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¿Vuelve el mundo a estar bajo mayor riesgo nuclear?

Los primeros en sentirse libres son los rusos, que dicen que «ya no se sienten ligados» por las obligaciones contempladas por el tratado antinuclear

La humanidad ha quedado de nuevo bajo riesgo de que se potencie una nueva era de rearme nuclear y que un demente encienda la mecha para comenzar a acabar con el mundo como lo conocemos, con la expiración del START III, el último tratado de desarme vigente entre Rusia y Estados Unidos.

Como era de esperar, los primeros en sentirse libres de hacer lo que les dé la gana –ya lo hacen pero ahora con mayor fuerza– son los rusos, que dicen que a partir de ahora «ya no se sienten ligados» por las obligaciones contempladas por el tratado suscrito en 2010: un máximo de 1,550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos en tierra, mar o aire.

De poco sirvió que desde el papa León XIV al secretario general de la ONU, António Guterres, llamaran a Estados Unidos y Rusia a prolongar el tratado.

Muchos recordarán el vilo en que se mantuvo el mundo en 1962 con la Crisis de los Misiles y el bloqueo de Estados Unidos a Cuba por la presencia de proyectiles de la Unión Soviética en la Isla, hasta que se superó ese episodio y se fueron firmando pactos, aunque manteniendo los respectivos recelos.

A pesar de que aún prevalecía la «Guerra Fría», Estados Unidos y la luego despanchurrada Unión Soviética sepultaron en 1972 cualquier amenaza nuclear con el tratado. Ahora su caducidad en un momento de grandes tensiones internacionales, pone en peligro la paridad nuclear y amenaza con abrir una nueva era de rearme a nivel global y enciende la alerta tanto a los países con esos arsenales como a aquellos que aspiran a entrar en el club nuclear.

El fin del START III puede arrastrar el Tratado de No Proliferación (TNP) nuclear, de 1970 y que también debe ser renovado este año e impide que los países adquieran armas de destrucción masiva.

Representantes de la Casa Blanca y el Kremlin hablaron en Abu Dabi de prolongar seis meses el cumplimiento voluntario de las restricciones al armamento ofensivo que impone el Nuevo START, pero no se avanzó.

De todos modos, en este momento deben de estar frotándose las manos miembros de la «cofradía del mal» como Kim Jong-un, el dictador norcoreano, así como los ayatolas iraníes que debajo de agua han hecho pruebas de armas nucleares, muchas de ellas fallidas.

Estados Unidos ha expresado que quiere un nuevo tratado, pero que también incluya a China, debido a su vasto y rápidamente creciente arsenal, que en pocos años puede pasar de 500 a un millar de cabezas nucleares.

Les «pican» las manos para apretar el botón

El secretario general de la ONU, António Guterres, advierte que «el riesgo de que se emplee una bomba nuclear es el mayor en varias décadas». Según se informa, Estados Unidos ha promovido el escudo antimisiles Cúpula Dorada, un proyecto de cientos de miles de millones dólares, que incluye el empleo de misiles intercontinentales y que puede abrir una carrera armamentista en el espacio exterior. Además, ha planteado la posibilidad de reanudar los ensayos nucleares -otro vestigio de la Guerra Fría-, tras lo que Moscú modernizó el polígono de pruebas de Nueva Zembla (en la región del Ártico). Pero Rusia respondió desplegando armas nucleares tácticas en Bielorrusia y cuenta con la carta del armamento hipersónico, terreno en el que dice contar con una clara superioridad respecto al resto de potencias.

Precisamente una de las principales secuelas del fin del START es que nadie puede verificar si, realmente, armas hipersónicas como los misiles Burevéstnik u Oréshnik representan una amenaza para la seguridad mundial, plantean los expertos militares.

Sea como sea, las potencias democráticas y civilizadas deben asegurarse de contener a cualquiera de los miembros de la «cofradía del mal», con Putin a la cabeza, pues está claro, como se ha visto en Ucrania, que les «pican las manos» para apretar el botón…

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