Tras el Caribe —escenario de la operación “Southern Spear”, iniciada en agosto de 2025 y que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores— el Golfo Pérsico emerge ahora como el nuevo eje central de las tensiones internacionales.
Esta región estratégica, por la que transita gran parte del petróleo mundial a través del estrecho de Ormuz, se ha convertido en escenario de enfrentamientos militares y diplomáticos. Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha reforzado su presencia militar en respuesta a la violenta represión de las protestas en Irán durante los últimos meses y ante los supuestos avances del programa nuclear clandestino iraní. A pesar de la operación “Midnight Hammer” —lanzada en junio de 2025 contra varios sitios vinculados a dicho programa—, la preocupación persiste en medio de tensiones internacionales que elevan el riesgo de proliferación nuclear.
Por su parte, Teherán denuncia una agresión “imperialista” y amenaza a Washington con represalias regionales. Sin embargo, surge la duda sobre la credibilidad de estas advertencias, especialmente tras la llamada “guerra de los 12 días” entre Irán e Israel, librada del 13 al 24 de junio de 2025, que evidenció los límites del potencial militar iraní frente al Estado hebreo. La situación actual alimenta el riesgo de una escalada que podría derivar en un conflicto de mayor alcance, con implicaciones directas para la seguridad energética mundial y la estabilidad de Oriente Medio.
Las tensiones actuales son, en gran medida, consecuencia de las protestas masivas que estallaron en Irán a finales de 2025 y se intensificaron a comienzos de 2026. Estos movimientos, desencadenados por las dificultades económicas, la corrupción y la represión política, provocaron violentos enfrentamientos. Fuentes oficiales afirman que más de 6.400 manifestantes murieron durante la represión, mientras miles de casos adicionales permanecen bajo investigación. Organizaciones no gubernamentales, por su parte, elevan la cifra de víctimas hasta cerca de 35.000 fallecidos.
El régimen iraní impuso un bloqueo nacional de internet para ocultar la magnitud de la violencia, que observadores internacionales han calificado como “masacres”. Frente a esta crisis interna, Irán ha endurecido su discurso de resistencia. El líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, advirtió que cualquier ataque estadounidense desencadenaría una “guerra regional” en Oriente Medio. Altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica afirmaron que el país está preparado para una “guerra total”, con armamento exclusivo y capacidad para atacar intereses estadounidenses e israelíes. Teherán interpreta los acontecimientos como un intento de desestabilización orquestado por Estados Unidos e Israel con el objetivo de derrocar al régimen islámico.
¿Cuál ha sido la respuesta estadounidense? Refuerzo militar y presión diplomática. A finales de enero de 2026, el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de escolta llegaron al mar Arábigo, tras lo cual se anunció el despliegue de un segundo portaaviones, el USS Gerald R. Ford —el mayor del mundo— procedente del Caribe.
Esta doble presencia naval, poco habitual en los últimos años, busca disuadir a Irán y preparar posibles operaciones de contingencia. El presidente Trump declaró que la medida era necesaria para obligar a Teherán a negociar un nuevo acuerdo nuclear, amenazando con acciones “traumáticas” si fracasaban los intentos diplomáticos. Paralelamente, se desarrollaron negociaciones indirectas en Omán, donde representantes estadounidenses e iraníes intercambiaron mensajes a través de intermediarios. Irán insiste en limitar estas conversaciones exclusivamente al ámbito nuclear y en mantenerlas en formato bilateral, excluyendo cualquier debate sobre misiles balísticos o redes de aliados regionales.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, calificó las conversaciones como un “buen comienzo”, aunque rechazó cualquier negociación bajo presión. Donald Trump, por su parte, sugirió que un cambio de régimen en Irán sería “lo mejor que podría ocurrir”, manteniendo la presión militar.
Los países del Golfo —Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar— observan la escalada con creciente preocupación. Temen no solo un Irán más beligerante, sino también una posible fragmentación interna que desestabilice a toda la región. Varios de estos Estados han declarado que no permitirán el uso de su espacio aéreo para ataques contra Irán, privilegiando una solución diplomática que evite el conflicto.
En el plano económico, una guerra podría interrumpir el transporte de petróleo. Irán ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 30 % del petróleo transportado por vía marítima a nivel mundial. Tal medida provocaría un aumento abrupto de los precios y graves perturbaciones para economías asiáticas como la de China. Algunos analistas advierten que ataques iraníes contra infraestructuras petroleras saudíes o emiratíes podrían agravar aún más la crisis energética global.
Irán continúa respaldando a su denominado “Eje de la Resistencia”, que incluye a Hezbolá y otras milicias regionales, y sostiene que no cederá en este ámbito pese a la presión estadounidense. Esta postura refuerza el temor a una guerra indirecta de gran escala que podría involucrar a Israel y a otros actores regionales.
En este contexto, se perfilan varios escenarios. Un acuerdo nuclear limitado podría desactivar la crisis, pero la insistencia —considerada legítima por Washington— en un pacto más amplio que incluya misiles y aliados regionales complica las negociaciones. Por el contrario, un ataque estadounidense o israelí podría provocar una respuesta iraní masiva, posiblemente dirigida contra bases militares o infraestructuras petroleras.
Para 2026, el Golfo Pérsico se perfila como un auténtico polvorín donde confluyen cuestiones nucleares, energéticas y humanitarias. Estados Unidos busca forzar concesiones iraníes, mientras Teherán defiende su soberanía y amenaza con desatar el caos regional. Sin avances diplomáticos rápidos, la región se encamina hacia un conflicto de consecuencias incalculables.
Los esfuerzos de mediación de varios Estados del Golfo, como Omán y Qatar, siguen siendo cruciales para evitar la catástrofe, pero el tiempo se agota mientras las flotas estadounidenses se posicionan y las advertencias iraníes se multiplican. Donald Trump aún no parece haber tomado una decisión definitiva, pero la hora de la verdad se acerca.
Politólogo francés y especialista en temas internacionales.