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Filosofarte/La civilización enmascarada y su «mundo maravilloso»

El canto de paz de Louis Armstrong es iluminada utopía: “Veo verdes árboles y rosas rojas que florecen para ti y para mí. Y digo para mí… ¡Qué mundo maravilloso! Veo cielos de color azul y nubes de blancura. El brillante y bendecido día, la oscura y sagrada noche y digo para mí… ¡Qué mundo maravilloso!

¡Silencio y pánico: amordazada confesión de una civilización de máscaras humanas! Más que usar preventivamente el antifaz de la epidemia, el mundo cubre las risas, palabras de amor, verdad y piedad que olvidó decir. Acechada por un invisible enemigo de las probetas clandestinas del siniestro mago genocida creando virus mortales; produce un castigo de la naturaleza desde las sombras de la Historia. Es así cómo una letal criatura microscópica pone de rodillas a esta poderosa, brillante e impiadosa civilización. La misma que olvidó reír, vivir en paz y compartir el “Mundo Maravilloso” que nos fue otorgado en los albores de la Creación. El mismo que ha ensombrecido con la neblina tóxica de su “progreso” y con el fuego infernal de sus guerras genocidas. ¡Tan difícil obtener la felicidad y tan fácil perderla! –es la paradoja de la Humanidad. El canto de paz de Louis Armstrong es iluminada utopía: “Veo verdes árboles y rosas rojas que florecen para ti y para mí. Y digo para mí… ¡Qué mundo maravilloso! Veo cielos de color azul y nubes de blancura. El brillante y bendecido día, la oscura y sagrada noche y digo para mí… ¡Qué mundo maravilloso! Los hermosos colores del arco iris también están en las caras de la gente que pasa. Veo amigos estrechando sus manos y diciendo «¿Cómo estás? En realidad, dicen «Te quiero». Oigo a niños llorar, los veo crecer y aprender mucho más de lo que yo nunca sabré y  -¡Sí!- digo para mí… ¡Qué mundo maravilloso!” <arteditores7@gmailcom>


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