Bridgerton y el baile de máscaras que redefine el romance en Netflix
La cuarta temporada de «Bridgerton» llega a Netflix este 29 de enero, elevando a Benedict al protagonismo absoluto. Entre bailes de máscaras y amores prohibidos, la serie profundiza en su distancia con los libros de Julia Quinn, consolidando un universo diverso, moderno y fascinante
El romance y la magia del amor de cuentos de hadas está presente en la temporada de principio a fin. Foto / Netflix
La espera para los entusiastas de la Regencia británica (entre los años 1795 y 1837) está por terminar, pues el carismático y bohemio Benedict Bridgerton finalmente toma el centro del escenario en la cuarta temporada de la exitosa serie de Netflix este enero.
El estreno, programado para dividirse en dos entregas, iniciará con la primera parte este 29 de enero de 2026, seguida por el desenlace el 26 de febrero.
Tras haber permanecido durante tres temporadas observando los romances de sus hermanos desde los márgenes de los salones de baile, el personaje interpretado por Luke Thompson está listo para protagonizar su propio cuento de hadas, uno que promete ser tan visualmente deslumbrante como emocionalmente complejo.
La trama arranca de manera icónica en el famoso baile de máscaras organizado por Lady Bridgerton, un evento donde Benedict queda instantáneamente cautivado por una enigmática mujer vestida de plata.
Esta «Dama de Plata», que en la serie adopta el nombre de Sophie Baek y es interpretada por la actriz Yerin Ha, oculta una realidad que desafía las estrictas jerarquías de Mayfair.
Mientras Benedict inicia una búsqueda frenética junto a su hermana Eloise para descubrir la identidad de la dama que le robó el aliento, el destino lo coloca frente a una joven y recursiva empleada doméstica llamada Sophie, quien trabaja bajo el yugo de la formidable Araminta Gun.
El conflicto central de la temporada radica en la incapacidad de Benedict para reconocer que la visión etérea del baile y la humilde sirvienta que despierta su afecto real son, en realidad, la misma persona.
Esta nueva entrega no solo explora el romance, sino que introduce a personajes frescos como Rosamund y Posy Li, las hijas de Araminta, quienes buscan hacerse un lugar en el competitivo mercado matrimonial bajo la atenta mirada de su implacable madre.
Araminta Gun y sus hijas, Rosamund y Posy, ofrecen la versión de la madrastra y hermanastras de Cenicienta. Foto / Netflix
Mientras Rosamund se perfila como una estratega nata y una copia fiel de las ambiciones de su progenitora, Posy aporta un toque de distracción y de falta de seriedad que termina por desesperar a su familia.
La producción asegura que esta temporada mantendrá el espíritu de intriga y pasión, contando además con el regreso de rostros familiares como Kate Bridgerton, interpretada por Simone Ashley, quien brindará apoyo a los hermanos en su navegación por los complejos asuntos del corazón.
DEL PAPEL AL PÍXEL
Al comparar la saga literaria de Julia Quinn con la adaptación de Shondaland, queda claro que la serie ha optado por una «reimaginación» audaz en lugar de una transcripción literal.
La diferencia más celebrada y transformadora es la introducción del «Gran experimento», una historia alternativa donde el matrimonio del rey Jorge III con la reina Charlotte unificó la sociedad, permitiendo que personas de diversas ascendencias ostenten títulos nobiliarios y participen plenamente en la alta sociedad.
Mientras los libros presentan una Regencia históricamente homogénea, la serie ofrece un mundo integrado que resuena con la diversidad contemporánea.
Incluso la estructura del misterio ha sido alterada para potenciar el drama televisivo. En las novelas, la identidad de Lady Whistledown se mantiene oculta hasta el cuarto libro, pero la serie streaming decidió revelar a la audiencia que Penélope Featherington es la voz detrás de los codiciados panfletos al final de la primera temporada.
Yerin Ha no solo interpreta a la «Dama de Plata», también es la empleada doméstica Sophie Baek, que conquista a Benedict. Foto / Netflix
Este cambio permite al espectador ser cómplice de la doble vida de Penélope, explorando sus conflictos internos mucho antes de que su propia historia de amor se convierta en el foco principal.
De igual manera, personajes que en los libros tenían roles secundarios o trágicos, como Marina Thompson, han recibido arcos narrativos completos que enriquecen el tejido de la trama audiovisual.
Los traumas y motivaciones de los protagonistas también han pasado por el filtro creativo de Netflix. Anthony Bridgerton, por ejemplo, está obsesionado en los libros con la convicción de que morirá joven como le ocurrió a su padre, mientras que en la pantalla su conflicto se centra más en el peso asfixiante del deber y el miedo visceral a permitirse amar.
Incluso el famoso triángulo amoroso de la segunda temporada fue intensificado para la televisión, llevando a Anthony y Edwina Sharma hasta el mismo altar antes de que la boda fuera cancelada, un nivel de tensión que no existe en el material original donde Edwina simplemente bendice la unión de su hermana.
Claudia Jessie (i) y Nicola Coughlan vuelven con sus personajes, Eloise y Penélope. Foto / Netflix
EL ÉXITO DE LA ADAPTACIÓN
Uno de los pilares del éxito de esta adaptación es la capacidad de expandir su propio universo, como ocurrió con el exitoso spin-off centrado en la reina Charlotte. Este personaje, prácticamente inexistente en las novelas originales, se convirtió en una pieza fundamental del tablero social en la serie, aportando una capa de presión política y una estética icónica que cautivó a la audiencia.
La serie ha sabido utilizar figuras de autoridad para elevar las apuestas del juego social, convirtiendo cada baile en una batalla de ingenio y etiqueta.
La música ha jugado un papel crucial en esta modernización. Mientras Julia Quinn alude a las composiciones clásicas de la época, la serie innovó con versiones instrumentales de éxitos pop modernos de artistas como Taylor Swift y Billie Eilish, lo que refuerza esa atmósfera de fantasía moderna donde lo antiguo y lo nuevo convergen.
Póster promocional de la cuarta temporada, que retoma la clásica historia de Cenicienta. Foto / Netflix
Este enfoque se extiende a la representación de la identidad, como se observa en el arco de Francesca Bridgerton. En la serie, su futuro interés amoroso ha sido transformado en Michaela Stirling, una decisión que permite a la producción explorar una narrativa queer y de autodescubrimiento que Julia Quinn ha respaldado personalmente, afirmando que mantiene la esencia de «sentirse diferente» que siempre caracterizó al personaje.
A pesar de estas libertades creativas, la serie ha sido meticulosa al conservar el «alma» de la obra original. La dinámica competitiva pero profundamente amorosa entre los ocho hermanos Bridgerton, cuyos nombres siguen el orden alfabético, permanece como el corazón palpitante de la historia.
El humor ingenioso y las pullas verbales son sellos distintivos que se han traducido perfectamente a la pantalla, garantizando que, sin importar los giros en la trama o los cambios en la identidad de los personajes, el género del romance y el esperado final feliz sigan siendo la promesa inquebrantable para los fans.
La cuarta temporada, con Benedict y Sophie a la cabeza, se prepara para ser un nuevo capítulo en este fenómeno que ha logrado convertir la literatura romántica de época en un evento cultural global.