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Sólo el amor nos hizo alcanzar el horizonte

Sólo el amor nos hizo perdonar. De perdonar al mundo y a la vida; de perdonarnos a nosotros mismos como al semejante, al amante, al compañero de ruta y a las tormentas del sendero. 

Sólo el amor nos hizo alcanzar el horizonte. Sólo el amor nos hizo ganar la gran batalla de vivir; de morir a cada día y volver a empezar; de poseer la vida un breve instante y alcanzar el mundo de la luz desde las sombras. También sólo el amor nos hizo olvidar. Olvidar la noche de golpes y de viejos dolores; de días sin luz que nunca amanecieron… Olvidar el nombre del ayer para decir gozosos el nombre del día amaneciente. Sólo el amor nos hizo crecer. Crecer como tallos humanos, ascendiendo en la llanura infinita del cosmos. ¡Amor de un solo instante que nos hizo florecer eternidades! A crecer como espigas, del suelo a las estrellas; de la sombra a la alborada. Sólo el amor nos permitió ser justos. Sólo la sabia balanza del amor nos dio justicia. Y -en medio de la guerra del cielo y del destino- sólo el Eros Creador pudo engendrar la paz del alma humana. Inspiración y credo de la madre Naturaleza en su sabiduría que ordena la vida, sus capítulos y estaciones. Sólo el amor nos hizo perdonar. De perdonar al mundo y a la vida; de perdonarnos a nosotros mismos como al semejante, al amante, al compañero de ruta y a las tormentas del sendero.  Sólo el amor, al fin nos dio sabiduría y nos abrió los ojos allá en la torva oscuridad. El que nos hizo hierba, árbol, ciervo y montaña. Si bien es cierto que hubo amores ciegos, ilusorios, errados, imposibles… No por ello dejó de existir su milagro de luz y esperanza.

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