Pakistán declaró este viernes una «guerra abierta» contra Afganistán, gobernado por los talibanes desde su entrada en Kabul en agosto de 2021, cuando culminaron la reconquista del país. Esta nueva fase de tensión pone fin a varios meses de enfrentamientos fronterizos.
El portavoz del Gobierno pakistaní, Attaullah Tarar, informó que las fuerzas de Pakistán habían atacado blancos militares en Kabul, así como en Kandahar y en la provincia de Paktia, en el sureste afgano. Islamabad sostiene que respondió a «ataques militantes provenientes del territorio afgano».
El régimen de los talibanes aseguró este viernes que, pese a estar listos para responder a cualquier agresión, su objetivo final sigue siendo una resolución negociada de la crisis con Pakistán.
Según el portavoz talibán Zabihullah Mujahid, han capturado 19 puestos militares y dos cuarteles generales paquistaníes, en una acción que tenía como fin enviar un mensaje de disuasión a Islamabad.
El trasfondo del conflicto
La escalada, inédita en los últimos años, tiene como eje central la acusación de Pakistán contra Afganistán por, supuestamente, no combatir con firmeza al movimiento Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP). Este grupo ha intensificado sus ataques en territorio pakistaní desde el regreso de los talibanes al poder en Kabul y es señalado por Islamabad como un «proxy» utilizado para desestabilizar a su vecino, potencia nuclear cuya doctrina de disuasión está orientada principalmente hacia India.
Sin embargo, este argumento político no oculta que las tensiones fronterizas se remontan a la creación de la llamada «línea Durand», establecida en 1893 por el Imperio Británico, entonces potencia colonial en la región. Aunque Afganistán y Pakistán comparten esta frontera desde la época colonial, Kabul nunca la ha reconocido oficialmente.
Los flujos de refugiados y las acusaciones mutuas de injerencia han tensionado durante décadas las relaciones bilaterales. Desde el retorno de los talibanes al poder en 2021, Pakistán acusa a Kabul de albergar a grupos considerados terroristas, como el TTP y el Estado Islámico de Khorasan (EI-K), a los que responsabiliza de atentados ocurridos en febrero de 2026 en su territorio.
Escalada militar
Por su parte, Afganistán reprocha a Pakistán actos de «injerencia» y «expulsiones masivas de afganos», que superarían el millón de personas desde 2023. A ello se suman divergencias sobre el uso del agua del río Indo, el comercio y la explotación de materias primas, factores que han profundizado los resentimientos.
El 21 de febrero, la Fuerza Aérea de Pakistán (PAF) lanzó ataques en las provincias afganas de Nangarhar, Paktika y Khost, dirigidos contra presuntos campamentos del TTP y del EI-K. Islamabad justificó la operación como respuesta a atentados en su territorio.
Cinco días después, el 26 de febrero, fuerzas afganas respondieron mediante una operación en la zona fronteriza de Khyber Pakhtunkhwa. Se registraron víctimas mortales en ambos bandos.
El ministro pakistaní de Defensa declaró que «nuestra paciencia ha llegado a su límite. Estamos en guerra abierta». Islamabad asegura haber abatido a 274 combatientes talibanes y herido a otros 400, cifras que no han sido verificadas de manera independiente.
Impacto regional e internacional
La dimensión humanitaria es preocupante. Afganistán, ya aislado regional e internacionalmente, enfrenta el riesgo de una hambruna en medio de una economía frágil. En Pakistán, crece el temor a una expansión del terrorismo interno.
A nivel regional, Pakistán acusa a India de apoyar indirectamente a los talibanes, lo que podría agravar la tensión en la disputada región de Cachemira. China e Irán observan con preocupación el deterioro de la estabilidad fronteriza. En el plano internacional, Estados Unidos y Rusia han llamado a la moderación.
Hasta el momento no existe una opción concreta de cese al fuego. Una tregua negociada por Catar y Turquía en octubre pasado, tras enfrentamientos que dejaron 70 muertos, no logró consolidarse. Arabia Saudita intervino posteriormente para facilitar la liberación de tres soldados pakistaníes detenidos por Kabul.
Irán, inmerso en tensiones con Estados Unidos, manifestó —a través de su canciller, Abbas Araghchi— su disposición a facilitar el diálogo y reforzar la cooperación entre ambos países.
Una fase de alto riesgo
La declaración de «guerra abierta» abre una etapa de alto riesgo de escalada regional en Asia Central. Pakistán e India mantienen un delicado equilibrio basado en la disuasión nuclear desde la década de 1990, aunque compiten indirectamente en escenarios periféricos.
La operación denominada «Ghazab lil-Haq», lanzada por Pakistán con ataques aéreos en territorio afgano, marca un punto de inflexión. Se perfila una confrontación inédita entre dos Estados islámicos, con consecuencias imprevisibles para la estabilidad regional.
Politólogo francés y especialista en temas internacionales.