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Los Farolitos iluminaron Ahuachapán

Miles de personas abarrotaron las calles de distritos de Ahuachapán para revivir esta tradición que, según la historia, tiene 176 años de realizarse

Ahuachapán se vistió de luces en la tradicional celebración del Día de los Farolitos. Foto EDH/Cristian Díaz

Las calles del occidente del país se iluminaron intensamente durante la conmemoración del tradicional Día de los Farolitos. En el distrito de Ahuachapán, perteneciente al municipio de Ahuachapán Centro, las actividades comenzaron desde el pasado 5 de septiembre con un concurrido desfile lleno de colorido y participación ciudadana. 

La agenda cultural continuó el 6 de septiembre con diversas presentaciones artísticas que prepararon el ambiente festivo, hasta culminar el 7 de septiembre, fecha que se consolidó como el día principal de las festividades.

La fuerte lluvia que cayó sobre la cabecera departamental no impidió que los farolitos se encendieran y las personas recorrieran calles y avenidas.

Altar dedicado a la Virgen Niña ubicado en el Centro Escolar Católico San José, en el distrito de Ahuachapán. Foto EDH/Cristian Díaz

La festividad no se limitó únicamente al área urbana principal. 

La tradición se vivió con igual fervor en otros distritos del municipio de Ahuachapán Centro, tales como Concepción de Ataco, donde tanto residentes como visitantes locales abarrotaron las principales plazas y vías públicas.

Miles de personas viajaron desde distintos puntos del territorio salvadoreño e incluso desde el extranjero para presenciar este despliegue de luz y devoción. 

Celebración de Los Farolitos en Concepción de Ataco, Ahuachapán Centro. Foto EDH/Lissette Monterrosa

Los asistentes pudieron admirar una amplia gama de exhibiciones que abarcaron desde la colocación de farolitos de forma tradicional en fachadas y viviendas, hasta impresionantes estructuras elaboradas y diseñadas minuciosamente por instituciones educativas, empresas privadas y entidades gubernamentales.

Paralelamente, la parroquia El Calvario, ubicada en el Centro Histórico de San Salvador, realizó este lunes 7 de septiembre el Festival de Los Farolitos. 

Las actividades capitalinas iniciaron con la tradicional misa en honor a la víspera del nacimiento de la Virgen María a las 5:00 de la tarde. 

Posteriormente, las calles aledañas se iluminaron con cientos de estas estructuras, convirtiéndose en un escenario religioso y cultural que sirvió como una expresión colectiva de fe y devoción.

En el distrito de Concepción de Ataco, Ahuachapán Centro, la municipalidad regaló farolitos a los asistentes. Foto EDH/Lissette Monterrosa

Origen e historia del Día de los Farolitos

La tradición de iluminar la ciudad encuentra sus raíces en dos versiones principales sustentadas por la memoria histórica y religiosa de la localidad. 

La versión de carácter religioso, ampliamente aceptada por la población, se remonta a la época colonial cuando Ahuachapán recibía el nombre de Nuestra Señora de la Asunción y la zona pertenecía a Guatemala, cuya patrona es la Virgen María. 

Un estudio realizado en 2002 por la Casa de la Cultura local señala que la costumbre surgió al ofrecer rezos a la Virgen; al no contar con energía eléctrica en las viviendas de paja, los pobladores realizaban las veladas en los patios e iluminaban los cercos por temor a incendios.

Por otro lado, existe la versión secular que atribuye el nacimiento de la tradición a un terremoto ocurrido en el año 1850. 

Tras el sismo, los lugareños durmieron en las calles por temor a las réplicas y recurrieron a candiles, rajitas de ocote y velas para alumbrarse en la oscuridad. 

Durante esa emergencia, imploraron la protección de la Virgen María y prometieron que, por coincidir la catástrofe con la víspera de su nacimiento, harían una conmemoración anual iluminando las fachadas de sus casas cada 7 de septiembre.

La elaboración de los faroles evolucionó notablemente con el tiempo. 

Inicialmente se amarraban rajitas de ocote a las ramas de los árboles de los cercos. 

Más tarde, al desaparecer los cercos, las familias sembraban ramas o pencas de izote en las calles empedradas para colocar las velas. 

Con el paso de los años se utilizaron varas de carrizo, frutas vaciadas (como piñas, melones y naranjas) y estructuras de madera forradas primero con papel china y posteriormente con papel celofán por su colorido.

A pesar de que la tradición estuvo a punto de desaparecer por ataques vandálicos y la falta de participación, en 1989 la Casa de la Cultura impulsó un plan de rescate que incluyó el primer concurso oficial en 1990. 

Gracias a este esfuerzo comunitario, la festividad recobró su auge, alcanzando el reconocimiento oficial de la Asamblea Legislativa en agosto de 2014, cuando fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de El Salvador.

Cabe destacar que no todos los municipios celebran esta festividad de forma anticipada. 

Distritos como El Refugio y Atiquizaya, ubicados en el municipio de Ahuachapán Norte, no llevan a cabo las iluminaciones durante la víspera, sino que realizan sus celebraciones el propio día del nacimiento de la Virgen María, es decir, el 8 de septiembre.

La imagen muestra cómo se colocaban los farolitos en Ahuachapán hace muchos años. Foto EDH/Cristian Díaz

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