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«El viejo orden no volverá» advierte Mark Carney

Las nuevas generaciones desconocen la historia y algunos «iluminados» se dan el lujo de «descalificarla», llevando a los pueblos al abismo

«El viejo orden mundial no volverá», advirtió el primer ministro de Canadá, Mark Carney, ante los líderes del planeta en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, la semana anterior, a los que llamó a unirse y estar en las negociaciones que haya, pues si no lo hacen, «serán el plato principal».

Y Carney enfatizó: «El mundo está en medio de una ruptura, no de una transición».

Los últimos acontecimientos nos permiten ver que hay un desprecio por los principios y valores de democracia y convivencia establecidos entre las naciones después de la Segunda Guerra Mundial.

De hecho, las nuevas generaciones desconocen y rechazan la historia y algunos «iluminados» se dan el lujo de «descalificarla», mientras llevan a los pueblos al abismo.

El viejo orden es Estado de Derecho, democracia, libertades, respeto al derecho internacional.

Carney advirtió que las naciones poderosas están utilizando la coerción económica para conseguir sus objetivos y aunque no mencionó al presidente estadounidense Donald Trump por nombre, algunas de sus declaraciones parecían dirigidas a él por sus constantes amenazas de imposición de aranceles a los países que no cumplen sus peticiones.

«Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como herramienta de presión, la infraestructura financiera como medio de coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que deben explotarse», declaró Carney.

Lo cierto es que no hay justicias por inventarse, sino un Orden de Derecho que el mundo debe preservar, pues de lo contrario volveremos a la jungla, cada quién haciendo su capricho en menoscabo de otros y propiciando guerras interminables. Simplemente porque un solo individuo ordene, por decreto, la noche debe ser día, la madrugada debe ser atardecer o la lluvia debe ser calor, como decía el viejo y etílico funesto, «les guste o no les guste».

Un «viejo orden», con más virtudes que defectos

Ese que llaman «viejo orden» nos ha permitido, con sus virtudes y defectos, sobrevivir después de las grandes guerras del Siglo XX, sobreponernos a totalitarismos como el nazismo y el comunismo, a las guerras internas, a mercaderes de ilusiones totalitarios y falsos mesías que embrutecen y arruinan a los pueblos, como Chávez, Putin, Kim o los ayatolas iraníes.

La invasión de los rusos a Ucrania y la obsesión del criminal de guerra Putin de robarle territorio es un claro ejemplo de hacia dónde quieren llevar al mundo, junto a la satanización y atropellos contra los inmigrantes en Estados Unidos, así como intentar desconocer en estas tierras la historia y la sangre derramada para acabar con la guerra de los años 80.

La imposición, la impunidad, la discriminación, llevan a grandes atropellos, como los que han costado la vida a dos ciudadanos estadounidenses en las redadas contra inmigrantes irregulares en Estados Unidos, precisamente por personas que creen que son la ley y que nunca serán procesadas por sus actos.

De igual manera, al amparo del régimen de excepción en El Salvador se llevó a la cárcel hasta por varios meses a cerca de ocho mil personas que luego debieron poner en libertad porque no tenían nada que ver con pandillas ni crímenes.

A nivel macro, Carney advierte que puede suceder algo similar: las grandes potencias decidiendo sobre los demás países, imponiendo aranceles al capricho, invadiendo territorios o presionando anexiones (Groenlandia y el mismo Canadá), desconociendo instituciones mundiales y fundando otras más convenientes a intereses.

El que llaman «viejo orden», con más virtudes y defectos, nos ha permitido civilizarnos más, respetarnos, ser solidarios y hacer justicia, que es lo que algunos quieren acabar.

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