«Nos reunimos también tras el
incidente ocurrido no lejos de este gran edificio, que intentó dañar el liderazgo de su nación y sembrar miedo y discordia. Permítanme decir con firmeza inquebrantable: estos actos de violencia nunca tendrán éxito…»
«Nos reunimos también tras el
incidente ocurrido no lejos de este gran edificio, que intentó dañar el liderazgo de su nación y sembrar miedo y discordia. Permítanme decir con firmeza inquebrantable: estos actos de violencia nunca tendrán éxito…»
El rey Carlos III del Reino Unido pronunció un histórico discurso ante una sesión conjunta del Congreso de los Estados Unidos en Washington DC el 28 de abril de 2026, convirtiéndose en el primer monarca británico en hacerlo desde que su madre, la reina Isabel II, lo hizo en 1991.
Conmemoró así, de forma anticipada, el 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos e incluyó notas de humor al recordar que su antepasado, el rey Jorge III, nunca pisó suelo estadounidense.
Abordó además los momentos de incertidumbre internacional y tensiones en Europa y Medio Oriente, apelando a la unidad democrática entre ambas naciones, al mismo tiempo que destacó la solidez de la «relación especial» bilateral y defendió el papel histórico de la OTAN y el sacrificio conjunto de los aliados en momentos de crisis global, como tras los atentados del 11-S y en la defensa de Ucrania.
Por la actualidad del mensaje y como un registro para nuestras audiencias, publicamos la primera parte del discurso…
«Nos reunimos en tiempos de gran incertidumbre, en tiempos de conflicto desde
Europa hasta Oriente Medio, que plantean enormes desafíos para la comunidad internacional y
cuyos efectos se sienten en cada rincón de nuestros países. Nos reunimos también tras el
incidente ocurrido no lejos de este gran edificio, que intentó dañar el liderazgo de su nación y
sembrar miedo y discordia. Permítanme decir con firmeza inquebrantable: estos actos de
violencia nunca tendrán éxito.
«Sean cuales sean nuestras diferencias, cualesquiera que sean nuestros desacuerdos,
permanecemos unidos en nuestro compromiso de defender la democracia, de proteger a
nuestros pueblos y de honrar el valor de quienes arriesgan su vida cada día al servicio de
nuestros países.
«Todos, agregamos nosotros, estamos de acuerdo de estar en descuerdo, en aceptar
opiniones distintas a la nuestra, en reconocer el derecho de otros a pensar distinto sin
pretender obligar a nadie a pensar como nosotros pues eso nos enriquece y señala el camino
del futuro, como entre otros hechos señala la tragedia que actualmente se vive en Iran: los
Ayatolas quieren imponer a sangre y fuego sus opiniones, llegando inclusive a pretender que
estar en desacuerdo con ellos «se atenta contra dios»; tal es el extremo de imbecilismo al que
llegan…
«Al estar aquí hoy», prosigue el Rey, «es imposible no sentir el peso de la historia,
porque la relación moderna entre nuestras naciones no abarca solo doscientos cincuenta
años, sino más de cuatro siglos. Es extraordinario pensar que soy el decimonoveno soberano
de nuestra línea que sigue con atención los asuntos de América.
«Comparezco ante ustedes con el mayor respeto hacia el Congreso de los Estados
Unidos, esta ciudadela de la democracia creada para representar la voz de todo el pueblo
estadounidense y para promover derechos y libertades sagrados. Al hablar en esta ilustre
cámara, no puedo evitar pensar en mi difunta madre, la reina Isabel, quien en 1991 recibió este
mismo honor y habló igualmente bajo la atenta mirada de la Estatua de la Libertad.
«Hoy estoy aquí para expresar la más alta consideración y amistad del pueblo británico
hacia el pueblo de los Estados Unidos. Como quizá sepan, cuando me dirijo a mi Parlamento
en Westminster, seguimos una antigua tradición y retenemos a un miembro del Parlamento
como rehén en el Palacio de Buckingham hasta que regreso sano y salvo. Hoy en día tratamos
tan bien a nuestros invitados que a menudo no quieren marcharse. No sé, señor presidente, si
hoy habría voluntarios aquí para ese papel.
«Al mirar hacia atrás en los siglos, emergen ciertos patrones, ciertas verdades
evidentes de las que podemos aprender. Con el espíritu de 1776 en mente, podemos estar de
acuerdo en que no siempre estamos de acuerdo. De hecho, el principio fundacional de su
Congreso —“no hay impuestos sin representación”— fue al mismo tiempo una fuente de
desacuerdo y un valor democrático compartido y, al mismo tiempo, un valor democrático
compartido que ustedes heredaron de nosotros.
«Nuestra alianza nació del desacuerdo, pero no es menos fuerte por ello. Quizá en esto
podamos reconocer que nuestras naciones son en realidad instintivamente afines, producto de
tradiciones democráticas, jurídicas y sociales comunes en las que se basa nuestro sistema de
gobierno hasta el día de hoy.
«Apoyándonos en estos valores y tradiciones, una y otra vez nuestros países han
encontrado la manera de unirse. Y, cuando lo han hecho, los cambios logrados han
beneficiado no solo a nuestros pueblos, sino al mundo entero. Ese es, creo, el ingrediente
especial de nuestra relación.
«Como observó el propio presidente Trump durante su visita de Estado a Gran Bretaña
el pasado otoño, ”el vínculo de parentesco e identidad entre Estados Unidos y el Reino Unido
es inestimable y eterno, insustituible e inquebrantable”.
