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El cantor de historias

El cantor de quien les hablo no tenía historia. La había perdido en la noche del ayer. Sin fama, recuerdos ni fortuna. Sin fechas memorables ni nombres en los árboles. Sin nada que olvidar porque el ayer murió y él murió con él. Sólo le hacía falta recordar su sueño.


Nuestra existencia es un drama o historia a veces feliz o no siempre feliz. Los escritores del tiempo fugaz (Tempus Fugit) solemos extraer de la realidad, de la irrealidad o de nuestra interior leyenda argumentos para el texto por narrar. Toda historia tiene su cantor y todo cantor su historia o sus historias. Al final hombre y cantor -cantor e historia- ¡son una misma historia! Valga la redundancia. La vida hace al cantor y el cantor canta a la vida. El cantor hace su historia y el la historia hace al cantor. Pero el cantor de quien les hablo no tenía historia. La había perdido en la noche del ayer. Sin fama, recuerdos ni fortuna. Sin fechas memorables ni nombres en los árboles. Sin nada que olvidar porque el ayer murió y él murió con él. Sólo le hacía falta recordar su sueño. “Ese cantor no tenía historia. Un poco menos que la gloria. Y a nadie le importaba saber (bis) Cómo olvidar si el olvido hace que muera lo querido. Si a nadie le importaba perder. Después de haber perdido algún querer. Ese cantor perdió su estrella. Un poco más que su esperanza. La mira y no la alcanza a la dulce enamorada. La luz de su mirada se pierde entre la niebla del ayer. cómo olvidarla si está lejos. Un poco menos que el espejo. Su voz en la distancia la busca y no la encuentra y un vuelo de una puerta se pierde. Se pierde entre la niebla del ayer. Ese cantor ¡Ese cantor! ¡Ese cantor!….. (De “Cantares sin Tiempo”) ©

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