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La increíble historia detrás del libro que revela los secretos diplomáticos entre El Salvador y Japón

Carlos Cañas Dinarte presenta en el Teatro Luis Poma su obra sobre el fabulista León Sigüenza, un libro marcado por un enigma cinematográfico, 39 años de búsqueda y un infarto que casi apaga su voz.

Retrato al estilo japonés del investigador salvadoreño Carlos Cañas Dinarte
Retrato de Carlos Cañas Dinarte generado con herramiental de IA, entre sakuras (i) y flores de maquilishuat (d). Fotos: archivos AFP y EDH / cortesía del investigador

La chispa de las grandes obsesiones suele encenderse en los lugares menos esperados. Para el historiador y escritor salvadoreño Carlos Cañas Dinarte esa chispa cobró vida una tarde de septiembre de 1987.

El escenario fue la oscuridad de una sala de cine, pero el autor residente en Barcelona no recuera si fue en el extinto cine Paseo o el Uraya, aquellos «gemelos del celuloide» que por décadas marcaron la vida cultural sobre el Paseo General Escalón.


Esa tarde se proyectaba «El último emperador», la oscarizada obra del realizador Bernardo Bertolucci, inspirada en la autobiografía del emperador chino Puyi (1906-1967).

Entre el fasto oriental y la tragedia de la guerra, una frase incidental pronunciada por un asesor del emperador perforó el silencio de la sala de cine y la mente de un joven Cañas Dinarte, que entonces apenas tenía 16 años: “Emperador, no desespere, el Vaticano y El Salvador ya nos han reconocido”.

Póster del filme "El último emperador" de 1987
Póster del filme «El último emperador» de 1987. Foto / imdb.com

Aquella mención insólita de su país en un drama de alcance global desató un torbellino de preguntas. ¿Qué hacía El Salvador en medio de la geopolítica expansionista del Imperio del Japón de 1934? La respuesta requirió una odisea de 39 años de incansable búsqueda, hurgando en archivos nacionales desde San Salvador hasta Tokio.

El resultado es una obra monumental titulada Sakuras y Maquilishuats. Biografía mínima de León Sigüenza Mineros (1895-1942), primer cónsul centroamericano en Japón. Este valioso documento histórico ve la luz este 7 de julio en el Teatro Luis Poma, cobijado bajo el sello editorial de la Universidad Don Bosco.

Lo insólito, sin embargo, no solo rodea el origen de la investigación, sino también el milagro de su finalización. Tras décadas de acumular expedientes, Cañas Dinarte se sentó finalmente a redactar el manuscrito el domingo 15 de septiembre de 2024.

Solo tres días después, un infarto fulminante lo condujo de emergencia a la sala de un hospital, donde estuvo técnicamente muerto por cierto tiempo. Tras ser revivido por los médicos, y con la tenacidad de quien sabe que tiene una historia impostergable que contar, el autor volvió a la escritura al salir de la crisis, culminando el texto el último día de 2025.

Portada del libro "Sakuras y maquilishuats" de Carlos Cañas Dinarte
Portada del libro «Sakuras y maquilishuats» que se lanzará este 7 de julio en el Teatro Luis Poma, a las 7:00 p.m. en punto. Foto / cortesía del autor

El fabulista en la corte del sol naciente

El corazón del libro palpita alrededor de una figura fascinante y contradictoria: León Sigüenza Mineros. Recordado en las letras nacionales como un talentoso fabulista cuscatleco, Sigüenza encarnó una época en la que la diplomacia salvadoreña buscó profesionalizarse de la mano de sus mentes más brillantes.

En la década de 1920, bajo la gestión del doctor José Gustavo Guerrero en el Ministerio de Relaciones Exteriores, se invitó a la intelectualidad del país a incorporarse al servicio exterior, según Cañas Dinarte en entrevista con eldiariodehoy.com vía mensajería. Así, poetas y escritores como Miguel Ángel Espino o Juan Ramón Uriarte asumieron misiones internacionales.

A León Sigüenza se le encomendó una misión sin precedentes: fundar en 1927 el primer consulado centroamericano en el imperio del Japón.

El trasfondo de este acercamiento no era menor. Tras la era Meiji, Japón se había transformado en una potencia tecnológica y militar indomable , despertando la admiración de intelectuales como Arturo Ambrogi, quien lo bautizó como el «imperio indestructible».

