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Hospital Rosales/Mis recuerdos: Cirujano adjunto y actualidad (IV)

De febrero de 1976 hasta diciembre de 1980, gustosamente le doné mi tiempo al Hospital que me formó. Asistía casi toda la mañana, de lunes a viernes, pasando visitas, operando, o en el consultorio de Gastroenterología viendo pacientes con problemas ano-rectales; como ya lo mencioné, cuando uno de los pacientes necesitaba una colonoscopía, lo citaba en mi clínica al final de la mañana, y ahí la hacía.

En 1975 hice mi especialidad de Cirugía de Colon y Recto en los Estados Unidos y regresé en febrero de 1976; abri mi clínica en la Torre Médica en la Colonia La Esperanza (hoy Colonia Médica), y lo primero que hice fue ir a ofrecerle mis servicios al Hospital Rosales. Por supuesto lo hice ad-honorem (como esta de moda decirlo). Fui asignado a los Primeros Servicios de Cirugía (hombres y mujeres) como Cirujano de Colon y Recto.

En esos servicios tuve el placer de trabajar junto a los doctores Francisco José (don Chepe) Valiente, Ernesto (el Chele) Núñez, Jorge (don Coky) SánchezAraus, y Juan Hasbún. Tanto al Dr. Sánchez Araus como al Dr. Hasbún les gustaba hacer proctología por lo que mi especialidad se diluyó un poco, pero nunca hubo problemas.

Ya instalado en cirugía, fui a Gastroenterología, con el Dr. Roberto Emín Hasbún a solicitarle hacer colonoscopías y a seguir haciendo ligaduras de hemorroides. En Gastroenterología solamente habíainstrumentos ano-rectales rígidos y yo había traídode los Estados Unidos un colonoscopio de fibra óptica, por lo que les ofrecí hacer las colonoscopias a los pacientes del Rosales, ¡por supuesto, siempre ad-honorem!

De febrero de 1976 hasta diciembre de 1980, gustosamente le doné mi tiempo al Hospital que me formó. Asistía casi toda la mañana, de lunes a viernes, pasando visitas, operando, o en el consultorio de Gastroenterología viendo pacientes con problemas ano-rectales; como ya lo mencioné, cuando uno de los pacientes necesitaba una colonoscopía, lo citaba en mi clínica al final de la mañana, y ahí la hacía.

En gastroenterología me asistía la Señora de Rodezno, persona a quien respeté mucho. Recuerdo especialmente a una paciente de unos 45-50 años a quien le hice múltiples ligaduras de sus hemorroides internas. Ella me contó de que en su casa hacía «Chaparro», y como me gustaban mucho los «nances en guaro», le pedí me vendiera un poco de ese guaro; cada vez que llegaba me traía una «pacha de Chaparro», pero, antes del procedimiento, abría la botella diciéndome «esperese doctor, me voy a echar un trago para agarrar valor», y a «pico de botella» se echaba uno bueno.

El caso más raro que tuve (ya que en el Rosales se veían toda clase de casos impensables) fue a fines de 1976; tuve la oportunidad de examinar a una jovencita y, para mi sorpresa, ¡no tenía ano! Había nacido con una malformación congénita llamada Ano Imperforado 18 años antes; su mamá creyó que la niña estaba normal pues, la muchacha, hacía sus necesidades a través de una fístula. En el Hospital Bloom yo había visto estos casos en recién nacidos, pero nunca en adultos, por lo que se me ocurrió invitar al Dr. Manuel Carbonell, mi maestro de la especialidad, para que viniera de los Estados Unidos a ayudarme, porque, en el país, los cirujanos pediátricos tenían amplia experiencia de estos casos en niños, ¡pero no en adultos! El Dr. Carbonell vino desde Florida, y después de examinarla, procedimos con el procedimiento, que resultó, a corto y a largo plazo, ser exitoso; la joven pudo tener una vida normal. Lo simpático fue que mi maestro era un hombre de gran tamaño y con manos grandes, por lo que fui a pedirle a Chepe que me diera el gabachón quirúrgico más largo que tenía y a la Jefe de Sala de Operaciones que buscara guantes grandes. Chepe salió con un gabachón al que hubo de añadirle como dos cuartas de tela de largo, y la Jefe de Sala trajo unos guantes grandes, pero eran usados, flojos, y con parches de remiendos; tuve que ir a la tienda de Marcelo Wolff a comprar un par de guantes nuevos y grandes.

Para los médicos adjuntos había un estacionamiento dentro del hospital, sobre la 1ª calle y cerca de la Avenida Universitaria.

La mayoría de los médicos adjuntos eran asalariados, y muchos de ellos, profesores de la Facultad de Medicina; otros, sencillamente le donábamos nuestro tiempo de manera gratuita, y sin esperar recompensa.

En diciembre de 1980 tuve que abandonar el país, y le doné mi colonoscopio a gastroenterología (recientemente un colega me mandó una foto del estuche con mi nombre –lo encontró, pero sin el instrumento).

Pero ahí no terminó mi relación con el Rosales. En el hospital donde al inicio trabajé en los Estados Unidos descartaban gran cantidad de material quirúrgico, y yo les pedí a las enfermeras que no lo botaran y que me lo guardaran; así colecté grandes cantidades de buen material y lo envié al Rosales vía aérea. Al tiempo, me di cuenta de que mucho de ese material entraba a la bodega del hospital y ahí se quedaba sin ser usado, por lo que suspendí los envíos.

¿Cómo está en la actualidad el Hospital Rosales?

Hace unos meses pasé enfrente y se me apretó el corazón cuando vi desbaratado el edificio principal, ¡no podía creer lo que veían mis ojos! Pensé que seria reemplazado por un edificio moderno como el nuevo.

Hace poco volví a pasar enfrente, y, para mi sorpresa, con gran felicidad vi que lo habían restaurado a su estado original, y los dos edificios laterales están recién pintados.

Regresé una noche a ver el nuevo edificio iluminado (que por cierto ha quedado muy bonito) y los 3 edificios antiguos también están iluminados, se ven limpios y lustrosos. Han instalado una pasarela que une el nuevo edificio con el histórico antiguo. La zona está impresionante de noche con la iluminación.

Al pasar por la Alameda Roosevelt, vi que demolieron el bonito, pero ineficiente, edificio de las salas de operaciones, y de noche se ve un espacio abierto con muchas luces; ignoro si demolieron también más de un antiguo pabellón. Ese edificio de sala de operaciones, hace muchos años fue bautizado «Salas de Operaciones Emilio Alvarez», en honor al «Padre de la Cirugía de El Salvador».

A propósito del Dr. Emilio Alvarez, su monumento, que antes estuvo frente a la facultad de Medicina y del Hospital de Maternidad (que fue desmantelado y retirado de su sitio original), ha sido restaurado y colocado en un mejor sitio, ya que ocupa el puesto de honor de la Plaza de la Salud, justo frente a la entrada principal del nuevo edificio del Hospital Rosales.

Las antiguas e históricas edificaciones de nuestro Hospital Rosales podrán ser alteradas, modificadas e inclusive destruidas, pero su historia y su fama resonará y perdurará por los siglos de los siglos.

Cirujano Coloproctólogo

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