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Hospital Rosales/Mis recuerdos: Interno y residente de cirugía (III)

En el segundo año aprendí la técnica de hacer ligaduras de hemorroides y lo hacía en el consultorio de Gastroenterología; esto me llevó a que, poco a poco me fui convirtiendo en el residente con más experiencia en problemas ano-rectales. Sin duda esta situación fue la que me llevó a ser Cirujano Coloproctólogo.

En 1970 egresé de la Facultad de Medicina para comenzar el año del internado; era un internado rotatorio, e igualmente que los años clínicos, rotamos 3 meses en Cirugía y 3 en Medicina Interna (en el Rosales), 3 meses en Ginecología y Obstetricia (Hospital de Maternidad) y 3 meses en Pediatría (Hospital Bloom).

La primera rotación de 3 meses fue en Cirugía en el Rosales y a los internos nos dieron los cuartos del segundo piso del viejo edificio frente al Hospital de Maternidad (lo que en antaño fuera uno de los pabellones de pensionistas); estábamos 3 internos por cuarto. El que atendía, tanto a Residentes como aInternos, se llamaba Cirilo, ¡un personaje muy parsimonioso!

Fuimos asignados a los diferentes servicios: los primeros, segundos y terceros Servicios de Cirugía de Hombres y Cirugía de Mujeres, el Sexto Servicio de Cirugía Torácica, el Quinto Servicio de Cirugía Abdominal, y los Servicios de Ortopedia, de Urología, de Oftalmología y de Cirugía Plástica, y en Emergencia de Cirugía.

Como estudiante, aparte de asistir en operaciones como segundo ayudante, mi única experiencia quirúrgica fue en Maternidad, cuando el Dr. Juan José Arce Suárez, entonces Jefe de Residentes en Maternidad, me dejó hacer una apendicetomía yo solo, y él como mi ayudante.

Los 4 años clínicos nos expusieron al teje y maneje del servicio, viendo el trabajo del interno. Cuando iniciamos el internado nos topamos con que manejar un servicio no era tan fácil como creíamos; a las 7 am pasábamos visita a los pacientes con el Residente, poniendo las indicaciones necesarias y anotando las necesidades de cada uno para ese día (curaciones, preparación para cirugías, ir a ver las radiografías, resultados de laboratorio, electrocardiogramas, etc. – esto lo hacíamos por las tardes). A veces había que repetir la visita con los médicos asignados en el servicio, presentándoles el caso; al desocuparnos asistíamos en las operaciones, si nos alcanzaba el tiempo.

A duras penas alcanzaba el tiempo para almorzar para poder terminar con las necesidades del servicio, pues de las 2 pm en adelante comenzaban las operaciones de los residentes y el interno debía participar de primer o segundo asistente. Nuestra obligación terminaba a las 5 pm, pero innumerables veces tuvimos que alargar el díahasta las 6 o 7 pm.

A los internos, los residentes nos llamaban «pellejín», ¡éramos «los pellejines»!

Por lo general, teníamos turnos cada 3 días. Los turnos eran verdaderamente muy duros: iniciaba a las 5 pm, después de terminar el intenso trabajo del día, y terminaba al día siguiente a las 7 am, hora en que iniciaba el rutinario trabajo diario. En total, el día de turno, trabajamos 34-35 horas seguidas, con mínimotiempo de dormir. Atendíamos las emergencias y asistíamos en las cirugías de emergencia o nos encargábamos de problemas «menores» (fracturas, heridas por machete, quemaduras, etc.). Verdaderamente fue un año de trabajo agotador intenso, pero, ¡la experiencia fue fantástica!

Al terminar el año del internado (1970-1971), hicimos el año de Servicio Social, y el 30 de junio de 1972, finalmente llegó el día que recibimos el titulo de MÉDICO Y CIRUJANO.

De enero a junio de 1973, fui aceptado en el Rosales como Residente de Ortopedia. Fui asignado a los 2 servicios de Ortopedia que estaban «en las catacumbas» (debajo de los pabellones, frente al Parque Cuscatlán); en esos 6 meses, el trabajo en los servicios fue muy desagradable, pues el Residente de Ortopedia de Segundo Año que estaba conmigo, fue un verdadero tirano, exigiéndome hasta lo imposible. Por las tardes, y en los turnos, hacia operaciones de cirugía general, que era lo que me gustaba.

En junio, pasé a ser residente de Cirugía de Primer Año. Como el residente asignado a un servicio, pasaba visita y supervisaba el trabajo del interno, y asistía a los cirujanos adjuntos en las operaciones; en esas operaciones era donde se aprendía a operar con la guía y enseñanza del Cirujano.

A partir del mediodía, las operaciones estaban a cargo de los residentes, y los turnos eran cada 3 días, igual a los que describí como interno.

En junio de 1974 ya fui Residente de Cirugía de Segundo Año. En este año tenia mas responsabilidades ya que nos tocaba supervisar y enseñar a los de primer año.

Si mi experiencia como interno fue fantástica, ¡la experiencia como residente fue maravillosa!

Fuimos expuestos a toda clase de cirugías, desde sencillas a súper complicadas y difíciles. La enseñanza que recibí de los cirujanos adjuntos y de los residentesfue muy buena; salí del Rosales con una experiencia como cirujano increíble, que me sirvió muchísimo en mi vida profesional como cirujano. Quizás la enseñanza teórica no fue la mejor, pero la enseñanza práctica fue inmejorable.

En el lugar donde fue la morgue, al otro lado del puente de hierro sobre la barranca, se había construido la casa de los residentes; teníamos un cuarto con baño para dos residentes. Mi compañero de cuarto fue el Dr. José Roberto Castañeda López. Otros compañeros residentes fueron los doctores: Valentín Guzmán, Rolando Melgar, Enrique Angulo, Benjamín Tenze, Ricardo Trabanino, Antonio Torres, Jorge Reyes Ruiz, Víctor Manuel Centeno, Emilio Vidrí, y otros.

En el segundo año aprendí la técnica de hacer ligaduras de hemorroides y lo hacía en el consultorio de Gastroenterología; esto me llevó a que, poco a poco me fui convirtiendo en el residente con más experiencia en problemas ano-rectales. Sin duda esta situación fue la que me llevó a ser Cirujano Coloproctólogo.

Los doctores Salvador Infante Díaz, Mario Reni Roldán, y Manuel Moran, decidieron aprender un procedimiento de cirugía cardiovascular para niños que nacen con ciertos problemas congénitos de ese tipo(procedimiento de Blalock), y montaron un improvisado laboratorio en un cuarto al lado del Departamento de Cirugía. Como el Dr. Moran había inventado una pequeña bomba para circulación extracorpórea, solo faltaban animales para llevar a cabo las cirugías; decidieron que lo mejor era hacerlo en terneros. Yo conseguí que el Sr. Rafael Meza Ayau me regalara 4 terneros de su hacienda Pasatiempo y los llevamos al Rosales, donde se improvisó también un pequeño corral atrás de la Escuela de Enfermería. Varios de los residentes también participamos en esta aventura y se hicieron las 4 operaciones. Lo mejor fue que, después de la cirugía se sacrificaba al ternero, y cerca de la casa de residentes hicimos 4 sendos asados con el ternero muerto.

Ahí por septiembre-octubre de 1974 hubo un problema entre el Rosales y el Ministerio de Salud, que terminó, al final de 1974, con el cierre temporal del programa de residentes. Así, todos nos quedamos en el aire, y cada quien buscó su camino.

(Continuará)

Cirujano Coloproctologo

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