Resulta fascinante escuchar las visiones del mundo por venir, siguiendo las palabras de los expertos que están liderando los avances de la inteligencia artificial. En este caso, les compartiré la visión de Jensen Huang (CEO de NVIDIA), empresa que mutó como fabricante de video juegos hasta convertirse en la empresa más importante del mundo, creando una nueva arquitectura computacional que borrará el sentido de todo lo que conocemos.
De sus múltiples intervenciones, en esta ocasión he seleccionado sus consejos para sobrevivir y prosperar en la era de la inteligencia artificial generativa, que superará un millón de veces a la inteligencia humana.
- Preguntarse ¿qué debo estudiar hoy para no quedar obsoleto frente a la Inteligencia Artificial? es una pregunta que está mal formulada. No porque no importe el futuro laboral, sino porque parte de una lógica que ya no rige el mundo en el que estamos entrando. Durante décadas, estudiar fue sinónimo de acumular herramientas: lenguajes de programación, softwares, metodologías, certificaciones. Pero la IA generativa ha cambiado la física misma de la computación. Ya no estamos ante una mejora incremental —como pasar de la máquina de escribir al procesador de texto—, sino ante un quiebre de paradigma: la computadora ya no solo ejecuta instrucciones, ahora deduce intenciones y escribe su propio software.
- La barrera técnica del “cómo hacer las cosas” se está derrumbando. Durante años, crear tecnología exigía hablar el idioma de la máquina. Eso creó una élite técnica y una brecha enorme. Hoy, el lenguaje de programación está al alcance de todos. Y cuando el “cómo” se vuelve accesible, el valor se concentra completamente en el “qué” y en el “por qué”.
- Por eso, estudiar herramientas como fin en sí mismo es construir sobre arena. Las herramientas se volverán commodities. La verdadera ventaja competitiva estará en el conocimiento profundo de los dominios. Un biólogo que entiende la vida, un abogado que comprende la lógica del derecho, un arquitecto que domina el espacio, un agricultor que conoce la tierra. Con IA, ese conocimiento se amplifica ilimitadamente, porque la implementación técnica ya no existe. La IA puede programar, analizar, simular. Lo que no puede hacer todavía es definir propósito, ejercer criterio o comprender el sentido profundo de un problema humano.
- Esto nos lleva a una de las ideas más potentes de Huang: en la era de la IA, la habilidad crítica no será responder rápido, sino hacer la pregunta correcta. Y eso exige pensar desde primeros principios. La IA se entrena con datos del pasado; si solo la seguimos, obtendremos el promedio histórico de la humanidad. Innovar implica despojar al problema de todas sus suposiciones heredadas y preguntarse: ¿esto es realmente cierto o simplemente así se ha hecho siempre? NVIDIA apostó a la computación acelerada cuando el mercado no lo entendía y Wall Street la castigaba, no por moda ni por intuición comercial, sino porque la física indicaba que la Ley de Moore estaba llegando a su límite. Ese tipo de decisiones no se toman desde analogías, sino desde los fundamentos. En un mundo saturado de respuestas automáticas, pensar desde primeros principios será una forma de conservar pertinencia.
- Pero nada de esto sería posible sin resiliencia. Y aquí Huang es brutalmente honesto: la grandeza no proviene de la inteligencia, porque la inteligencia ya será común. Proviene del carácter. Y el carácter no se forma en el éxito, sino en el error, el dolor y el fracaso. En un mundo donde las máquinas superarán nuestras capacidades cognitivas en múltiples tareas, aferrarse al ego es suicida. La métrica clave del éxito moderno será la velocidad con la que una persona es capaz de decir “me equivoqué” y escalar.
- También está muriendo el modelo organizacional tradicional. Las jerarquías lentas, basadas en cargos y antigüedad, no sobreviven en un entorno donde la velocidad es la nueva moneda. La autoridad ya no proviene del puesto, sino del aporte real. El futuro pertenece a individuos de alto impacto que resuelven problemas, no a gestores de personas. Equipos fluidos, redes de colaboración, información sin filtros.
- En este contexto, buscar seguridad en trabajos existentes es una mala estrategia. Son precisamente esos los primeros en ser automatizados o transformados. NVIDIA no busca mercados grandes y consolidados; busca mercados de cero dólares: esos que abordan problemas tan difíciles que nadie se atreve a abordarlos. Resolver lo aparentemente imposible es lo que crea nuevos mercados. Ahí está la oportunidad real.
- El progreso será de órdenes de magnitud difíciles de comprender. En ese mundo, no tiene sentido formarse como mecánico de un motor que estamos dejando atrás. Hay que aprender a pilotar la nueva nave.
- Eso implica distinguir entre educación y aprendizaje. La educación es algo que te dan; el aprendizaje es algo que tomas. La vida media de una habilidad técnica hoy es de apenas meses. Construir identidad profesional alrededor de una herramienta es una apuesta perdedora. En cambio, construirla alrededor de la capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender es construir sobre roca.
- Por ahora hay algo que ninguna IA puede reemplazar: el juicio humano. Cuando una máquina puede construir cualquier cosa, la pregunta crucial es qué vale la pena construir. Ese juicio se forma con experiencias diversas: historia, filosofía, ética, arte. No como adornos culturales, sino como brújulas en un mundo donde el poder tecnológico crece más rápido que nuestra capacidad de comprender sus consecuencias. La IA está saliendo de las pantallas y entrando al mundo físico: fábricas, hospitales, ciudades. gemelos digitales, simulación, robótica. Estamos convirtiendo la industria pesada en una industria de software.
- Al mismo tiempo, enfrentamos un desafío geopolítico mayor: la soberanía de la inteligencia. En el siglo XXI, la riqueza de una nación se medirá por su capacidad de producir inteligencia propia, a partir de sus datos, su cultura y sus valores. No podemos ser solo consumidores de cajas negras construidas en otros lugares.
- Todo esto puede sonar abrumador. Pero hay una verdad liberadora: quienes están comenzando hoy tienen una ventaja enorme. No tienen legado que proteger. Pueden arriesgarse. Pueden fallar. Pueden construir desde cero. La pasión, entendida no como comodidad sino como disposición al sufrimiento por algo que importa, sigue siendo el motor último de la resiliencia. La IA no elimina al ser humano. Elimina al humano que no piensa.
El futuro no pertenece a quienes sepan usar herramientas, sino a quienes sepan formular problemas, ejercer juicio y construir propósito.
El futuro no es algo que nos pasa.
El futuro es algo que se está construyendo —ahora mismo—, en tiempo real.
La pregunta ya no es qué hará la inteligencia artificial.
La pregunta es ¿qué harás tú?
Mireya Rodríguez: Venezolana, exparlamentaria, PhD y DEA en Economía del Trabajo, Post Grado en Negociación y autora de Trabajo y Modernidad. Hacia un nuevo orden laboral y Gobernar el Siglo 21: ciencia y política para todos.