Los préstamos informales mueven alrededor de $1,251.5 millones al año entre las micro y pequeñas empresas del país, según un informe de FUSAI y ASOMI.
Los préstamos informales mueven alrededor de $1,251.5 millones al año entre las micro y pequeñas empresas del país, según un informe de FUSAI y ASOMI.

Más de 850,000 micro y pequeñas empresas que operan en la informalidad o de forma semiinformal sostienen parte de sus operaciones con dinero adquirido a través de préstamos con usureros, una práctica que mueve alrededor de $1,251.5 millones al año, y que supera ampliamente el tamaño de la cartera de préstamos de algunas instituciones financieras.
Así lo refleja una investigación elaborada por el Observatorio MYPE de la Fundación Salvadoreña de Apoyo Integral (Fusai), junto con la Asociación de Organizaciones de Microfinanzas (ASOMI), la cual arroja que un 62.2% de estos pequeños negocios ha recurrido alguna vez a prestamistas informales, una proporción que, según los investigadores, refleja que este tipo de financiamiento se ha convertido en la única forma en la que miles de emprendimientos logran mantenerse a flote.
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«Tenemos que aproximadamente dos de cada tres micro y pequeñas empresas informales recurren a préstamos informales. 62.2%, dos de cada tres… la magnitud lo que nos está mostrando es la poca efectividad de la Ley contra la usura para controlar esto», afirmó Rafael Pleités, asesor y coordinador investigación del Observatorio MYPE de FUSAI, durante la presentación del informe, realizada ayer.
En este sentido, los datos también muestran que no todos los microempresarios se acercan a los usureros por las mismas razones pues, por ejemplo, la mayor parte del dinero prestado termina en negocios que nunca intentan solicitar un crédito en una institución financiera formal porque consideran que el proceso será demasiado complicado o creen que su solicitud será rechazada. Otro grupo ya tiene un préstamo formal, pero necesita efectivo adicional para salir de una emergencia, mientras que una proporción más pequeña se refiere a las microempresas que sí acudieron a un banco o una microfinanciera y fueron rechazadas.
Debido a lo anterior, la rapidez con la que operan los prestamistas es una de las principales explicaciones de por qué hay tantos créditos de este tipo entre los microempresarios pues, mientras conseguir un crédito formal en un banco o una caja de crédito puede tomar varios días o semanas, el estudio señala que el 68% de quienes buscan dinero con un usurero lo recibe ese mismo día, lo que implica liquidez inmediata y un factor importante que empuja a los emprendedores a decidirse por estas alternativas de financiamiento, muy a pesar de las altas tasas de interés a las que se enfrentan.
«¿Quién le presta con la agilidad tal? Lo que están diciendo los asesores (de las microfinancieras de ASOMI) es que la ventaja que tiene el prestamista informal es la agilidad y la facilidad», explicó Pleités durante la presentación del estudio.

Esa facilidad, de nuevo, tiene un precio muy alto para las microempresas que recurren a estos préstamos. La investigación calcula que la tasa promedio que cobran los usureros ronda el 1,869% anual, muy por encima de los límites que contempla la Ley contra la Usura, lo que provoca que una deuda pequeña pueda crecer rápidamente y deteriore, o absorba, los ingresos de los negocios.
Asimismo, un punto que resulta relevante con respecto a los motivos para adquirir estos préstamos es que no siempre se destinan a una inversión relacionada con el emprendimiento y, de hecho, el informe apunta que de los microempresarios consultados en el estudio, hasta un 43.5% dijo que buscó ese dinero para resolver algún tipo de emergencia familiar, mientras que el 41.7% para no detener el funcionamiento del negocio y hasta un 36.3% señaló que lo solicitó para pagar otras deudas que ya no podía cubrir.
«El crédito informal opera como última opción, pero también como trampa. Las tasas son abusivas, no existen garantías legales y los prestatarios están expuestos a acoso, amenazas e incluso violencia», advirtió Pleités.
Debido a esto, es que también las instituciones microfinancieras formales, dedicadas a ofrecer créditos a microempresas, reconocen que el problema termina afectando más allá de las finanzas del negocio. Alexander Reyes, presidente de ASOMI, señaló que cuando los pagos comienzan a acumularse, muchos emprendedores sacrifican necesidades básicas para poder cumplir con sus obligaciones.
«El sobreendeudamiento se genera en medida que nuestros clientes o los microempresarios no puedan cancelar las cuotas o sacrifican temas básicos como salud, educación, alimentación», afirmó.
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Reyes, además, añadió que esa realidad no pasa desapercibida en las instituciones que trabajan con este sector, a la vez que explicó que todavía existen oportunidades para ofrecer productos que puedan adaptarse a las necesidades de los pequeños negocios, ya que, durante el levantamiento de datos del estudio, los asesores de las instituciones de ASOMI identificaron que aspectos como la reducción de procesos y requisitos, acelerar las aprobaciones de los créditos u ofrecer capacitaciones financieras son las principales necesidades observadas en sus clientes microempresarios.
Por todo lo anterior, más que atribuir el problema a una mala decisión financiera por parte de los emprendedores, el estudio plantea que el crecimiento de los préstamos informales se debe a una serie de factores, como podría ser el hecho de que la mayoría son negocios que viven al día, que tienen necesidades familiares urgentes o que se enfrentan a procesos de aprobación de créditos demasiado lentos que no coinciden con la inmediatez de las necesidades de las microempresas.
Por ello, los investigadores señalaron que que reducir la dependencia de los microempresarios con los créditos informales podría lograrse si se refuerza la aplicación de la Ley contra la Usura, si se amplían las opciones de crédito formal con trámites más simplificados o si se ofrece acompañamiento y asesoría
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