El proceso parece manejado por hilos, pero esto no es ciento por ciento seguro porque otras fuerzas pueden hacer que estos hilos se rompan
El proceso parece manejado por hilos, pero esto no es ciento por ciento seguro porque otras fuerzas pueden hacer que estos hilos se rompan
Primero Maduro y su esposa son capturados y su seguridad cubana anaquilada de un tajo. Los cabecillas del régimen que quedan se ocultan y la vicepresidenta Delcy Rodríguez asume la primera magistratura, por un lado negociando con Estados Unidos, y por otro, reclamando por la extracción de Maduro hacia una prisión en Nueva York. En la audiencia, Maduro jura «por Dios» que lo verán salir en libertad.
El presidente Trump declara que asume el control de Venezuela y su producción de petróleo y reúne en torno de él a los productores petroleros.
El oscuro Diosdado Cabello aparece lanzando diatribas contra Estados Unidos por la captura de Maduro y luego desaparece, pero sale a la luz el jefe del ejército, Vladimir Padrino, pidiendo calma a las filas castrenses.
El jefe de la Asamblea Legislativa sale a anunciar la liberación de los reos políticos, pero sólo salen unos cuantos.
En resumen, Estados Unidos expone el control que tiene sobre Venezuela después del 3 de enero frente a un chavismo debilitado que cumple con renuencia las órdenes del «imperialismo».
Muchos se preguntarán por qué Estados Unidos no invadió Venezuela y mantuvo tropas en el territorio, como en 1989 lo hizo con Panamá tras capturar a Noriega, pero a todas luces la administración Trump ha querido hacer una operación limpia, incluyendo cero bajas para sus tropas. Es decir, asume el control de las decisiones de lo que suceda en Venezuela les guste o no les guste a los chavistas, aunque brinquen o pataleen, pues de lo contrario se exponen a otro bombardeo quirúrgico como el que le costó el poder a Maduro.
«El monstruo sigue vivo»
El problema es que «la bestia sigue viva», la fiera está herida. Por ahora pueden ceder hasta cierto punto mientras se reponen, pero después quién sabe qué pueden hacer. Cabecillas cubanos y venezolanos se resisten a aceptar que su narcodictadura se vengan abajo y deje de proveerles lo necesario para seguir subsistiendo a costa del hambre y penurias del pueblo venezolano.
Lo propio hubiera sido descabezar al monstruo de una vez y elevar al poder a María Corina Machado y Edmundo González, pero no tienen la fuerza suficiente para enfrentar tres décadas de cáncer chavista y podrían ser derrocados de inmediato. Ambos son unos corderos frente a los lobos enquistados en el régimen y el ejército que asumen poses de izquierda socialista para encubrir sus crímenes y corrupción.
Asumir el control militar de Venezuela repetiría experiencias de otro países (Corea, Vietnam, Irak, Afganistán), donde se han formado guerrillas con el apoyo de Rusia o China para causarle bajas a las tropas estadounidenses, lo cual es corrosivo para la sociedad y la opinión pública de EE.UU.
De tal manera que el proceso parece manejado por hilos, pero esto no es ciento por ciento seguro porque otras fuerzas externas pueden hacer que estos hilos se rompan.
Los pactos y ataduras que tienen estos círculos de poder pueden llegar a ser mortales. De ahí que al parecer, por lo mismo, las tropas de Estados Unidos hayan tenido que aniquilar a al menos 32 agentes de inteligencia cubanos que formaban la «seguridad» de Maduro, aunque no se descarta que tenían la misión de evitar que el dictador se saliera del huacal. Sólo así se explica que los hayan eliminado antes de que pudieran hacer algo contra Maduro al estar a punto de caer en manos de los estadounidenses.
Igual esa atadura impide que los cabecillas, comenzando por Rodríguez, Padrino o Cabello, puedan romper con el chavismo y sus nexos oscuros, incluyendo con rusos, chinos, iraníes y los otros miembros de la Cofradía de Terror.
Sea como sea, tendrá que haber intervenciones más directas para acabar con los círculos de poder que no dejarán pasar la menor oportunidad para hacerse con el poder total con ayuda de potencias de ultramar.
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