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Nuevamente, la depresión

Si conocemos a alguien que atraviesa un momento difícil y padece depresión, a veces basta con tomar el teléfono y llamarle. Algo tan simple como escuchar su voz y dejar que escuche la nuestra, preguntarle cómo se encuentra, demostrarle que nos importa. En un mundo tan hostil, saber que alguien se interesa por tu bienestar puede marcar la diferencia.

Si la vida fuera color de rosa, uno de los malos hábitos que nos han perseguido a lo largo de los años —como la depresión— sería tan fácil de dejar atrás como arrancar una hoja del viejo calendario y volver al 2026 cargados de ánimos, esperanzas y fe, sin miedos que no entendemos y que, en ocasiones, ni nosotros mismos logramos comprender.

Salir por la mañana a encarar un nuevo día debería ser un reto cotidiano, una lucha diaria. Sin embargo, el enemigo llamado depresión se oculta. A veces creo que la depresión funcional es la más dura de cargar, porque nadie imagina lo que se siente. En la mayoría de los casos no se puede explicar, porque no se sabe describir aquello que no se entiende del todo.

La depresión no nos espera para darnos el abrazo de un año nuevo; al contrario, se agazapa para clavarnos una daga en la espalda. Diciembre se romantiza con la Navidad, la felicidad, los recuerdos y los tiempos pasados. Muchos, de manera inocente, se aferran a la ilusión del “año nuevo, vida nueva”. Y así transcurre la depresión: una enfermedad que mata, que arrincona, que despedaza a una familia.

Muchas de las voces que hoy seguimos escuchando nacieron de una lucha interna constante. Ian Curtis, Kurt Cobain, Nick Drake, Chris Cornell, Layne Staley no escribieron desde la oscuridad por elección, sino porque allí aprendieron a sobrevivir día a día. La depresión no es falta de voluntad, ni un rasgo artístico, ni una pose. Es una enfermedad silenciosa que desgasta incluso a quienes parecen tenerlo todo. Su historia no debe repetirse, pero sí enseñarnos a mirar con más empatía.

Hoy es un buen momento para recordar que nadie tiene que cargar solo con lo que pesa. La ayuda existe, el acompañamiento importa y hablar puede cambiar el rumbo, pero también el silencio debe respetarse. Sentirse mal no te hace débil; buscar apoyo te hace humano.

La manera más eficaz de prevenir la conducta suicida es la detección precoz de la depresión, instaurando un tratamiento adecuado, valorando el potencial suicida del paciente y, si este es elevado, tomando medidas de contención como la internación psiquiátrica o domiciliaria. Las depresiones constituyen la categoría diagnóstica más frecuente entre las personas que se suicidan. Aproximadamente el 15 % de los pacientes terminará consumando el suicidio. La incidencia más alta se presenta en el trastorno depresivo mayor y en la fase depresiva del trastorno bipolar.

No hablamos de cifras bajas. Quizá el 13 de enero debería ser una fecha para recordar, reflexionar y practicar la empatía hacia todas aquellas personas que atraviesan momentos difíciles. Preferimos las celebraciones infinitas y damos poca importancia a la salud mental.

Veamos ejemplos claros: ¿cómo puede estar la salud mental de una población con el nivel de caos vehicular y los problemas de transporte que tenemos, sumado a dedicar hasta cuatro horas al día para trasladarnos de casa al trabajo? Casi nadie se preocupa por conocer el clima laboral de los distintos espacios de trabajo, ni los niveles de convivencia en las comunidades, especialmente en los municipios más densamente poblados.

Este año se cumplen 25 años del terremoto y, para mí, representan 25 años desde que descubrí la necesidad de una política de salud mental que sea funcional, aplicada y medible, para ser verdaderamente “el país de la sonrisa”. Preferimos reírnos no porque seamos seres realizados, sino porque llorar duele más.

¿Cómo estará la salud mental de las miles de familias cuya vida cambió radicalmente durante la pandemia por COVID-19 y que posiblemente aún no cierran el ciclo del duelo por la muerte de un ser querido? Así camina la vida de quien acaba de recibir un tiro de gracia emocional: entrando a un mundo llamado depresión, del cual no es nada fácil salir.

El año pasado hubo muchos casos de suicidios de personas aparentemente sanas que, ante deudas o un futuro incierto, optaron por quitarse la vida. Hay mucho que debemos observar, descubrir e imaginar sobre cómo era la vida antes y cómo es ahora.

Si conocemos a alguien que atraviesa un momento difícil y padece depresión, a veces basta con tomar el teléfono y llamarle. Algo tan simple como escuchar su voz y dejar que escuche la nuestra, preguntarle cómo se encuentra, demostrarle que nos importa. En un mundo tan hostil, saber que alguien se interesa por tu bienestar puede marcar la diferencia.

Famosos y personas con problemas económicos resueltos también han sido víctimas de la depresión. Son decenas de ejemplos de personas que, ante una situación de desesperanza, optaron por el suicidio.

Que este 2026 colaboremos y seamos empáticos para ayudar a controlar y disminuir esta crisis, esta epidemia no dimensionada llamada depresión.

Mi padre solía decir:

“Si estás en el trópico, no puedes hacer otra cosa más que ser feliz” (If you are in the tropics, you cannot help but be happy).

Médico.

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