Marc Cucurella, defensor de España, desveló con entereza el diagnóstico de espectro autista de su primogénito Mateo, un proceso íntimo que trastocó de cuajo su escala de valores tanto en el césped como en la cotidianeidad del hogar
Marc Cucurella, defensor de España, desveló con entereza el diagnóstico de espectro autista de su primogénito Mateo, un proceso íntimo que trastocó de cuajo su escala de valores tanto en el césped como en la cotidianeidad del hogar

Marc Cucurella, defensa de España transita por uno de los períodos más brillantes de su trayectoria profesional.
No obstante, tras esa indomable vehemencia que despliega en cada contienda, se cobija una realidad doméstica que el propio protagonista ha resuelto difundir con encomiable delicadeza: su hijo mayor, el pequeño Mateo, fue diagnosticado con trastorno del espectro autista.
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El defensor abordó esta temática en un enriquecedor intercambio con Pau Brunet, un joven y destacado divulgador de dicha condición, conocido en las plataformas digitales como «PauPautista».
En el transcurso de aquella conversación, el futbolista detalló que la paternidad de por sí revoluciona la existencia de cualquier individuo, pero comprobar que un vástago posee requerimientos de atención específicos modifica de modo aún más profundo la percepción de las cosas mundanas.
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Estas declaraciones alcanzaron una notable resonancia en los principales portales de comunicación de la península. La señal Antena 3 amplificó una de sus reflexiones más personales y sentidas: «Para nosotros es algo natural y nos sentimos sumamente orgullosos».
El mismo espacio de prensa consignó que el deportista se mostró sumamente afectado al describir los dilemas que suele experimentar en su rol de progenitor, singularmente ante la impotencia de no hallar la vía adecuada para cobijar al botija en sus pasajes más desfavorables.
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Cucurella ha evitado con pudor presentar la singularidad de su gurí como una suerte de combustible para la épica deportiva, prefiriendo guarecerla en la estricta privacidad de su núcleo más cercano.
En un reportaje concedido a la Cadena SER, el defensor relató que la confirmación clínica de Mateo sobrevino tras un periplo sumamente intrincado, y que el hecho de procurarle un hábitat idóneo resultó determinante para optimizar la convivencia y el equilibrio del grupo.
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El zaguero también manifestó que los progresos de su hijo, aun aquellos que a ojos extraños parezcan minúsculos, le reportan un regocijo incomparable. Esta postura vital permite aquilatar su madurez como individuo: para el futbolista, la pelota reviste trascendencia, mas nunca por encima de la salud y la serenidad de los suyos.
Por su parte, el matutino El País hizo hincapié en que las atenciones que requiere el niño han gravitado con fuerza en las decisiones de índole laboral adoptadas por el deportista, llevándolo a sopesar detenidamente el destino geográfico de su residencia y el bienestar afectivo de su círculo antes de estampar la firma en cualquier propuesta contractual.
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La coyuntura particular que atraviesa la familia del jugador exige una rigurosa exactitud terminológica. Resulta imperioso comprender que el autismo no debe catalogarse bajo el rótulo de «enfermedad» ni reducirse a una simple fábula de superación personal.
Se trata, en rigor, de una singularidad en el neurodesarrollo que demanda diversos niveles de contención y andamiaje según las particularidades de cada sujeto.
Consecuentemente, la interpretación más honesta del asunto no consiste en vincular antojadizamente el estupendo rendimiento del lateral con la realidad de su hijo, sino en advertir cómo su vivencia como padre de Mateo le ha granjeado una escala ética mucho más sabia y aterrizada.
Su compañera, sus niños y el sosiego de su entorno se constituyen hoy en los pilares fundamentales de su existencia.
Dentro de la cancha, Cucurella es unánimemente elogiado por su tenacidad, su temperamento combativo y su idoneidad para neutralizar al adversario de turno.
Fuera de las líneas de cal, su alocución devela una faceta infinitamente más humana: la de un padre que aprende día a día, que se deja atravesar por las emociones y que acompaña el crecimiento de su pequeño desde la responsabilidad y el amor más puros.
La premisa inicial, por tanto, se revela plenamente fidedigna en su esencia: el futbolista español convive con la realidad de tener un hijo con autismo y dicha experiencia ha cincelado su fuero interno con hondura. No obstante, el suceso debe ser narrado despojado de efectismos banales o de recursos lacrimógenos.
El propio Marc lo ha dejado en claro: antes de ser una crónica de fútbol, esta es una historia puramente familiar.
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