Cuando pensamos en el amor, frecuentemente es en la pareja, en el romanticismo o en las emociones. Pero el amor desde el sentido común es más amplio y profundo. Es una forma de vivir, de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestro entorno. Es una fuerza silenciosa que tranquiliza, equilibra y da sentido a nuestra existencia.
Observando personas, familias y empresas, he concluido que muchos conflictos humanos provienen de no saber manejar alguna de las tres dimensiones del amor desde el sentido común: Ámese. Ame. Y déjese amar.
Parece sencillo, pero vivirlo en equilibrio no siempre lo es. La primera dimensión es: ámese. Amarse no significa egoísmo ni vanidad. Significa cuidarse física, mental y espiritualmente. Significa respetarse, valorarse y no destruirse con malos hábitos, resentimientos, excesos o decisiones sin sentido común. Una persona que no se aprecia a sí misma termina descuidando su salud, su tranquilidad, su dignidad. Quiere llenar vacíos interiores con consumo excesivo, trabajo obsesivo, apariencias o conflictos innecesarios y no estar satisfecho con nada. Vive comparándose con los demás y sintiéndose inconforme con todo. Amarse también implica aceptar nuestras limitaciones y entender que no somos perfectos. Significa aprender a vivir en paz con nosotros mismos. Porque quien vive disgustado consigo mismo y amargado con su entorno difícilmente podrá transmitir tranquilidad a otros.
La segunda dimensión es: ame. Nadie fue creado para vivir aislado. Necesitamos relacionarnos, conversar, compartir, ayudar y sentirnos útiles para otros. Amar no siempre consiste en grandes sacrificios o discursos emotivos. El verdadero amor aparece en los pequeños detalles cotidianos. Escuchar con atenciónr, respoder amablemente, saludar con alegría, no menospreciar a otros, agradecer, tener paciencia, ayudar cuando alguien lo necesita, evitar humillar o herir innecesariamente y hacerse cargo de las propias responsabilidades. El amor cotidiano suele expresarse de forma sencilla, amar también es respetar. No podemos decir que amamos mientras despreciamos, manipulamos o dañamos a otros. El respeto es una de las formas más claras y prácticas del amor humano. Desean ser y sentirse queridos, pero no saben tratar bien a quienes las rodean y vivien rodeadas de conflictos, resentimientos y soledad emocional.
La tercera dimensión es quizá la menos comprendida: déjese amar. Son quienes saben dar, pero no saben recibir. Les cuesta aceptar ayuda, cariño, reconocimiento o apoyo. Desconfían de todo, se encierran emocionalmente o creen que mostrar necesidad es una debilidad. Algunas incluso rechazan el afecto sincero porque se acostumbraron a vivir a la defensiva. Sin embargo, dejarse amar también requiere humildad. Aceptar el cariño sincero de otros, permitir que alguien nos ayude en momentos difíciles o simplemente dejarnos acompañar forma parte del equilibrio humano.
Nadie puede cargar la vida completamente solo. A veces una conversación, un abrazo, una llamada telefónica o una muestra sincera de afecto puede aliviar profundamente el corazón humano. No se necesitan grandes soluciones; se necesita sentirse escuchadas, comprendidos y valorados.
Cuando alguna de estas tres dimensiones falla, aparece el desequilibrio. Si una persona solo se ama a sí misma, cae en el egoísmo. Si solo ama a otros y se olvida de sí misma, termina agotada. Y si no sabe dejarse amar, poco a poco se aísla emocionalmente.
Entonces aparecen la amargura, la insatisfacción permanente y el descontento con todo. Personas que, aun teniéndolo casi todo, no logran vivir tranquilas porque les falta equilibrio interior. En un mundo lleno de prisas, tensiones y apariencias, quizá deberíamos volver a lo básico. Tal vez la tranquilidad no está en tener más cosas, sino en aprender a vivir mejor interiormente.
Porque al final, el amor, la tranquilidad y la salud son riquezas que no tienen, ni se les puede poner precio. Y vivir feliz y tranquilo consiste en eso: aprender a amarse, amar y dejarse amar.
Si está de acuerdo, de usted dependen las tres dimensiones de su amor.
Ingeniero/
Todo es más fácil y más sencillo con sentido común