¿Podría ser que lo que en realidad sucede es que nos faltan pensadores, o que los medios de comunicación masiva hayan estandarizado (por lo bajo) cada vez a más personas?
¿Podría ser que lo que en realidad sucede es que nos faltan pensadores, o que los medios de comunicación masiva hayan estandarizado (por lo bajo) cada vez a más personas?
La palabra caricatura viene del italiano «caricare» que, literalmente, se podría traducir por «cargar», y en el contexto de las viñetas vendría a significar que ante los rasgos de una persona, de una situación, etc., se «cargue la mano» en algún aspecto concreto; logrando que la mente identifique el todo por la parte.
Por medio del proceso de caricaturizar, entonces, es fácil conseguir que lo que se presenta a las emociones (pues una buena caricatura lo es en tantocause risa, odio, simpatía, etc.), se fije en la mente de quien la ve, por el simple método de resaltar un aspecto del personaje de marras, «ahorrando» a la razón el proceso discursivo. Un modo de comunicar que, en estos dorados tiempos de la prisa y de los procedimientos mentales abreviados, suele tener mucho éxito para comunicar.
No es coincidencia, entonces, que las caricaturas se coloquen, precisamente, en las secciones de opinión, o de las páginas editoriales de algunos medios de comunicación.
Desde siempre se han caricaturizado los personajes políticos, eclesiásticos, artísticos… hay caricaturas en documentos tan antiguos como papiros egipcios o códices romanos, o panfletos que fueron grandes difusores de ideas en la reforma protestante del siglo XVI, o en la revolución rusa del siglo pasado. En eso no somos novedosos.
Pero algo que ha venido de la mano de la virtualidad, de la omnipresencia de los clichés y estereotipos en los medios de comunicación globales, y de la tendencia a pensar poco, es conseguir que lo que en tiempos pasados estuviera dirigido a la gente común, a lo que Ortega y Gasset llamó «el hombre masa» (por lo que las caricaturas fueron siempre»vulgares», en el sentido literal del término), en nuestros días se ha generalizado y convertido (memes mediante) en una depurada técnica de comunicación.
De lo que se podría sacar una simple conclusión, que consigno a modo de pregunta: ¿podría ser que lo que en realidad sucede es que nos faltan pensadores, o que los medios de comunicación masiva hayan estandarizado (por lo bajo) cada vez a más personas?
No sabría decirlo. Pero una tesis que abona a la respuesta es un aspecto inherente a la posmodernidad en que nos encontramos: la pérdida de credibilidad de los meta relatos y el estallido de un sinfín de microrrelatos que vendrían a sustituir a los primeros.
Microrrelatos constituidos por efímeras e incluso absurdas historias, ideales para ser presentadas en viñetas y TikToks (pues ahora las caricaturas se hacen también en video). Memes que satisfacen mucho mejor la curiosidad y el afán de las gentes por saber qué está pasando, quién es quién, cómo son los políticos, etc., que sesudas (y arduas) reflexiones consignadas en papel.
Para muestra un botón: el flamante presidente de Chile, José Antonio Kast -como escribe un analista político- a raíz de su elección ha sido tachado de muchas cosas por los medios de comunicación del mundo, tanto que «la Wikipedia en alemán, por ejemplo, resumió esos rótulos mediáticos como «ultraconservador», «populista de derecha», «conservador de derecha», «extremista de derecha», «neofascista» y «contrarrevolucionario derechista». Dado que algunas de esas categorías son incluso contradictorias entre sí, ¿cuál es la mejor forma de entenderlo?»
Está claro que, para comprender a cualquier personaje real o ficticio, es necesario mirar más allá de las etiquetas prefabricadas (caricaturas) y examinar su trayectoria, su discurso y, sobre todo, el contexto político y geopolítico en el que se encuentra… pero todo eso, simplemente, no cabe ni en un meme, ni en un video de TikTok.
En conclusión, si bien no hay nada tan humano como el humor, la sátira, la hipérbole y la ironía para crear opinión, del mismo modo pocas cosas son tan insensatas, como confiar solo a estos rasgos la tarea de presentar la realidad y dejar de lado a la inteligencia y a la razón.
Ingeniero
@carlosmayorare
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