Retrato del fabulista salvadoreño León Sigüenza
Antiguo retrato del fabulista salvadoreño León Sigüenza. Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / https://x.com/HistoriasAl_SV/status/1719678369170624870

Para El Salvador, la urgencia era comercial: tras el crac de Wall Street en 1929, el país se ahogaba en excedentes de café y vio en Asia un mercado potencial de 30 millones de consumidores. El grano de oro salvadoreño terminó intercambiándose por armamento y manufacturas de las potencias que más tarde integrarían el Eje.

Lo cierto es que Sigüenza ejerció como un puente crucial entre la realidad salvadoreña y el expansionismo japonés. No obstante, su vida estuvo marcada por las paradojas.

Mientras sus fábulas —herederas de tradiciones milenarias destinadas a educar al pueblo contra los abusos del poder— criticaban el autoritarismo, en la realidad sirvió a las dictaduras de su tiempo.

En 1933, durante un breve período como diputado en El Salvador, apoyó una restrictiva Ley de Imprenta que maniató al periodismo y le ganó la enemistad perpetua de la intelectualidad local. Al mismo tiempo, operó para que la Ley de Migración del dictador Maximiliano Hernández Martínez diera un estatus favorable a los ciudadanos japoneses frente a otras etnias discriminadas, ganándose la gratitud del imperio nipón.

Caricatura y fotografía de León Sigüenza con un outfit estilo japonés
El ahuachapaneco Ángel Max León realizó varias caricaturas de Sigüenza, en esta de 1930 usa vestuario y calzado japonés (i), al igual que en la foto contigua que publicó la revista capitalina Excélsior en 1929. Fotos / cortesía de Carlos Cañas Dinarte

Su labor concluyó en noviembre de 1941, pocas semanas antes del ataque a Pearl Harbor, cuando El Salvador abandonó sus coqueteos comerciales con el estado títere de Manchukuo (estado títere del Imperio japonés establecido en la región de Manchuria al noreste de China, entre 1932 y 1945, liderada por el emperador Puyi) y se alineó formalmente con las potencias aliadas.

¿Sakuras y maquilishuats?

Ahora bien, el poético título del libro de Cañas Dinarte no es un mero capricho estético; es más bien una metáfora botánica y cultural de los sutiles lazos que unen a dos naciones geográficamente distantes.

Y curiosamente, las sakuras de Japón y los maquilishuats de El Salvador comparten asombrosas coincidencias biológicas y simbólicas que explican la esencia de esta hermandad histórica.

Sakura de Japón: nace de los cerezos ornamentales (Prunus), vistiendo calles y parques de mantos nubosos. Florece de forma masiva entre finales de marzo y principios de abril, durando apenas una o dos semanas. Sus pétalos caen de forma simultánea, transformando el paisaje urbano por completo. En Japón, es una obsesión nacional celebrada con el hanami (pícnics para admirar las flores).

Flores de cerezo o sakuras en Tokyo, Japón.
flores de cerezo en un árbol del templo Senso-ji en Tokio, Japón, el 19 de marzo de 2026. Foto / AFP

Maquilishuat de El Salvador: proviene del árbol nacional (declarado en 1939), un gigante de hasta 30 metros. Estalla en tonos rosados, blancos y lavanda entre febrero y abril, ofreciendo un idilio de pocas semanas. El árbol bota todas sus hojas verdes antes de florecer; el estrés de la sequía detona su brote simultáneo. Sus alfombras de pétalos tiñen los caminos, recibiendo nombres como maculis o maquiligua en Oriente.

Más allá de la botánica, el lazo más profundo reside en su peso filosófico. La sakura, de acuerdo con el antiguo concepto budista del mono no aware, simboliza la fugacidad, la belleza efímera y la mortalidad inherente a la vida, según el sitio gotokyo.org.

Por su parte, el maquilishuat, al florecer con vigor en la época de mayor sequía y calor implacable, se ha convertido para los salvadoreños en el emblema máximo de la resiliencia, la vitalidad y la capacidad de sobreponerse con gracia a la adversidad.

Ambos árboles se despojan de todo para recordarle a sus pueblos que la belleza y la renovación siempre emergen del rigor del tiempo.

Flores de maquilishuat en el Centro Histórico de San Salvador
Flores de maquilishuat a inicios del año, en el Centro Histórico de San Salvador. Foto EDH / Archivo

Sakuras y maquilishuats llega finalmente a las estanterías como un testimonio de que la historia, al igual que los árboles nacionales de ambos países, posee raíces profundas y complejas que merecen ser descubiertas.

La cita para adentrarse en este fascinante pasaje de nuestra memoria es este 7 de julio en el Teatro Luis Poma; una oportunidad única para asomarse al espejo de nuestra propia diplomacia a través de los ojos de un fabulista inolvidable.

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