La solidaridad no es un acto de caridad, sino una ayuda entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo
Samora Machel
La solidaridad no es un acto de caridad, sino una ayuda entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo
Samora Machel
Hay una tendencia a creer que la ayuda exterior es unidireccional y que el donante, de forma altruista, se desprende de recursos para ayudar a otros. Muchos estudios realizados demuestran que la ayuda exterior es bidireccional, ya que los donantes también obtienen importantes beneficios.
En su artículo titulado The inconvenient truth about foreign aid: For recipient countries it has been a very mixed blessing, for donors it has been a bonanza (La verdad incómoda sobre la ayuda exterior: para los países receptores ha sido una bendición muy mixta, para los países donantes ha sido una bonanza), David Sogge, argumenta que la ayuda exterior aporta importantes beneficios a los países donantes, por ejemplo:
Los países donantes también prefieren canalizar la ayuda exterior a través de organizaciones no gubernamentales del Norte. En el estudio titulado Too Southern to be Funded: The Fuding Bias Against the Global South (Demasiado sureños para recibir financiación: El sesgo de financiación contra el Sur global), se afirma que, pese a la recomendación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de desvincular la ayuda, el 90% se canaliza a través de organizaciones de la sociedad civil de los países del Norte y solo el 10% se hace por medio de organizaciones del Sur.
En el mismo estudio se argumenta que esto se debe: (1) al racismo estructural y problemas conexos relacionados con la falta de confianza y las percepciones negativas de la sociedad civil del Sur global; (2) al deseo de privilegiar a las organizaciones de la sociedad civil de los países donantes para apoyar el crecimiento continuo de las economías nacionales; y (3) a las barreras legales y técnicas que impiden a los gobiernos donantes financiar directamente a las organizaciones del Sur global.
A título de resumen, en el estudio ya citado, David Sogge, hace hincapié en que los países más pobres suelen destinar más recursos a los intereses de los países donantes de los que reciben en ayuda exterior. Cada año se realizan miles de evaluaciones de las actividades de la ayuda “en sentido descendente”, pero no evaluaciones formales de los mecanismos de la ayuda “en sentido ascendente” que indiquen con precisión quién se beneficia y en qué medida.
En todo caso, hay por lo menos cinco grandes temas que son parte integral de la ayuda exterior: (1) evitar que los países beneficiarios concluyan que sustituye a sus esfuerzos de desarrollo nacional; (2) impedir que los gobiernos de los países beneficiarios concluyan que las poblaciones beneficiadas han pasado a ser responsabilidad de otros; (3) frenar el desarrollo de una mentalidad de dependencia a todos los niveles de la sociedad, incluidos funcionarios de gobiernos; (4) lograr que los proyectos de ayuda se integren a las economías nacionales para que duren en el tiempo y no se marchiten cuando se retira el donante; y (5) estar siempre atentos a la corrupción.
En todo caso, la ayuda exterior no es un flujo de recursos en un solo sentido, pues también hay un flujo importante del Sur hacia el Norte. Esta transferencia de recursos de Sur a Norte es aún más evidente cuando se analiza el sistema financiero internacional y todo esto, desde luego, afecta el desarrollo de los países del Sur y el ejercicio del derecho a permanecer de muchos de sus habitantes.
Abogado y diplomático salvadoreño.
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