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Brasil sudó frío en la orilla: su jerarquía apareció sobre la hora para quebrar a un Japón heroico

En un compromiso de una crudeza táctica espeluznante por los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo FIFA 2026, Brasil estuvo a escasos minutos de quedar de rodillas ante la disciplina de Japón. Un agónico estacazo de Gabriel Martinelli en el tiempo de descuento rescató de la zozobra a un combinado que debió apelar a su épica para seguir en carrera, dejando sobre el tapete la vulnerabilidad de su última línea y la vigencia de un debate en el arco

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Foto: AFP

El emparejamiento entre brasileños y japoneses sumaba, con la brega de este lunes, un total de catorce capítulos en el historial de ambas naciones.

La bitácora de estos duelos se inauguró allá por 1989 con un austero triunfo de la Verdeamarela por la mínima diferencia, mientras que el único registro de festejo para la escuadra asiática se remontaba a un fresco 3-2 en la Kirin Challenge Cup de 2025.


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Con estos papeles sobre la mesa, Brasil saltó al rectángulo de juego dispuesto a imponer condiciones desde el pitazo inicial, ensayando un ritmo vertiginoso que arrinconó a su rival contra las cuerdas de su propia área durante el primer cuarto de hora.

Sin embargo, el elenco nipón jamás se descompuso ante el vendaval de juego asociado que proponían los dirigidos por Carlo Ancelotti.

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Con un andamiaje defensivo solidario y escalonado, Japón neutralizó los embates de las individualidades norteñas y, cada vez que logró hilvanar transiciones rápidas de contragolpe, desnudó las alarmantes grietas de la retaguardia brasileña.

Las aproximaciones asiáticas encendieron las alarmas en torno a la figura de Alisson Becker, un golero de indiscutible jerarquía histórica pero que, a la luz de los hechos, parece haber dejado atrás sus jornadas de infalibilidad absoluta.

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Foto: AFP

La bofetada asiática y el suspenso del VAR

La gran sorpresa de la jornada se materializó a los 29 minutos de la primera mitad. En una jugada de notable factura colectiva, Kaishu Sano, el cerebral volante tapón de la escuadra oriental, pisó el área con determinación y venció la resistencia del guardameta de la Premier League con un remate inapelable.

Con el 0-1 en el tablero, Japón no solo defendió su renta con una aplicación casi científica, sino que obligó a Brasil a retirarse al descanso sumido en un mar de nerviosismo e interrogantes.

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Para el complemento, la fisonomía del cotejo sufrió una mutación obligada por el peso de las circunstancias.

Brasil adelantó sus líneas con más temperamento que claridad, inclinando la cancha de forma dramática sobre la valla custodiada por Zion Suzuki.

El desahogo brasilero llegó por la vía aérea: Casemiro, capitalizando un centro preciso del zaguero Gabriel, estampó la igualdad con un frentazo limpio.

La jugada no estuvo suspendida en el limbo de la incertidumbre, pero en silencio el VAR examinó con lupa la posibilidad de un fuera de juego del mediocampista que finalmente no fue sancionada.

La agonía del pinball y el fantasma nórdico en el horizonte

Con el empate restablecido, el Scratch cercó por completo a un Japón que empezó a acusar el desgaste físico de la contienda.

Los asiáticos renunciaron a cualquier aventura ofensiva y se abroquelaron con uñas y dientes para estirar la definición hacia el alargue.

Cuando el destino de la prórroga parecía inexorable, ya en los minutos de adición, la categoría individual destrabó el jeroglífico.

Un pase entrelíneas con la firma de Bruno Guimarães desarticuló por completo la trinchera nipona, permitiendo que Gabriel Martinelli desenfundara un derechazo seco y esquinado.

Suzuki alcanzó a arañar la pelota, pero el balón terminó rebotando caprichosamente contra los «maderos» antes de ingresar al fondo de la red con un dramático efecto de pinball.

El agónico 2-1 sella la clasificación de Brasil a los Octavos de Final, una instancia donde medirá fuerzas contra el vencedor de la llave entre Costa de Marfil y Noruega.

El cuerpo técnico brasileño deberá tomar nota inmediata de los desajustes exhibidos, especialmente ante la posibilidad de un cruce con la escuadra escandinava.

El dato histórico no es menor y ya genera un indiscutible respeto en las huestes sudamericanas: Brasil jamás ha podido derrotar a la selección de Noruega en toda su historia futbolística.

La Canarinha sigue en carrera, pero el margen de error se ha reducido a su mínima expresión.

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