple los requisitos. Se trata de garantizar que cumplirlos no dependa de haber aprendido, por herencia social, dónde buscar y cómo presentarse. El mérito importa, pero primero debe llegar a tiempo al formulario.
El talento no siempre pierde frente a alguien mejor preparado. A veces pierde frente a alguien que vio la publicación primero.
Una oportunidad escondida en el enlace de una biografía no es una oportunidad pública. Es un huevo de Pascua para personas con buen internet.
Podemos seguir culpando a los jóvenes por “no aprovechar” lo que nunca supieron que existía. O podemos construir sistemas que no obliguen a depender de contactos, casualidades o de que el algoritmo, entre una pizza sin harina y un diagnóstico sentimental, decida mostrarles el futuro.
Porque una oportunidad que nadie encuentra no transforma una vida. Ocupa espacio en una página web.
Alejandra Gavidia
Consultora política y Miss Universo 2021
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