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El lenguaje del vacío, Arturo Berney y la utilidad del arte

Del rigor de la arquitectura a la libertad del acero, el escultor español reflexiona sobre la creatividad universal y cómo las ciudades sanan a través del arte monumental.

Arquitecto español Arturo Berned de visita en El Salvador
Esta escultura monumental titulada, "Cabeza Miami" de 2019, fue elaborada en chapa de acero corten de 6 mm de espesor, con un acabado chorreado y oxidado. Está ubicada en un proyecto residencial de Coral Gables en Miami, Florida. Foto/ cortesía

Todos los seres humanos, sin excepción, nacen con la chispa de la creatividad. Es una afirmación que Arturo Berned sostiene con la convicción de quien ha dedicado su vida a entender las formas. Sin embargo, existe un abismo entre el impulso creativo cotidiano y la capacidad de transformar esa energía en una obra que trascienda.

Para el español, el artista no es un ser superior, sino alguien que ha decidido cincelar esa creatividad a través del rigor, la técnica y, sobre todo, una sensibilidad educada para escuchar lo que los materiales tienen que decir.

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Arquitecto de formación y escultor por un destino que él mismo se encargó de forjar, Berned representa esa «rara avis» en el panorama contemporáneo: el artista que entiende que su obra no le pertenece a él, sino al espacio que ocupa y a las personas que lo transitan. Su paso por El Salvador no es solo una visita de cortesía -en la que conversó con EDH-, es un encuentro de visiones sobre cómo el arte puede y debe ser útil para las sociedades modernas.

Durante años, el europeo ejerció la arquitectura en estudios de alto nivel, donde el plano y la norma rigen el día a día. Pero en algún punto de ese camino, la estructura técnica comenzó a pedirle algo más.

Arquitecto español Arturo Berned de visita en El Salvador
Imagen del escultor español Arturo Berned contemplando una pieza. Foto: imagen de carácter ilustrativa y no comercial / https://www.instagram.com/p/DU8n76Hghoq/?img_index=1

El salto de la arquitectura a la escultura no fue para él una ruptura, sino una liberación. En la arquitectura, el espacio se diseña para ser habitado funcionalmente; en la escultura de Berned, el espacio se diseña para ser sentido.

Él abandonó la seguridad de los edificios para enfrentarse a la incertidumbre del acero. Sin embargo, se llevó consigo la disciplina del arquitecto. Sus esculturas no son improvisaciones azarosas; son proyectos donde el acero corten o el inoxidable se pliegan bajo las leyes de la proporción áurea.

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Esta transición le permitió entender que una escultura pública tiene una responsabilidad mayor que un cuadro en una galería, pues debe resistir el tiempo y, lo más difícil, la indiferencia del transeúnte. Pero para lograrlo, la obra debe conmover.

EL ARTE QUE SACUDE

Esa capacidad de sacudir el espíritu a través de la geometría no entiende de jerarquías. La obra de Arturo Berned posee una fuerza tan intrínseca que ha logrado detener el tiempo para las figuras más relevantes del mundo.

Arquitecto español Arturo Berned de visita en El Salvador
«Máscara inestable» (2021), esculpida en plancha de acero corten de 10, 15, y 25 MM, con acabado lijado y pintura fluor. Foto / cortesía

Sus piezas no solo habitan plazas, sino que han conmovido profundamente al emperador de Japón y al rey de España, figuras acostumbradas a la excelencia, pero que frente al acero de Berned encontraron un lenguaje de equilibrio y respeto que trasciende protocolos.

Este impacto no es casual. Este creador persigue que la escultura «viva» y que su presencia sea tan rotunda que obligue a detenerse. Si una pieza de toneladas de metal puede conmover a un monarca o a un ciudadano de a pie en una avenida transitada, es porque el artista ha logrado tocar una fibra universal: la necesidad humana de orden y belleza en medio del caos.

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El ganador del primer premio en el IV Concurso Internacional de Escultura Monumental de la Ciudad de Murcia argumenta que una ciudad sin arte es una ciudad sorda.

Observa con admiración modelos de gestión cultural en países como Japón y los Países Bajos, donde la relación entre la municipalidad, la empresa privada y el artista es orgánica. En estas latitudes, las estrategias para recolectar fondos destinados a donar esculturas a las ciudades no se ven como un gasto, sino como una inversión en salud mental urbana.

