Light
Dark

Ayatolas intensifican el terror en Irán usando a niños como represores

Los ayatolas iraníes han intensificado la represión desde el inicio de la guerra y en las calles de Teherán han aparecido grupos de adolescentes armados con ametralladoras, que atemorizan a la población, como en su momento los «estudiantes» que se tomaron la embajada de Estados Unidos en Teherán en 1979 y mantuvieron secuestrado al personal por 400 días. Esos son los que después formaron la represora y sangrienta «Guardia Revolucionaria».

El castigo que sufren quienes protestan en Irán —participando en marchas, desafiando las normas sobre llevar o no cubrirse la cabeza o escribiendo panfletos— es la ejecución inmediata. Según la banda de dementes en el poder, esas protestas son “contra dios” y, por lo mismo, deben erradicarse de inmediato.

Los ayatolas iraníes han intensificado la represión desde el inicio de la guerra y en las calles de Teherán han aparecido grupos de adolescentes armados con ametralladoras, que atemorizan a la población, como en su momento los «estudiantes» que se tomaron la embajada de Estados Unidos en Teherán en 1979 y mantuvieron secuestrado al personal por 400 días. Esos son los que después formaron la represora y sangrienta «Guardia Revolucionaria».

El régimen teocrático –que cree que habla con «dios»– ha confirmado que está reclutando a niños de apenas 12 años para patrullas paramilitares y controles de tráfico.

Los desquiciados iraníes están permitiendo que menores de 12 años se unan al Basij, la temida fuerza paramilitar de voluntarios fundada en 1979 y que trae el recuerdo de la década de 1980, cuando miles de niños combatieron en la guerra entre Irán e Irak, según informaron la agencia AFP y Radio Francia Internacional.

Se cree que el Basij, que forma parte de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de Irán, participó en la violenta represión de las manifestaciones antigubernamentales en enero.

Según los observadores, la represión está diseñada para suprimir cualquier posibilidad de un levantamiento popular, alentado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, cuando empezó la guerra.

Quienes leen estas líneas deben preguntarse cómo se llegó a tal horror, que está costando la vida de tantos y, además, pone en grave peligro a muchas personas en toda la región. Incluso se dice que Estados Unidos contempla una invasión terrestre del país, con las consecuencias que ello acarrearía.

Antes de su caída en 1979, el Sha de Irán se esforzó por modernizar el país mientras estuvo en el poder, pero afectó su imagen al gastar mil millones de dólares para celebrar los 2,500 años del Imperio Persa, lo cual fue aprovechado por los ayatolas fanáticos para montar desde Francia una «revolución» que terminó afectando a los mismos iraníes, sobre todo a las mujeres.

Algo similar ocurrió con el rey emérito de España, Juan Carlos I, cuando fue a cazar elefantes a África en un momento en que su país atravesaba dificultades. La familia real española, como ya se ha señalado, logró superar la dictadura de Franco y establecer una monarquía regida por el Estado de derecho, hoy bajo el rey Felipe VI.

Los dictadores buscan mantener a los pueblos en la oscuridad y la superstición

Los dictadores de todo tipo, al igual que los narcisistas enloquecidos, dejan secuelas terribles que son muy difíciles de superar con el paso del tiempo. De forma opuesta, los grandes pensadores y mecenas —incluidos los juristas romanos— han dejado legados brillantes, como la Carta Magna, acordada entre el rey Juan Sin Tierra y los barones ingleses, o la Declaración de Independencia de Estados Unidos, redactada por Thomas Jefferson.

Italia, a partir del Año Mil, fue dejando atrás lo peor del Medioevo para forjar el Renacimiento. Comenzó separándose del latín y dando forma a una nueva lengua y a un arte vibrante, desligándose paulatinamente de la tradición eclesiástica. Esto llevó al gran poeta Dante Alighieri a escribir su Comedia en italiano, obra que luego Giovanni Boccaccio —autor del Decamerón— calificó como la Divina Comedia.

El Renacimiento italiano fue impulsado en gran parte por los Médici de Florencia, quienes superaron los fanatismos religiosos de ciertos grupos, lo que culminó con el juicio y ejecución de Girolamo Savonarola.

Lorenzo de Médici, “el Magnífico”, convirtió a Florencia en una ciudad de arte y conocimiento. Está sepultado en una capilla esculpida por Miguel Ángel, uno de los más grandes genios del arte, quien pintó la Capilla Sixtina, lugar donde los cardenales se reúnen para elegir a un nuevo papa.

Tasas y Balances Epaper Obituarios
Patrocinado por Taboola