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Movilidad humana: Beneficios de la ayuda exterior para los países donantes

La solidaridad no es un acto de caridad, sino una ayuda entre fuerzas que luchan por el mismo objetivo

Samora Machel

Hay una tendencia a creer que la ayuda exterior es unidireccional y que el donante, de forma altruista, se desprende de recursos para ayudar a otros. Muchos estudios realizados demuestran que la ayuda exterior es bidireccional, ya que los donantes también obtienen importantes beneficios.

En su artículo titulado The inconvenient truth about foreign aid: For recipient countries it has been a very mixed blessing, for donors it has been a bonanza (La verdad incómoda sobre la ayuda exterior: para los países receptores ha sido una bendición muy mixta, para los países donantes ha sido una bonanza), David Sogge, argumenta que la ayuda exterior aporta importantes beneficios a los países donantes, por ejemplo:

  1. Obtener la buena voluntad de los países receptores, por ejemplo: la obtención de votos en las Naciones Unidas, el acceso a personas poderosas, la proyección en foros internacionales y la satisfacción de los contribuyentes con su generosidad.
  2. Fomentar sus exportaciones, ya que cada dólar de ayuda genera $ 2.25 en exportaciones.
  3. Consolidar sus industrias -por ejemplo, flotas pesqueras, minería, petróleo y gas en países emergentes- con un importante esfuerzo para reducir los costos y riesgos para sus inversores mediante subsidios como préstamos a bajo costo, seguros y asesoramiento de mercado. En los países receptores, refuerzan la infraestructura física y, en ocasiones, la capacitación de la fuerza laboral. No obstante, las contribuciones más importantes del sistema de ayuda residen en la aplicación de políticas como la venta de bienes públicos, la menor protección de derechos laborales y las salvaguardas ambientales que favorecen a los inversores.
  4. Presionar a los países más pobres para que inviertan billones de dólares en los bancos occidentales con el argumento de autoprotección y, como ha señalado el profesor C. P. Chandrasekhar, el flujo inverso de capital significa, en esencia, que el exceso de ahorro en los mercados emergentes se está “reciclando” de maneras que ponen la responsabilidad de asignar ese capital en manos de unos pocos responsables de la toma de decisiones financieras, situados en la cúspide de un sistema financiero global.
  5. Recibir rentas a partir de la propiedad intelectual, sin ninguna muestra de interés en frenar los cárteles y otras prácticas anticompetitivas de sus empresas transnacionales. Además, las ganancias pueden repercutir desproporcionadamente en ellos mismos, pues, por ejemplo, la ayuda a la “Revolución Verde” contribuyó a impulsar el rendimiento de los cultivos en los países pobres, pero las principales beneficiarias han sido las agroindustrias occidentales. Se estima que, en algunos casos, hasta principios de la década de 1990, la rentabilidad de esas empresas era cuarenta veces superior a la ayuda desembolsada originalmente.
  6. Lograr, bajo el enfoque de “ciudades competitivas” del Banco Mundial, que los municipios compitan por la inversión extranjera ofreciendo incentivos fiscales, terrenos y otros subsidios. Además, gracias al auge del sector financiero, los donantes facilitan el crecimiento de los mercados bursátiles y los flujos de capital especulativo, pero la situación en los países receptores se agrava aún más por las políticas de austeridad, fundamentales para mantener este clima favorable a la inversión, que han reducido el gasto público.
  7. Ayudar a las grandes empresas farmacéuticas y de software, dueñas de patentes y derechos de autor, a extraer pagos: por ejemplo, entre 2012 y 2015, los países del África subsahariana pagaron unos 10 mil millones de dólares a estos intereses privados, lo que supone un importante aumento frente los 8,700 millones de dólares que pagaron en el período 2007-2010. Sin embargo, como las leyes fiscales de los países ricos permiten a las empresas a ocultar beneficios, estos datos del Banco Mundial podrían subestimar la verdadera cantidad.

Los países donantes también prefieren canalizar la ayuda exterior a través de organizaciones no gubernamentales del Norte. En el estudio titulado Too Southern to be Funded: The Fuding Bias Against the Global South (Demasiado sureños para recibir financiación: El sesgo de financiación contra el Sur global), se afirma que, pese a la recomendación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de desvincular la ayuda, el 90% se canaliza a través de organizaciones de la sociedad civil de los países del Norte y solo el 10% se hace por medio de organizaciones del Sur.

En el mismo estudio se argumenta que esto se debe: (1) al racismo estructural y problemas conexos relacionados con la falta de confianza y las percepciones negativas de la sociedad civil del Sur global; (2) al deseo de privilegiar a las organizaciones de la sociedad civil de los países donantes para apoyar el crecimiento continuo de las economías nacionales; y (3) a las barreras legales y técnicas que impiden a los gobiernos donantes financiar directamente a las organizaciones del Sur global.

A título de resumen, en el estudio ya citado, David Sogge, hace hincapié en que los países más pobres suelen destinar más recursos a los intereses de los países donantes de los que reciben en ayuda exterior. Cada año se realizan miles de evaluaciones de las actividades de la ayuda “en sentido descendente”, pero no evaluaciones formales de los mecanismos de la ayuda “en sentido ascendente” que indiquen con precisión quién se beneficia y en qué medida.

En todo caso, hay por lo menos cinco grandes temas que son parte integral de la ayuda exterior: (1) evitar que los países beneficiarios concluyan que sustituye a sus esfuerzos de desarrollo nacional; (2) impedir que los gobiernos de los países beneficiarios concluyan que las poblaciones beneficiadas han pasado a ser responsabilidad de otros; (3) frenar el desarrollo de una mentalidad de dependencia a todos los niveles de la sociedad, incluidos funcionarios de gobiernos; (4) lograr que los proyectos de ayuda se integren a las economías nacionales para que duren en el tiempo y no se marchiten cuando se retira el donante; y (5) estar siempre atentos a la corrupción.

En todo caso, la ayuda exterior no es un flujo de recursos en un solo sentido, pues también hay un flujo importante del Sur hacia el Norte. Esta transferencia de recursos de Sur a Norte es aún más evidente cuando se analiza el sistema financiero internacional y todo esto, desde luego, afecta el desarrollo de los países del Sur y el ejercicio del derecho a permanecer de muchos de sus habitantes.

Abogado y diplomático salvadoreño.

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