Quiero aclarar que escribo este artículo desde un punto no religioso. No estoy de acuerdo con la eutanasia. Creo que solo Dios tiene el derecho de decir hasta aquí llega tu vida. Pero habla alguien que, fuera de su enfermedad crónica, está sana. No sé qué pensaría si estuviera en una silla de ruedas y si mi vida hubiera sido la de Noelia.
El caso de Noelia, la joven española que solicitó suicidio asistido (o eutanasia), es complicado. El trasfondo de la joven es desgarrador. Tras el divorcio de sus padres y su incapacidad para mantenerla, fue puesta bajo la tutela del Estado. Estando bajo esa tutela, fue violada por tres hombres. Con el tiempo y la falta de acompañamiento, este trauma hizo que se lanzara del quinto piso de la casa de su padre para acabar con su vida, bajo los efectos de la cocaína. Antes de que la juzguen por eso, piensen en patrones familiares y en el hecho de que había discutido con su padre unos minutos antes. Sobrevivió, pero con una lesión que la dejó parapléjica. Esto incrementó el sufrimiento emocional junto con el físico y la llevó a decir, en sus propias palabras: “Mi vida ya no es vida”.
Aun antes de intentar suicidarse, Noelia ya mostraba un cuadro de inestabilidad mental preocupante. Tenía reconocida una discapacidad del 67 %. Los informes médicos describen trastorno límite de la personalidad, trastorno obsesivo-compulsivo, ideas paranoides, pensamientos suicidas recurrentes e inestabilidad emocional severa. Después de su intento de suicidio, cuando sufrió la lesión lumbar, su incapacidad aumentó al 74 %, pues se convirtió en una persona casi totalmente dependiente, además de sufrir dolores neuropáticos y de otras índoles relacionados con la lesión. ¿Dónde vivía? En una residencia sociosanitaria.
En 2024, Noelia solicitó el suicidio asistido, pues no veía salida a una vida de dolor, trauma, abandono y frustración. Cuando solicitó la eutanasia, su padre se opuso, aduciendo inestabilidad mental e incapacidad, y llevó el caso con Abogados Cristianos. La relación entre ambos no era mala, pero sí complicada. Aunque él era una figura importante, no había una relación de apoyo. Su madre no estaba de acuerdo, “pero quería estar allí”. ¿Sorprende que Noelia se sintiera “sola, incomprendida y sin metas”?
Todo este cuadro no es para justificar, sino para enfatizar que el tema aquí no es solamente la eutanasia. El verdadero meollo del asunto es si a una persona con condiciones mentales, víctima del aislamiento y la falta de apoyo, y con tendencias suicidas —importante esto último— debe permitírsele tomar tal decisión, considerando que su misma historia emocional no la capacita para ver la vida objetivamente. Se habla de la importancia de la autonomía, la protección y la dignidad de la persona, pero quedan interrogantes. Si bien Noelia, por su edad, tenía autonomía legal, no era autónoma ni física ni emocionalmente. ¿Podía una persona con trauma generacional grave, aunado a una violación, tomar una decisión que no estuviera moldeada por el abandono, la depresión y una visión distorsionada de la realidad? Si una persona toma una decisión moldeada por todo lo anterior, ¿permitirle el suicidio asistido es “protegerla” o “condenarla” a no tener la oportunidad de vivir una vida moderadamente funcional? Y eso, a su vez, nos lleva a la incómoda pregunta: ¿no se le dio a Noelia permiso para morir cuando respetar su dignidad implicaba proporcionarle herramientas para vivir?
Esta historia revela todas las fallas colectivas posibles dentro de la sociedad, comenzando por el escaso entendimiento de lo que es ser “provida”. Aquí se necesitaban acciones provida para garantizar el bienestar emocional y físico de Noelia, pero nadie las tomó. Parece que el derecho a la vida se pierde al nacer y que los niños indefensos sufren muchas veces bajo la famosa frase “no hay que meterse”. La idea del valor de la vida es nula en la sociedad actual, pues el derecho a la vida implica también seguridad alimentaria, emocional, mental, social y de vivienda digna.
Además, el caso de Noelia pone de nuevo en evidencia la escasa importancia con la que la salud mental sigue tratándose como un asunto secundario, algo que se atiende “si queda tiempo”, “si hay recursos”, “si la persona es conflictiva”, “si hay crisis urgentes”. Y una vez la “crisis” pasa, incluso se cuestiona el uso de medicamentos y se esconde porque “da pena”. La enfermedad mental no tratada, minimizada o, peor aún, utilizada, destruye familias y eventualmente la vida de la persona. Esta negligencia personal y social tiene consecuencias devastadoras. Cuando no se responde con apoyo al sufrimiento psicológico, sino con meros procedimientos o consejos de moda como el “cero contacto” o la evasión de responsabilidad, se multiplica el trauma. El axioma es simple: lo que no se habla, no se procesa; lo que no se asume y no se acepta vuelve a la persona vulnerable y la destruye. Y en personas con patologías psiquiátricas, la distorsión de la propia realidad las lleva a crear realidades alternas. Me destrozó realmente oír a Noelia decir que se quería morir guapa, con un vestido bonito y maquillada.
Lo trágico del caso Noelia no está solo en el desenlace. Horrorizarnos por una decisión judicial que le permitió la eutanasia es simplificar y hacer caso omiso de todos los errores que se cometieron para que esta joven llegara a pensar que el suicidio asistido era su única salida: errores en el cuido y en la visión de una sociedad que normaliza el abandono y trata los problemas de salud mental y las discapacidades como la lepra o, en el mejor de los casos, los ignora. Y si piensan que en este país, porque no existe la eutanasia, no existen esos problemas, repiénsenlo. El suicidio es un problema grave en El Salvador, fruto del mismo abandono y falta de cuido que sufrió Noelia. Pero más preocupante aún es el apoyo viral que se le da a un acto desesperado sin conocer el trasfondo del mismo, por una mal dirigida “empatía”. Decir que está bien que una persona quiera terminar con su propia vida hace que uno piense si la sociedad valora la vida misma y está capacitada para defenderla.
En el fondo de mi corazón, espero que Noelia descanse en paz. Como dije, no creo en la eutanasia, pero sí en la inmensa misericordia de Dios.
Nota: Muchas universidades, parroquias e iglesias ofrecen atención psicológica gratuita, al igual que la plataforma Dr. SV. La salud mental es importante: si se siente deprimido, busque ayuda.
Educadora.