El director de Asociación Agenda Migrante El Salvador señala que quienes regresen tras años de vivir en Estados Unidos enfrentarán una segunda separación de sus familias y requieren políticas de inclusión social y productiva
El director de Asociación Agenda Migrante El Salvador señala que quienes regresen tras años de vivir en Estados Unidos enfrentarán una segunda separación de sus familias y requieren políticas de inclusión social y productiva

El eventual retorno de miles de salvadoreños ante el fin del Estatus de Protección Temporal (TPS) no solo representa un desafío económico y migratorio para el país. También puede generar un fuerte impacto psicológico en personas que han construido buena parte de su vida en Estados Unidos y que ahora podrían verse obligadas a separarse nuevamente de sus seres queridos.
Para César Ríos, director de Asociación Agenda Migrante El Salvador (AAMES), esta realidad debe analizarse desde el concepto de “duelo migratorio” y, particularmente, desde lo que denomina un “doble desarraigo”.
Ríos explica que muchos de los migrantes que eventualmente sean retornados ya no corresponden al perfil de quienes cruzaron recientemente la frontera y regresan poco después a El Salvador.
“Ya no son retornados o deportados que están cruzando la frontera. Ya son personas migrantes que han vivido por muchos años en Estados Unidos”, señala.
Esa diferencia, sostiene, es fundamental para comprender las consecuencias del retorno.
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Cuando estas personas emigraron, dejaron atrás a sus padres, hijos, parejas y otros familiares. Esa primera separación implicó una carga emocional que forma parte del proceso migratorio.
Sin embargo, después de años de permanencia en Estados Unidos, muchos construyeron una nueva vida y formaron una familia en ese país. Un eventual retorno forzado implicaría entonces una segunda separación.
“Esa doble separación forzada, al ser deportados y ser separados por su nueva familia que crearon en Estados Unidos, ese doble desarraigo causa un impacto profundo”, explica Ríos.
El representante de AAMES considera que este impacto puede repercutir directamente en los procesos de adaptación de los migrantes retornados, especialmente en su incorporación a la sociedad y al mercado laboral salvadoreño.
Según Ríos, quienes atraviesan esta situación pueden experimentar un proceso de duelo migratorio, que requiere atención especializada.

“El problema fundamental en este momento es que están queriendo clasificar a todos los deportados de la misma manera”, señala.
A su juicio, esa clasificación general puede impedir que las instituciones diseñen programas que respondan a las diferentes circunstancias de quienes regresan.
Ríos sostiene que es necesario identificar, entre otros grupos, a quienes tienen ese doble arraigo, a quienes están retornando después de permanecer pocos años en Estados Unidos, a quienes dejaron patrimonio en ese país y a quienes tienen distintas condiciones familiares y económicas.
“Cada uno tiene su propia realidad”, enfatiza. Por ello, considera que los programas de atención deben ser específicos, adecuados y oportunos, tanto para atender las necesidades emocionales como para facilitar la inclusión social y productiva de los retornados.
El fin del TPS para los salvadoreños está previsto para este 9 de septiembre de 2026, y no se sabe si será renovado o no, por lo que la situación plantea un nuevo escenario para las autoridades y para miles de familias vinculadas con el programa.
Para Ríos, el país debe prepararse para una realidad migratoria diferente y comprender que no todas las personas que regresen tendrán las mismas necesidades. “Este es un reto grande para el diseño de política pública”, afirma.
El dirigente migratorio considera que el primer paso debe ser caracterizar a la población retornada, conocer sus condiciones familiares, patrimoniales y sociales y, a partir de esa información, diseñar respuestas diferenciadas.
La atención psicológica también debe formar parte de esa respuesta, sostiene, debido a que el proceso de retorno puede estar acompañado por la pérdida de vínculos, cambios en el proyecto de vida y una nueva separación familiar.
“El doble desarraigo merece atención, cuidado y política para facilitar sus procesos de inclusión social y hasta productiva”, plantea Ríos.
La discusión sobre el futuro de los salvadoreños beneficiarios del TPS, por tanto, no se limita a determinar cuántas personas podrían regresar al país. También implica prepararse para atender las consecuencias emocionales, familiares y sociales de un retorno después de décadas de vida migrante.
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