Arquitecto español Arturo Berned de visita en El Salvador
Proyecto Mu – Cabeza Año Dual (2014) en Japón. Plancha de acero inoxidable 5 mm de grosor, acabado pulido. Foto / cortesía

Y es que una escultura monumental en una plaza genera un punto de referencia, crea un lugar de encuentro y eleva la dignidad del entorno. Para Berned, cuando una comunidad se apropia de una pieza de acero, la ciudad comienza a sanar. El arte se convierte en un servicio público, tan necesario como la iluminación, porque alimenta la identidad colectiva.

Aunque su lenguaje es geométrico y a menudo sobrio, su experiencia en Mesoamérica —especialmente en México— inyectó una nueva energía en su catálogo. Fue allí donde se permitió explorar colores vibrantes, como rojos profundos y amarillos intensos que resuenan con la luz de nuestra región.

Esta etapa es vital para entender un posible diálogo con El Salvador. El español no llega con una fórmula rígida; llega con la capacidad de absorber el entorno. Sabe que la luz del trópico exige una respuesta distinta a la luz gris del norte de Europa. Sus piezas con influencia mesoamericana son el testimonio de un artista que sabe dialogar con la cultura local, demostrando que el acero también puede ser cálido y festivo.

EL MISTERIO DEL CREADOR

Sin embargo, la pregunta que a menudo queda en el aire es: ¿cuándo termina un artista su obra? La respuesta de Berned es reveladora y define al auténtico creador. Para él, llega un momento en que el artista debe dar un paso atrás.

Arquitecto español Arturo Berned de visita en El Salvador
«Puerta Loewe» (2000), para la casa de moda española de lujo, elaborada con hierro pintado. Foto / cortesía

Existe un punto en el proceso de producción donde la obra adquiere una voluntad propia. El auténtico creador es aquel que tiene la humildad y la agudeza sensorial para entender cuándo la pieza debe fluir y expresarse por sí misma.

Es el momento en que, por ejemplo, el acero deja de ser un material dócil bajo las órdenes del escultor para convertirse en una entidad con voz propia.

Cuando la obra finalmente «habla» y tiene la capacidad de conmover por derecho propio, el artista se retira. En ese instante, la escultura deja de ser de Arturo Berned para ser de la ciudad, del cielo que la rodea y de cada persona que, al pasar frente a ella, siente que el mundo, por un segundo, tiene un sentido perfecto.

Él invita a los ciudadanos a perder el miedo al arte monumental. A tocar el acero, a ver cómo cambia el paisaje a través de sus fisuras y a entender que la obra está ahí para entablar una conversación privada con cada individuo.

DE LA INGENIERÍA DE BARAJAS AL RIGOR DEL ACERO

La solidez de la obra de Arturo Berned (Madrid, 1966) tiene sus raíces en una carrera arquitectónica de primer nivel. Antes de dedicarse plenamente a la escultura, Berned formó parte de proyectos en su tierra natal que hoy son emblemas de la ingeniería moderna. 

Arquitecto español Arturo Berned de visita en El Salvador
Terminal 4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas. | Foto: imagen de carácter ilustrativo y no comercial / www.instagram.com/p/DUVsOEKEZuZ/

Su paso por el prestigioso estudio de Carlos Lamela lo llevó a participar en obras de la magnitud de la Terminal T4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas y en la remodelación del Estadio Santiago Bernabéu, experiencias que le otorgaron un dominio magistral de la escala, el material y la integración urbana.

En 2004, tras recibir el Primer Premio en el IV Concurso Internacional de Escultura Monumental de la Ciudad de Murcia, decidió volcar ese conocimiento técnico en el arte puro. A este éxito le siguieron otros reconocimientos de prestigio, como el Premio de la International Association of Art Critics (AICA) y su destacada participación en el Open 20 internacional de Venecia.

Su proyección global se consolidó al ser seleccionado por la Fundación Norman Foster para representar a España en Japón, sumando su presencia en centros de referencia como el IVAM.

Hay que destacar que uno de sus grandes aportes al arte contemporáneo reside en su capacidad para humanizar la geometría. Hoy, sus piezas habitan espacios públicos desde Madrid hasta Tokio, convirtiendo la disciplina de los grandes proyectos constructivos en una poética del vacío.

Además, ha participado en numerosas ferias como ARCO en Madrid y Lisboa, ARTBO en Bogotá, ARTBASEL en Hong Kong, ART MIAMI en Miami, entre otras

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