«Señor presidente, esta no es en absoluto mi primera visita a Washington D.C., la
capital de esta gran república. De hecho, es mi vigésima visita a los Estados Unidos y la
primera como rey y jefe de la Commonwealth. Esta es una ciudad que simboliza un periodo de
nuestra historia compartida, o lo que Charles Dickens podría haber llamado una historia de
dos Georges: el primer presidente George Washington y mi tatarabuelo por cinco
generaciones, el rey Jorge III. El rey Jorge, como saben, nunca pisó América. Y, por favor,
tengan la seguridad, señoras y señores, de que no estoy aquí como parte de alguna maniobra
de retaguardia».
Raíces de Estados Unidos
«Los Padres Fundadores fueron rebeldes audaces e imaginativos con una causa. Hace 250
años —o, como decimos en el Reino Unido, anteayer—, declararon la independencia
equilibrando fuerzas en conflicto y encontrando fuerza en la diversidad. Unieron 13 colonias
desesperadas para forjar una nación sobre la idea revolucionaria de la vida, la libertad y la
búsqueda de la felicidad.
«Llevaron consigo y desarrollaron la gran herencia de la Ilustración británica, así como
ideales con una historia aún más profunda en el derecho consuetudinario inglés y la Carta
Magna. Estas raíces son profundas y siguen siendo vitales. Nuestra Declaración de Derechos
de 1689 no solo fue la base de nuestra monarquía constitucional, sino que también
proporcionó la fuente de muchos de los principios reiterados, a menudo casi literalmente, en la
Declaración de Derechos estadounidense de 1791.
«Y esas raíces se remontan aún más atrás. La Sociedad Histórica del Tribunal Supremo
de Estados Unidos ha calculado que la Carta Magna ha sido citada en al menos 160 casos del
Tribunal Supremo desde 1789, especialmente como base del principio de que el poder
ejecutivo está sujeto a controles y equilibrios.
«Esta es la razón por la cual hay una piedra junto al río en Runnymede, donde se firmó
la Carta Magna en el año 1215. Esa piedra registra que un acre de ese antiguo y histórico lugar
fue entregado a los Estados Unidos de América por el pueblo del Reino Unido para simbolizar
nuestra determinación compartida en defensa de la libertad y en memoria del presidente John
F. Kennedy.
«Distinguidos miembros del 119º Congreso, es aquí, en estas mismas salas, donde
este espíritu de libertad y la promesa de los fundadores de América están presentes en cada
sesión y en cada voto emitido. No por la voluntad de uno, sino por la deliberación de muchos,
representando el mosaico vivo de los Estados Unidos.
«En ambos países, es precisamente el hecho de nuestras sociedades vibrantes,
diversas y libres lo que nos da nuestra fuerza colectiva, incluida la de apoyar a las víctimas de
algunos de los males que tan trágicamente existen en nuestras sociedades hoy en día.
«Y, señor presidente, para muchos aquí presentes y también para mí, la fe cristiana es
un ancla firme y una inspiración diaria que nos guía no solo a nivel personal, sino también
como miembros de nuestra comunidad. Habiendo dedicado gran parte de mi vida a las
relaciones interreligiosas y a una mayor comprensión, es esa fe en el triunfo de la luz sobre la
oscuridad la que he visto confirmada innumerables veces.
«A través de ella me inspira el profundo respeto que se desarrolla cuando personas de
distintas creencias crecen en la comprensión mutua. Por eso es mi esperanza, mi oración, que
en estos tiempos turbulentos, trabajando juntos y con nuestros socios internacionales,
podamos transformar las espadas en arados.
«Soy consciente de que seguimos en el tiempo de Pascua, la estación que más
fortalece mi esperanza. Por eso creo con todo mi corazón que la esencia de nuestras dos
naciones es una generosidad de espíritu y un deber de fomentar la compasión, promover la
paz, profundizar el entendimiento mutuo y valorar a todas las personas, de todas las creencias
o de ninguna.
«La alianza que nuestras dos naciones han construido a lo largo de los siglos, y por la
que estamos profundamente agradecidos al pueblo estadounidense, es verdaderamente
única. Y esa alianza forma parte de lo que Henry Kissinger describió como la elevada visión de
Kennedy de una asociación atlántica basada en dos pilares: Europa y América. Creo que esa
asociación es hoy más importante que nunca.
«El primer soberano británico reinante en poner pie en América fue mi abuelo, el rey Jorge VI. Él visitó en 1939 con mi amada abuela, la reina Isabel, la Reina Madre, cuando las
fuerzas del fascismo en Europa estaban en marcha. Y en algún momento, antes de que los
Estados Unidos se hubieran unido a nosotros en la defensa de la libertad, nuestros valores
compartidos prevalecieron. Hoy, nos encontramos en una nueva era, pero esos valores
permanecen.
«Es una era que es en muchos aspectos más volátil y más peligrosa que el mundo al
que mi difunta madre habló en esta cámara en 1991. Los desafíos a los que nos enfrentamos
son demasiado grandes para que cualquier nación los soporte sola. Pero en este entorno
impredecible, nuestra alianza no puede descansar en logros pasados ni asumir que los
principios fundacionales simplemente perduran. Como mi primer ministro dijo el mes pasado,
la nuestra es una asociación indispensable. No debemos descuidar todo lo que nos ha
sostenido durante los últimos 80 años. En cambio, debemos construir sobre ello.
«La renovación hoy empieza con seguridad. El Reino Unido reconoce que las
amenazas a las que nos enfrentamos demandan una transformación en la defensa británica.
Por eso nuestro país, para estar apto para el futuro, se ha comprometido con el mayor
incremento sostenido en gasto de defensa desde la Guerra Fría. Durante parte de la cual, hace
más de 50 años, yo serví con inmenso orgullo en la Marina Real, siguiendo los pasos navales
de mi padre, el príncipe Felipe duque de Edimburgo, mi abuelo el rey Jorge VI, mi tío abuelo
lord Mountbatten, y mi bisabuelo el rey Jorge V.
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