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Un país de primer mundo: lo que piden los niños

Muchas veces ignoramos cómo el contexto familiar, social, cultural y político afecta a nuestros niños. Los niños son el futuro de nuestro país y quienes definirán, o no, si se convierte en uno de primer mundo.

La historia de este artículo es la siguiente. Estaba yo en la capilla del Santísimo de mi parroquia y, al salir, me detuve a apuntar mi petición en los papelitos que allí se dejan con ese propósito. Al lado mío, una niña llenaba el suyo con su letra de carta infantil. Luego intentó meterlo en la cajita, pero estaba llena y no lo lograba. Así que le ayudé a doblarlo bien para que cayera en una esquina.

—Es muy importante —me susurró.

—¿Y eso? —le susurré.

—Es por papá y mamá. Mamá está allí adentro —señaló la capilla—, porque ayer se gritaron con papá, que tenía que terminar con ella. Yo quiero a mis papás juntos…

El mensaje, si lo entendemos, lo recibió completamente distorsionado, pero me quedé con la interrogante de qué piden los niños de una generación que vive entre redes y conflictos y que, según las predicciones de todos, será materialista. Aclaro que este no pretende ser un estudio sociológico, y agradezco a todas aquellas madres que me permitieron entrevistar a sus hijos de 7 a 10 años. Obviamente, los nombres de los niños han sido cambiados, pero debo decir que hubo muchas respuestas sorprendentes.

Roberto (7 años): Yo le pido a Dios que no venga aún el fin del mundo. Me da mucho miedo cuando mis papás hablan de todos los lugares donde están tirando bombas. Me da miedo que una bomba caiga en El Salvador.

Victoria (9 años): Yo le pido a Dios y a la Virgen que mis papás no pierdan su negocio. El otro día los oí diciendo que no sabían si iban a poder seguir porque hay que pagar algo en enero. Me da miedo no tener la casa y el carro, o qué comer.

Maya (8 años): Yo le pido al Señor por mi hermanito menor. Él nació con síndrome de Down. No puede ir a la misma escuela a la que yo voy y no tiene amigos. Cuando salimos los tres con mamá, lo ven raro y yo me siento mal.

Josué (9 años): Yo le pido al Señor Jesús que me dé un papá que quiera a mi mamá. Mi papá se murió en un accidente y mi mamá no tiene papás. A veces la veo llorar porque no tiene dinero. Yo quisiera que Dios me diera un papá y un esposo a mi mamá.

Aníbal (10 años): Yo le pido al Señor que me dé amigos. Como ve, uso un aparato en una pierna (por una deformación congénita). Todo el mundo se burla de mí porque no juego fútbol. Es súper difícil ser diferente y no sé por qué la gente no entiende eso ni se lo enseña a sus hijos.

Rossana (9 años): Yo le pido a Dios ir a la casa del mar con mis papás. Ellos tienen bastantes casas en el mar, pero nunca me llevan. Son para Airbnb. Ellos dicen que de eso vivimos, pero trabajan toda la semana en sus oficinas. De verdad, quisiera ir al mar con mis papás.

Azul (8 años): Yo le pido a Jesús y a Mamita María que sanen a mi mamá de su cáncer. Yo necesito a mi mamá y mis hermanitos también. Y también que podamos regresar a mi casita. Allí tenía un cuarto, pero aquí tengo que dormir con ellos y hacen mucho ruido a veces.
(Nota: por los gastos médicos y el cuido, se han mudado donde la abuela materna).

Antonio (7 años): Yo le pido al Señor que no tiemble en El Salvador. Vi fotos de un terremoto en el diario hace unos días. También que no haya incendios. Oí a mi abuelita decir que se habían quemado dos niños. Me da miedo morirme como ellos o en un terremoto.

Anabella (10 años): Yo quisiera que mis papás se volvieran a casar otra vez. Mi mamá tiene novio y mi papá tiene novia, pero no me gustaría tener dos familias. Quiero la mía. Eso le pido a Dios.

Francisco (8 años): Yo le pido al Señor ser como el beato Carlo Acutis. Yo quiero ser santo e ir al cielo. También quiero ir a misa todos los días y ayudar a los pobres, como hacía él y muchos santos.
(Nota: esta respuesta fue sorprendente porque ninguno de los padres es devoto).

Karen (10 años): Yo le pido al Señor por mi nana. Su hijo se fue a Estados Unidos y desde hace meses no sabe nada de él. A veces la veo llorar todo el día. Mi nana es buena y su hijo le ayudaba.

Malcom (10 años): Con mis papás, oramos por los presos. Le pedimos a Dios que los culpables acepten a Jesús como su Salvador y se conviertan. También pedimos que los inocentes salgan libres. También por todas las familias como la de mi tío, que tuvieron que huir.
(Nota: el tío de Malcom fue víctima de la violencia y su familia tuvo que huir del país hace cuatro años).

Sara (8 años): Yo le pido al Señor que los niños de mi clase no molesten a Manuel (un compañerito). Manuel no ha hecho nada malo, pero le dicen un montón de cosas feas, le esconden libros y otras cosas. Yo le dije a la maestra, pero no hizo nada. Así que rezo.

Muchas veces ignoramos cómo el contexto familiar, social, cultural y político afecta a nuestros niños. Los niños son el futuro de nuestro país y quienes definirán, o no, si se convierte en uno de primer mundo. Urgen de modelos coherentes, estabilidad, cultura y valores. Urge que se les escuche.

Educadora

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