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Un día del espejismo

Después de escuchar la voz de los espejos del bazar, encontramos en el suelo de la larga alameda los charcos de lluvia que también son espejos que asoman para mirarnos y decirnos su verdad al paso

Un día el espejo nos lo dirá todo. Los cuentos y leyendas antiguas hablan de espejos encantados que podían hablar. La voz que oyó en el espejo la malvada madrastra de la Bella Durmiente era la misma voz de su consciencia, de su alma entristecida. Así un día también a nosotros el espejo nos dirá su verdad. El espejo del baño matinal. El espejo de los escaparates y vidrieras del bazar. Los mismos espejos de la lluvia en la alameda. Un día los charcos y espejismos de la urbe sin luz nos hablarán. Como en los cuentos.

El espejo del baño nos dirá lo que nadie nos dijo y quizá le respondamos lo que a nadie más pudimos confesar. Él es ante quien desnudamos el cuerpo y el alma. Los baños son santuarios donde se purifica el cuerpo y el ser. La vidriera del bazar –por su parte- nos dirá también su verdad: “Eres el desdichado transeúnte que busca en los escaparates la codiciada mercancía de su felicidad.” Después vemos el precio. El maniquí –entre tanto- nos mira con sus ojos de vidrio,
llenos de brillo y humedad. Él también parece decirnos tantas cosas de nuestra escondida y mundana verdad. Después de escuchar la voz de los espejos del bazar, encontramos en el suelo de la larga alameda los charcos de lluvia que también son espejos que asoman para mirarnos y decirnos su verdad al paso. Un día entero habrá pasado en los espejos.

Un día más nuestro espejismo.

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