No hay duda de que de los abusadores hay que desprenderse y, tarde o temprano, se les debe decir bien alto y claro, No
No hay duda de que de los abusadores hay que desprenderse y, tarde o temprano, se les debe decir bien alto y claro, No
Se anticipaba que iban a producirse movimientos telúricos en la cumbre económica celebrada en Davos. Las sacudidas se comenzaron a sentir en la localidad suiza en cuanto se bajó del avión el presidente estadounidense Donald Trump. Ya antes de embarcar en el Air Force One había denostado a las democracias europeas y sus modos, amenazantes y con ultimátum, ponían de manifiesto lo que declaró su vicepresidente, J D Vance, unos meses antes en el viejo continente: el republicano es el nuevo sheriff de un orden mundial que, hasta ahora, es más caótico que racional.
Trump pronunció en Davos un discurso de más de una hora salpicado de falsedades, exageraciones e insultos a países y jefes de Estado a los que trata como adversarios pese a ser aliados de Estados Unidos. La sorpresa, más bien el alivio, fue que bajó el tono en lo concerniente a su insistencia en quedarse, por las buenas o por las malas, con Groenlandia, la isla más grande del mundo a la que se refirió como “ese pedazo de hielo”. Ciertamente, un día antes, a lo largo de otro discurso delirante y apocalíptico, la Bolsa se desplomó estrepitosamente a medida que sacaba las zarpas, asegurando que impondría más aranceles a los díscolos europeos y que Groenlandia sería suya por la fuerza si fuese necesario. Seguramente, antes de su llegada a la pacífica y neutral Suiza, más de un asesor le aconsejó que contuviera su retórica bipolar porque descoloca a Wall Street y los propios estadounidenses no apoyan una invasión al territorio semi autónomo del Reino de Dinamarca.
Con todo, Trump nuevamente se mostró despectivo con los socios de la OTAN y miembros de la Unión Europea. Sin ambages, el trumpismo hoy es un enemigo declarado de los antiguos aliados de Estados Unidos y en el foro anual no tuvo empacho al declarar que quizá no les falta razón a quienes lo tachan de dictador pues, “a veces se necesita un dictador”. Sus palabras resonaron en su propio país, ya que mientras divagaba en la cumbre (en cuatro ocasiones confundió “Islandia” con “Groenlandia”), en el estado de Maine un grupo de hombres encapuchados de ICE realizaba violentas redadas contra inmigrantes. Su vocación de autócrata comienza a tener efectos adversos en una democracia, la estadounidense, cada vez más debilitada por los abusos de su Administración.
Si algo caracteriza a Trump es su innegable personalidad abusiva, muy propia del perfil de los narcisistas patológicos exentos de rasgos empáticos. En una entrevista al historiador británico Adam Tooze, realizada en Davos por el enviado del diario español El País, Andrea Rizzi, el entrevistado se refiere a “la lógica del abusador en serie” al hablar del mandatario estadounidense. Tooze, quien dirige el Departamento de Estudios Europeos de la Universidad de Columbia, en Nueva York, considera que es muy peligroso rendirse o hacer concesiones ante las presiones que ejerce Trump, ya que lo indicado es frenar a un abusador de manual: “Europa tiene que decir No”. Y en esta ocasión, salvo las lisonjerías que gasta Mark Rutte, secretario general de la OTAN, con el republicano –entre ambos parecen haber discutido el destino de Groenlandia sin conocimiento de su primer ministro y del gobierno de Dinamarca– los presentes en la reunión hicieron frente común a las bravatas de Trump. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, atrapado en la pinza Trump-Putin, ha sido diáfano: Europa tiene que dejar de debatir el futuro y urge “tomar acción hoy”. Posteriormente, en Bruselas, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, reiteró que cualquier acuerdo con Washington no puede vulnerar la soberanía danesa en Groenlandia. Los países miembros de la UE trazan líneas rojas y le paran los pies a Trump.
Si una persona maltratada física o psicológicamente por un abusador acude a un psicólogo para escapar de tan terrible situación –con un patrón de círculo vicioso en el que el abusador somete, castiga, afloja y repite su comportamiento con el objeto de ejercer control–, el experto la guiaría para liberarla. No hay duda de que de los abusadores hay que desprenderse y, tarde o temprano, se les debe decir bien alto y claro, No. Sucede en el ámbito de las relaciones personales y también en la geopolítica. En Davos casi nadie aplaudió al abusador de turno. [©FIRMAS PRESS]
Gina Montaner (La Habana, 1960). Periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald y en diversos periódicos en América Latina.
Su libro más reciente es Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida (Planeta 2024). En 2009 publicó la novela La mala fama (Plaza y Janés) y en 2006 coordinó y prologó Un día sin inmigrantes (Grijalbo).
*Twitter: ginamontaner
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