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El hombre nuevo y la langosta

Tenemos que emular a la langosta para que surja de nosotros el hombre nuevo, la nueva identidad.

La langosta marina llega a durar 100 años por su alta capacidad de regeneración celular, gracias a que posee una substancia llamada teromerasa. Literalmente dentro de su cuerpo crece otro nuevo, desechando al más viejo.

Esta ley de renovación de la vida hace que el crustáceo prolongue y renueve su existencia. Que en cada edad se convierta en un nuevo ser, en una nueva langosta, remozándose continuamente en el tiempo.

En este caso vemos claramente un mensaje para el ser humano: Tenemos que emular a la langosta para que surja de nosotros el hombre nuevo, la nueva identidad.

Lo hacen los árboles cuando renuevan su follaje; lo hace la llanura cuando reverdece la hierba; lo mismo hace el rosal con sus flores nuevas. El mismo amanecer se pinta de diferentes luces y colores cada día que empieza –en el mundo exterior y en las llanuras de tu reino interior.

En fin, la piel, la cáscara de los árboles -y todas las formas de vida animal y vegetal en la tierra- se renuevan constantemente.

La vida no es estática, sino cambiante, ascendente, evolutiva, renovable. El arte más feliz del ser humano es el de renovarse día a día: el empezar de nuevo, realizar cada vez un nuevo intento, una nueva meta con deseos.

Crear en nosotros al nuevo yo humano. Igual que lo hace la langosta centenaria en la escala zoológica.

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